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martes, 31 de mayo de 2016

Oliver por @tulioramirezc


Por Tulio Ramírez


Hoy pensaba escribir sobre otra cosa. En esta Venezuela revolucionaria, hay más temas que arroz. Contamos con un gobierno que hace que sea imposible que el síndrome de la página en blanco afecte hasta a un columnista como el que esto escribe. Y dejo constancia que me cuesta una y parte de la otra inventarme el tema para el artículo que he de mandar al periódico cada quince días.

Muchas veces me ha pasado que llegado el día 14, no tengo ni la más remota idea sobre qué cosa escribir. Pero cuando ya estoy a punto de resignarme y ceder mi espacio a algunos de esos columnistas espontáneos o cazadores de güire, ¡zúas!, el gobierno mete la pata por algún lado y me salva el día. Al final, Habemus Artículusgracias a las torpezas, payasadas, dislates, incongruencias, disparates, incoherencias, abusos, errores y truculencias a los que nos tiene acostumbrado la revolución bonita.


Para esta semana había pensado en tres temas. Uno de ellos tiene que ver con las desnudeces de las rectoras del CNE. Cada declaración que dan esas distinguidas damas, las colocan a un nivel de Cara e’ Tablismo, que a veces he pensado que no puede ser consciente sino producto de algún hechizo hecho desde MiraFlores.

Otro tema nada despreciable, es el constante remedo, en las Cadenas Presidenciales, de aquél programa animado por Amador Bendayán, llamado Sábado Sensacional. Lo único que le falta a Nicolás es el gritico de “yaaaa regresaaamooos” que popularizó el muy querido animador. Ahora las transmisiones presidenciales se utilizan, al igual que lo hacían en el sabatino de marras, para transformar a una humilde mujer en reina de belleza por una tarde, gracias al maquillaje y vestuario prestado por la producción del programa.

Siguiendo el guión de Sábado Sensacional, Nicolás presenta a humildes mujeres del pueblo “para empoderarlas”, repartiéndoles créditos para hacer compotas artesanales de tamarindo, ocumo blanco o de yuca amarga, para lograr de esa manera “la soberanía alimentaria”. Al fondo de ese magazine presidencial siempre se escuchaban consignas políticas, dirigidas por algún militante de esas organizaciones que en el medio llevan el nombre de Bolivariana.

Ese militante “asistente de producción” asoma de vez en cuando su infaltable cartel-chuleta con lo que ha de vocear el público de galería. Me viene a la memoria los cartelitos  de “Aplausos” con el que despertaban al público cada vez que el Pollo Simonatto daba la orden de rigor. Al igual que la joven que hizo realidad su sueño de ser reina de belleza por un día, nuestra humilde mujer se verá “empoderada” por un día, porque muchas veces esos ofrecimientos de créditos son pura paja o se agotan con la producción de las primeras 10 compotas.

El tercer tema, estaba de mango bajito: los ejercicios militares. Díganme ustedes si ese boche era para pelarlo. Cuando vi las imágenes de unos señores en una playa retrocediendo y cayéndose solos, ante un supuesto ataque de los “invasores”, no pude aguantar la risa.  No menos risible fue ver a esos altos oficiales con esas panzas inmensas aguantando la respiración para evitar que se dispararan los botones de la camisa ante la presión de tan prominente circunferencia abdominal.

Otra escena, más patética que risible, fue ver a unos milicianos desnutridos, con palos de escoba en vez de fusiles y entraditos en años, escuchando embelesados a su Comandante en Jefe arengándolos con esa insensatez monumental de catalogarlos como “la fuerza con la cual contamos para repeler cualquier invasión”. Por la expresión de la comisura de los labios, creo que por dentro se los estaba vacilando de lo lindo.

Cuando estaba dispuesto a decidirme por alguno de esos tres flaicitos al pitcher, me entero de la muerte del niño Oliver Sánchez. Para los que no estan enterados, Oliver fue el niño que padeciendo de un Linfoma no Hodgkin, presidió una protesta solicitando al gobierno el abastecimiento de los Hospitales y los medicamentos requeridos para tratar su terrible enfermedad.

En mi memoria tengo su imagen con el tapaboca y un pedazo de papel arrugado que decía “Quiero curarme, Paz y Salud”. En la foto que circula por las redes anunciando la triste noticia, aparece Oliver, el día de esa protesta, con un piquete de la Policía Nacional Bolivariano al lado. Había que resguardar la integridad física del Presidente Maduro ante tan peligroso acto terrorista.

Se fue Oliver, su valentía me conmovió. El sabía que sin sus medicamentos moriría y batalló hasta el final por conseguirlos. Lo que no sabía Oliver, quizás por su corta edad, es que su petitorio no iba a ser escuchado. Que los dólares que hacían falta para salvarle la vida fueron gastados en un ejercicio militar inútil por chambón y carnavalesco, o distribuidos graciosamente entre “las panas del Partido” para que hicieran compotas de ocumo chino, y si al final no las hacen y se cogen los reales, pues no importa, porque son un voto seguro.
Hoy escribo sobre ti, Oliver, y  también sobre todos los Oliver que todavía agonizan a la espera del milagro que todos los venezolanos pedimos y que con luchadores como tú, con toda seguridad lo lograremos: un gobierno decente y humano.

30-05-16




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