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domingo, 2 de octubre de 2016

Ramos Allup y las comadres por @goyosalazar


Por Gregorio Salazar


Se molestan muchísimo las cuatro rectoras del CNE cuando la flamígera lengua de Ramos Allup las tilda de comadres. Reniegan de la acepción que remite el sustantivo a prácticas de celestinaje y, por el contrario, casi que nos emplazan a agradecerles que para los tres días de activación del referéndum revocatorio no hayan incluido el suero de la verdad, un Perfil 20, fe de bautismo y boleta de promoción de sexto grado.

No hay que ponerse así. Tampoco fue que las llamaron comadrejas. Pero también es verdad que han podido escoger otro rol, otra función más útil, urgente y necesaria que también va con el título de comadre, y es la de parteras, que son esas mujeres, según el DRAE, que “sin estudios asiste a la parturienta”. Hubiese sido muy honroso para ese ente electoral, del que tanto se ha fanfarroneado como “el mejor del mundo”, ayudar al parto natural de la nueva era y los nuevos rumbos que tanto ansía y demanda la sociedad venezolana.

Pero no, prefirieron sumarse a la escalada aniquiladora de la Constitución en la que anda la cúpula gubernamental, para la cual evidentemente esa hija primogénita de la revolución ha devenido en un libelo contrarrevolucionario, apátrida, fundamento principalísimo de la sedición y la subversión y aliada de los yanquis.


Hablando de los yanquis, no puede ser que cada vez que estemos ante un representante del imperio nos debatamos entre la desmesura de la sonrisa pepsodent del diputado Jaua y el rostro de muchacho regañado que puso Nicolás en Cartagena. Busquemos, por favor, un punto medio, a ver si así llegamos por fin a las relaciones de mutuo respeto y cooperación de las que se hacen lenguas los voceros diplomáticos (es un decir) criollos tras los encuentros ocasionales con personeros gringos.

Pero hablábamos de la pertinencia del epíteto de comadres que le encajó Ramos Allup, vilipendiador consumado a decir de la cancillera Delcy, a las señoras rectoras y en esto hay que convenir que si algo ha quedado claro es el compadrazgo estrecho, fraterno y colaboracionista con el poder central, pues de otra forma no se explicaría la tenacidad con la que roen cuanta normativa electoral se pone delante de sus dientes menudos.

Son las cuatro rectoras con su conducta discriminadora, no solamente vulneradora de la legalidad, sino también del sentido común y del deber ser, de ojos cerrados a la profunda crisis que padecemos los venezolanos, las grandes facilitadoras de ese estado de confort del cual se ufanan los altos voceros del gobierno cuando afirman que “este año, ni el otro ni más nunca” habrá referéndum revocatorio. Con ellas atrincheradas en sus cuatro taburetes del CNE, el gobierno se siente cómodo, seguro, blindado frente a lo que ya es el consenso mayoritario del pueblo venezolano de sacarlos del poder democráticamente como primer paso para la resolución de esta debacle.

Habría que tener vocación de carcelero para darle tantas vueltas de llave a los candados con los que se quiere condenar la mayoritaria voluntad popular de cambio a perpetuo encierro. Se han esmerado en restringir lo operativo, retrasar lapsos a capricho, regionalizar el 20 %, minimizar los horarios, convirtiendo cada lapso, cada requisito o decisión referida en trancas, cerraduras, pasadores y cerrojos con los se pretenden condenar la soberanía popular a un encierro.

Este gobierno no quiere saber de constitución, libertades ni derechos. Esa es una decisión tomada que dejan traslucir impúdicamente en el decir y el hacer. De manera que, finalmente, estamos frente a frente, ellos los que se han deslegitimado en el poder y nosotros los ciudadanos que los padecemos. Es la fuerza soberana de un pueblo la que puede hacer saltar los cerrojos que ponen el gobierno y el CNE cómplice. Estamos convocados por la Unidad a movilizarnos y a participar. Si queremos moverle el piso a quienes se creen dueños exclusivos de Venezuela, la calle nos espera. No hay otra.

02-10-16