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miércoles, 12 de octubre de 2016

Nuestro período especial, por @lmesculpi



Luis Manuel Esculpí 11 de octubre de 2016

Cae la tarde del domingo, transito por la avenida Urdaneta, en la isla antes de llegar a la plaza Candelaria observo a un anciano con dos aros de plásticos, comúnmente usados para hacer gimnasia rítmica. El cambio de la luz del semáforo me impide ver su ejecución.

Casualmente el día siguiente en las redes sociales leo un reportaje titulado: ” Abuelitos se rebuscan vendiendo en las avenidas caraqueñas”. El primer entrevistado homónimo del secretario ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba señala que lo que percibe con su pensión, no le da para adquirir alimentos y medicinas, por lo que recolectó artículos que no utiliza y los vende con ayuda de su esposa en la avenida Fuerzas Armadas.

En las esquinas de Caracas últimamente proliferan los malabaristas, muchos con sorprendentes habilidades y destrezas. Quienes no las poseen portan un limpia vidrios y envase con agua enjabonada, disponible siempre para aplicarse en los parabrisas de los vehículos.

A nivel de la clase media -sector también muy golpeado por la crisis- se han multiplicado las llamadas ventas de garaje, recopilando igual que el señor que vende en la esquina de una avenida materiales que ya no usa, la diferencia es que la ofertan en espacios residenciales.

Un amigo profesor universitario recientemente comentó que tuvo que abrir tres nuevos agujeros a su cinturón, y esa labor que antes realizaban por cortesía, ahora cuesta cien bolívares la apertura del trío.

Breves relatos que podrían integrar un extenso repertorio, seguramente cada uno de los amigos lectores posee disímiles anécdotas que reflejan nuestra dramática realidad.

Si añadimos lo que está ocurriendo con las embarazadas, los neonatos en los hospitales y con los niños en general, podremos concluir en la necesidad de la atención prioritaria que junto a los ancianos, requieren esos sectores que son los más vulnerables de la sociedad.

La cúpula gobernante predica un falso nacionalismo, mientras mantiene una conducta obsecuente con el régimen de los Castro, más que permitido ha facilitado la presencia de agentes cubanos en áreas estratégicas tales como: registros y notarías, puertos y aeropuertos, el servicio de identificación e inmigración (SAIME), los cuerpos de seguridad del estado y según denuncias de oficiales en situación de retiro, hasta en las propias Fuerzas Armadas Nacionales.

Durante los años noventa después de la caída de la Unión Soviética, Cuba vivió un periodo de una aguda crisis económica, que impuso severas restricciones a las ya existentes, como consecuencia del fracaso de un modelo, aumentaron el racionamiento, los apagones y las penurias que sufrían los cubanos.

Los venezolanos tenemos que ingeniarnos para redondear los escasos ingresos que a diario se consume la inflación, igual para adquirir alimentos y medicinas. Inventamos, traspasamos y reciclamos autopartes y repuestos para electrodomésticos.

Estamos viviendo nuestro propio periodo especial, lo afirmamos sin exagerar, consecuencia de la irresponsabilidad al insistir en imponer un modelo fracasado.

Confieso que no creía podíamos llegar a una situación como la que vivimos, pensaba que las alertas tempranas que surgieron eran meras elucubraciones, que un país como el nuestro no conocería las estrecheces, carencias y empobrecimiento general que ahora sufrimos. Sin duda me equivoqué.

Insistimos, superar la situación actual pasa necesariamente por el cambio político, este fin de mes puede ser un punto de inflexión en ese rumbo, se anuncia una formidable movilización de tres días que puede marcar un hito y desbrozar la ruta para alcanzar la urgente y necesaria transformación que posibilite el tránsito hacia un país de progreso en paz.

Luis Manuel Esculpi