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lunes, 30 de mayo de 2016

Revolcatorio, por @OmarBarbozaDip



Omar Barboza Gutiérrez 29 de mayo de 2016

El oficialismo está empeñado en decir que para defender el legado de Chávez es necesario preservar al gobierno de Maduro en el poder, aunque Venezuela y su pueblo sigan caminando hacia el abismo al cual lo conduce la presente gestión del gobierno nacional. Para lograr ese objetivo, hacen uso del control de las instituciones que están al servicio del Ejecutivo para torpedear todas las posibles salidas democráticas orientadas hacia un cambio político por la vía electoral para darle otro rumbo a las políticas públicas que han conducido a los venezolanos a la inseguridad ciudadana, a la escasez, al alto costo de la vida, a la corrupción generalizada, a la pobreza material, y a la angustia permanente.


En resumen, le hacen daño al legado que dicen querer proteger, utilizándolo como excusa para que en nuestro país siga gobernando la corrupción, la incapacidad, y la insensibilidad social de quienes se dicen revolucionarios. Con ese propósito desconocen uno de los derechos del pueblo venezolano, como lo es el del referendo revocatorio para ponerle fin a una gestión de gobierno que la gran mayoría no aprueba, a pesar de que uno de los principales promotores de que ese derecho tuviera rango constitucional fue Chávez, y por tanto, independientemente de las críticas a su gestión general, el establecimiento de este derecho es parte importante de su legado político que hoy se intenta negar utilizando su nombre para ello.

La verdad es que al gobierno de Maduro y a su entorno lo que le interesa no es defender ese legado, sino la preservación del poder como un fin en sí mismo y no como un instrumento de servicio al interés nacional y al pueblo de Venezuela. Ellos han decidido seguir saqueando los recursos del país y distribuirlos entre quienes contribuyen a la imposición de este gobierno utilizando la fuerza y el miedo para intentar neutralizar las protestas crecientes por su mala gestión y sus consecuencias.

Para lograrlo están desarrollando un autogolpe desconociendo la soberanía popular que eligió a la nueva Asamblea Nacional, y violando todas las normas constitucionales que les obligan someter el manejo de las finanzas públicas al control que la Constitución le asigna al Poder Legislativo Nacional, y para ello se hacen aprobar inconstitucional e ilegalmente un Decreto de Estado de Excepción y de Emergencia Económica, que no significa otra cosa que en materia de finanzas públicas tenemos a zamuros cuidando carne; y para frenar las legítimas protestas democráticas, han tomado el camino del miedo al pueblo para que no se exprese, como es su derecho, ante la política hambreadora del gobierno nacional.

El último capítulo de esa estrategia de atemorizar a la gran mayoría descontenta, está representado en el lamentable espectáculo de las maniobras militares, que si no fuera por la tragedia que estamos viviendo darían risa, las cuales realizan para aparentar que se están preparando ante una invasión extranjera, cuando lo que hacen es aplicar la práctica de las viejas dictaduras de amenazar con el uso de las armas al supuesto enemigo interno, que no es otro que el pueblo democrático de Venezuela que en un 80% está diciendo que ya basta de tanto atropello e injusticia por parte de quienes se robaron una inmensa fortuna y ahora quieren mantenerse en el poder por la fuerza.

Al liderazgo de la Unidad Democrática le corresponde en estos momentos una conducta que esté a la altura de su responsabilidad histórica, que consiste en conducir el cambio político en Venezuela que no se debe reducir a la sustitución por la vía democrática del Presidente de la República, sino que debe tener como objetivo final el establecimiento de un nuevo modelo político y económico que garantice el crecimiento económico con justicia social y con plena vigencia de todas las libertades ciudadanas. Hoy más que nunca está vigente la consigna de que lo primero es Venezuela y no la primacía de un partido o la concreción de una aspiración personal por muy legítima que ésta sea.

Esas desviaciones en relación al deber central no pueden sacrificar la coherencia en la conducción política de la alternativa democrática que representa el cambio. En ningún momento debemos dejar de hacer los sacrificios necesarios para evitar que nuestros errores impidan que el pueblo concrete su derecho a un mejor futuro lejos de la actual pesadilla que estamos viviendo.

Si al pueblo se le cierran las salidas democráticas negándole los derechos que la Constitución le reconoce, entonces como un río crecido demostrará que el cambio es inevitable y que si se impide por la fuerza el revocatorio, habrá un revolcatorio para hacer respetar los derechos de todos.

Omar Barboza Gutiérrez

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