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lunes, 20 de noviembre de 2017

¿Resistirá la democracia? Por @garciasim


Por Simón García


Una característica de la democracia, al contrario de las dictaduras, es que carece de mecanismos de fuerza para defenderse. Su existencia está determinada por la vigencia de las normas constitucionales y su funcionamiento implica el acatamiento por quienes ejercen poder y la subordinación a ella de la fuerza armada.

La democracia venezolana en una realidad cercada y rodeada de obstáculos. Una cúpula la administra en dosis exiguas para tranquilizar a la opinión y los gobiernos del mundo. En función de asegurar su perpetuación el poder buscará aplicarle a los partidos, a las elecciones y al voto condiciones injustas. Si pudiera, acabaría con todo.

Los partidos PJ, AD y VP decidieron no participar en las elecciones de Alcaldes por la pervivencia de esas condiciones injustas, pero desestiman su obligación de defender a la democracia.

La decisión del trio locomotor de la MUD tiene aspectos cuestionables. Sin asumirlo, es una concesión a la opción abstencionista que los coloca al borde de un suicida abandono de la vía electoral. Pero no hay estrategia sustituta ni plan para impedir que el vacío se traduzca en una nueva victoria de Maduro. Tal vez por ello, numerosos militantes han decidido votar para no entregar al gobierno Alcaldías que hoy están fuera del mapa rojo.

El mayor riesgo de ausentarse de la batalla electoral por las instituciones que permiten el mayor protagonismo de los ciudadanos es que debilite la defensa de unos valores y una cultura que no son esenciales a la democracia. Renunciar al voto en un régimen de vocación totalitaria deja a la sociedad sin una de las formas de expresar su rechazo al régimen y sin una de las herramientas para construir contenciones institucionales a la voracidad del Estado autoritario para controlar toda la sociedad y asfixiar la democracia.


El resultado práctico de este abandono será entregarle a Maduro casi todas las Alcaldías del país. Se salvarán aquellas en las que la sociedad civil, sus organizaciones y los vecinos asuman la defensa de su poder local.

Estamos en el puesto de partida que va a fortalecer el plan de perpetuación del régimen. Es innecesario señalar los efectos catastróficos que se producirán sobre las expectativas de cambio y el incremento de la desconfianza hacia líderes y partidos de oposición. La tentación de ofrecerle las tripas al poder será difícil de eludir.

Una involución autodestructiva de la oposición se puede corregir si dirigentes y partidos le hablan con la verdad al país, inician una nueva relación con la sociedad y se ocupan de mejorar sus capacidades alternativas. Pese a la legitimidad de los intereses propios de cada partido, habrá que pasar a una fase de selección de objetivos y acciones comunes transitorias sin que necesariamente implique una absoluta identidad. A fin de cuentas la pluralidad está hecha de diferencias.

La acción más urgente para recomponer la efectividad de la oposición es darle un perfil programático y las bases para llevarlo a cabo en un gobierno de Unidad nacional.

Si las rectificaciones no ocurren, lo probable es que la democracia termine de sucumbir.

19-11-17




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