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domingo, 20 de septiembre de 2020

Andrea Rondón: “La supresión de la propiedad privada también es un crimen de lesa humanidad” por @prodavinci

 Por Hugo Prieto

Desde una perspectiva liberal, nos falta mucho por recorrer y los desafíos son enormes. Andrea Rondón* traza un recorrido por el proceso político que convirtió a Venezuela en el país más pobre de Suramérica. Los gérmenes de la destrucción de la democracia venezolana, de sus instituciones y de la propiedad privada germinaban con anterioridad al ascenso al poder de Hugo Chávez. La nacionalización del petróleo marca un punto de inflexión en las relaciones entre el Estado y el sector privado. Un claro desequilibrio y una funesta concentración del poder. Paradójicamente, el juicio al expresidente Carlos Andrés Pérez vino a dar el puntillazo. Hubo voces de alerta que dieron la campanada, pero lamentablemente no pudieron impedir lo que parecía una realidad inevitable. 

La democracia, el libre mercado, el liberalismo como expresión política y forma de gobierno son conceptos que parecen no tener eco en la sociedad venezolana. Puede haber muchas razones. ¿Qué reflexión harías alrededor de este planteamiento?


En lo que hemos vivido durante estos 20 años, hubo condiciones previas que corresponden al período democrático en Venezuela. Un proceso político precario, en el que no se tuvo como objetivo formar ciudadanos conscientes de que así como tenemos derechos, también tenemos deberes. El libre mercado, por ejemplo, no se trata exclusivamente de un tema económico. Al fin y al cabo es una de las mayores expresiones de libertad. En consecuencia, no es algo que atañe solamente al empresario o al que tiene una propiedad o un bien, nos atañe a cada uno de nosotros, en la medida en que nacemos libres y aspiramos a ser libres. Tenemos que recordar, por ejemplo, que al día siguiente de que se promulga la Constitución de 1961 se suspenden los derechos y las garantías económicas. Eso nos dice mucho del escaso talante democrático que pudo haber habido para la época. Incluso cuando no se respeta la propiedad, que no solamente te permite llevar a cabo tu proyecto de vida, sino que es una institución fundamental del estado de derecho. 

Para los venezolanos en general, la propiedad privada se reduce a la vivienda, los enseres del hogar y el carro. Simplemente, la propiedad es un bien de consumo del cual se puede disponer. Por esa vía, en caso de profundizar, ¿a dónde llegamos?

Estás tocando dos puntos medulares. Uno, el caldo de cultivo previo que generó las condiciones para que llegara Chávez. Y la pregunta que a veces me hago, vamos a ser honestos, es ¿cómo no llegó antes? Está la idea que restringe la propiedad a los bienes de consumo, pero ¿qué hemos visto en las nuevas generaciones, cuyo aprendizaje ha sido en carne propia y desde el dolor? Que nuestra primera propiedad es, precisamente, nuestro cuerpo y nuestras ideas. En consecuencia, cuando atacan a la propiedad, todos somos susceptibles, todos somos vulnerables a esos ataques. Esa conciencia es la que tratamos de difundir desde hace 35 años desde Cedice Libertad. No es nada nuevo. Hay autores que lo vienen haciendo desde finales del siglo pasado, pero, lamentablemente, por la ausencia de formación ciudadana, somos presa fácil del discurso populista de los políticos que restringen la propiedad a los bienes de consumo. Como atributo de la propiedad tienes la posibilidad de disponer de lo que posees o tienes de la mejor forma y como lo desees. Pero hay un límite: los derechos y libertades del otro. Eso es importante y, lamentablemente, nunca se ha exteriorizado. Cuando atacan al liberalismo y nos señalan como extremadamente individualistas, es cierto. Pero individualistas que formamos parte de una sociedad y de un país y, dentro de esa misma conciencia, llevas a cabo tu proyecto de vida sin dañar, sin perjudicar el proyecto de vida del otro. Esta conciencia, de la que estoy hablando, no la teníamos antes de que el señor Hugo Chávez llegara al poder. 

No sabría decir si la principal víctima del chavismo ha sido la propiedad privada. Quizás fue así hasta 2013. El miércoles pasado, por ejemplo, se conoció el informe de Naciones Unidas que señala al señor Maduro y a los mandos de su gobierno como autores de crímenes de la humanidad. Víctimas hay de toda índole.

Absolutamente. El año pasado publiqué el libro La supresión de la propiedad privada como crimen de lesa humanidad (en coautoría con Ricardo M. Rojas). Por supuesto, crímenes de lesa humanidad son asesinatos, desapariciones forzosas, torturas y tratos crueles, que los ha habido, a lo largo de estos 21 años, no de forma continua, pero sí en momentos determinados. Sostenemos que, de manera indirecta y con efectos de mediano y largo plazo, la violación a la propiedad privada conlleva, igualmente, a crímenes de lesa humanidad. ¿Por qué? Porque al eliminar las condiciones para que puedas sobrevivir, alimentarte o cuidar tu salud, tienes efectos similares a actos violentos que pudieran aniquilarte como persona. Sólo que se ralentizan. Pero ciertamente hay una relación de causa efecto entre la crisis humanitaria compleja (2017) y las medidas económicas que se tomaron a partir de 2003 —control de cambio, control de precios; ataques a la propiedad de la tierra, fuente primaria de la actividad agropecuaria; posteriormente atacaron a las empresas que son clave en la producción, distribución y comercialización de alimentos, así como las empresas farmacéuticas—. Cuando afectas las cadenas de producción y violas la propiedad privada juegas un papel preponderante que te lleva a la crisis humanitaria que actualmente estamos viviendo. 

Cedice patrocinó la reciente edición del libro Franklin Brito Anatomía de la Dignidad. ¿Cómo encaja la figura de Brito en la tragedia creada por el chavismo?

Franklin Brito muere el 30 de agosto de 2010. Sin duda, un año álgido. La muerte de Brito marca un antes y un después. En esta dictadura, que empezó hace 21 años, con la Constitución del 99, podemos identificar hitos en la violación de derechos y libertades individuales, en la destrucción de instituciones fundamentales para proteger y garantizar la vigencia de esos derechos. Dentro de esos hitos está Franklin Brito. Él fue víctima de un expolio, no de una expropiación —expolio es un despojo violento de la propiedad privada—. Su hacienda no tendría más de 300 hectáreas, fue objeto de la Ley de Tierras, uno de los primeros instrumentos «legales» que entra en vigencia a partir de 2005, justamente, para atacar a la propiedad privada. Las leyes más agresivas, las primeras que escuchamos y de las cuales fuimos testigos, fueron las reformas a la Ley de Tierras que —entre otras cosas— permitieron las cartas agrarias que afectaron la propiedad de tierras supuestamente ociosas o improductivas. Se utilizaron criterios ambiguos, arbitrarios. Uno de ellos exigía demostrar la propiedad mediante una cadena titulativa, anterior, desde los años 1800, una prueba diabólica, imposible de cumplir. No bastaba con mostrar un documento debidamente protocolizado. Se manipuló nuestro ordenamiento jurídico. Por eso es tan importante Franklin Brito. Es el perfecto ejemplo del avance de una política pensada, dolosa e intencional, por parte de los distintos poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo, Judicial).

El economista Luis Zambrano Sequín sostiene que, a raíz de la nacionalización del petróleo, se inició un nuevo tipo de relaciones entre el Estado y el sector privado que podríamos denominar «no sanctas». ¿Qué opinión tienes alrededor de este punto?

Entonces somos, afortunadamente, varios los profesores que desde la UCAB pensamos y divulgamos esas ideas. El profesor José Valentín González (Escuela de Derecho) sostiene una opinión similar y lo ha dicho. Vuelvo al principio de la entrevista: aquí hubo condiciones previas para que llegara Chávez. Ciertamente, la nacionalización del petróleo fue uno de los golpes más importantes contra la democracia. Tú necesitas instituciones sólidas, instituciones que limiten el poder del Estado en una democracia. ¿Pero con la nacionalización del petróleo qué es lo que logras? Identidad entre el poder económico y el poder político en un mismo ente: el Estado. Lo que estás facilitando es la concentración del poder. Y eso es nefasto. Entonces, busquemos los pesos y contrapesos naturales frente a esa concentración del poder. Se supone que un contrapeso natural del Estado es el sector privado. El problema es que en los años 70 —y Carlos Rangel lo dijo en el auditorio de la Cámara de Comercio de Caracas, en un discurso que además está documentado—: «Nosotros no tuvimos verdaderos empresarios, porque esos empresarios crecieron y se fortalecieron bajo el amparo de ese Estado petrolero, de ese Estado paternalista», y no son realmente empresarios, en el sentido de creer en el libre mercado, de creer en la libre competencia, sino más bien buscaron privilegios —créditos blandos, barreras arancelarias— para garantizar sus espacios.   

                                                  Andrea Rondón retratada por Evelyn Crende | RMTF

Al escucharte me pregunto: ¿estos señores que quisieron actuar como empresarios no se dieron un tiro en el pie? 

Absolutamente, pero también ha habido excepciones en lo que está pasando. Pero como sociedad nos tenemos que revisar, porque tenemos una responsabilidad al haber permitido que lleguemos al punto donde nos encontramos. Alrededor hay hitos previos. ¿Mencionas la nacionalización del petróleo? Totalmente de acuerdo. También se menciona el juicio contra el expresidente Carlos Andrés Pérez y en el que lamentablemente participaron muchos intelectuales —el grupo de los notables—, un episodio que está documentado en el libro La rebelión de los náufragos de Mirtha Rivero, en cuyas páginas queda en evidencia algo que ya he mencionado: la importancia de los pesos y contrapesos para contrarrestar la concentración de poder —en este caso del Poder Judicial— que en esa ocasión tampoco funcionaron. Eso es algo que tenemos que atender: el valor de las instituciones. Su autonomía, su independencia. Que definitivamente el poder económico esté deslindado del poder político. Eso no lo tiene que saber un abogado únicamente, sino todo ciudadano. 

Te preguntas ¿por qué Chávez no había llegado antes? ¿Tienes alguna hipótesis?

Cuando hablo de pesos y contrapesos también estoy hablando de sociedad civil organizada. La regla puede ser lo que hemos venido hablando, pero también ha habido individualidades y excepciones, uno de ellos, insisto, es Carlos Rangel. También hubo empresarios que creyeron en el libre mercado, en las instituciones, organizaciones de Derechos Humanos que hicieron un trabajo de contraloría cívica, instituciones que han contribuido a difundir ideas que pudieron generar un cambio o al menos dudas en algunas personas. En su libro, Mirtha Rivero también habla de ciudadanos, de individualidades, que no pudieron frenar lo que parecía o era inevitable. Los venezolanos teníamos esa cultura «liberticida» —homicida de la libertad— y a la vez estatista. 

Carlota Pérez, una de las economistas venezolanas más influyentes, dijo que en «América Latina la izquierda se suicidó apoyando al chavismo y suponiendo que la redistribución era la solución; la derecha se suicidó enamorándose del libre mercado y creyendo que su enriquecimiento era perdurable». ¿Hay un dogma del libre mercado? ¿Tenemos que creer en él?

A mí no me gusta expresarme en términos de izquierda o derecha. Yo creo que son términos del pasado, que inducen a error en cuanto a lo que se desea comunicar o transmitir. Yo hablo de liberalismo y totalitarismo. En esos extremos me defino. Utilizo esos baremos para evaluar una determinada situación o circunstancia. Yo no considero que exista una izquierda buena, porque pareciera que hay algo de eso detrás de esa afirmación: que la izquierda se suicidó al apoyar a Chávez. No creo, por ejemplo, que Allende sea la representación de una izquierda buena, porque fueron tres años que llevaron a una situación de violencia y de hambre a un país como Chile. Y por el otro lado, cuando se habla de libre mercado y se lo presenta como dogma, tal vez se piense equivocadamente en lo que nosotros, los liberales, entendemos por libre mercado. Hablamos de libre albedrío. De decisiones individuales de cada uno de nosotros. El ser humano nace con fines y propósitos, se fija un proyecto de vida y elige la forma y los medios en que va a llevar a cabo ese proyecto de vida. Y en ese hacer, necesita de otros. Principio de la división del trabajo, porque dentro de las bellezas del ser humano están las diferencias, la diversidad. Y eso nos permite que cada uno aporte lo que mejor pueda según sus capacidades y virtudes. Una vez más, principio de división del trabajo. Hay un intercambio voluntario en ello. Como dice Adam Smith: «el carnicero no te vende la carne porque le caigas bien sino porque hay un interés del carnicero y del cliente, en venderte y en adquirir el producto». En ese intercambio ambos salen beneficiados. El libre mercado es un intercambio espontáneo de voluntades para que cada quien alcance sus fines y propósitos. ¿El libre mercado es perfecto? No. Al fin y al cabo estoy hablando de seres humanos tomando decisiones. Es ensayo y error y cuando falla se hacen los ajustes, pero ahí no puede intervenir el Estado. 

A estas alturas de la catástrofe del chavismo ya deberíamos haber aprendido una lección. Sin embargo, hay sectores de la sociedad venezolana que creen que radicalizando la autodenominada revolución bolivariana se puedan resolver los problemas del país. ¿Qué piensas alrededor de este punto?

Creo que cada vez son menos los venezolanos que creen en este proyecto, del cual prácticamente no queda nada. Ya los controles no los vemos. La dolarización de facto ya tocó a las puertas. Si tomamos en cuenta los índices de violación a la propiedad privada veremos que los ataques han disminuido y se concentran en lo poco activo que queda en el país. Al mismo tiempo creo que al vivir en carne propia esta situación se ha formado un sistema inmunológico en las nuevas generaciones que son mucho más abiertas a leer a autores (Adam Smith, Friedrich von Hayek, Ludwing von Mises, entre otros), que hasta hace muy poco eran satanizados o defenestrados en las universidades venezolanas. Hoy en día, hablar de estos autores es algo prácticamente natural. No han podido destruir las bases del país y por eso tenemos esperanza. Cada vez hay más personas que aspiran a ser ciudadanos en un sentido amplio e integral. Eso no quita que tengamos pendiente un trabajo muy difícil.

Hay varias propuestas alrededor del cambio político. De lo que sería una transición. ¿Lo ves posible? ¿Qué elementos políticos, económicos, deberían ser parte de esa transición?

No lo veo en este momento, y tal vez tampoco en el mediano plazo. Digamos, una transición hacia lo que nosotros deseamos. Empezar a reconstruir el país, siendo conscientes del valor de la democracia, de consolidar y sostener instituciones para que sean efectivos pesos y contrapesos, rescatar el estado de derecho que actualmente no existe. No veo que estemos cerca de esa transición, al menos, con las opciones políticas que existen actualmente. No lo creo, no lo veo. Y viendo un poco más allá, diría que las elecciones que se han convocado no van a ayudar a ese propósito. Van a tener, exactamente, un efecto contrario.  

*Abogada, doctora en Derecho (UCV), profesora de la UCAB y miembro del Comité Académico de Cedice Libertad.

20-09-20

https://prodavinci.com/andrea-rondon-la-supresion-de-la-propiedad-privada-tambien-es-un-crimen-de-lesa-humanidad/

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