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sábado, 27 de mayo de 2017

El (auto) engaño de la Constituyente por @danielfermin


Por Daniel Fermín


El presidente Nicolás Maduro avanza tercamente en el diseño de lo que ha llamado Asamblea Constituyente sin serlo. Lejos de representar una oportunidad para el encuentro y para la resolución de la grave crisis política, económica y social, la “Constituyente” de Maduro promete agudizar el conflicto.

Esta “Constituyente” es la respuesta más reciente del chavismo a una realidad muy concreta: la incomodidad que le genera al régimen la Constitución Bolivariana y el Estado de Derecho. Esto no es nuevo. Ya a Hugo Chávez le había “quedado chiquita” la Carta Magna en su intento por concentrar más poder y ejercerlo de manera ilimitada. Así, propuso una serie de reformas a la “mejor constitución del mundo” en 2007 y fue derrotado por el pueblo. En 2009 pretendió eternizarse, él y solo él, en el poder, y tuvo que reformular el planteamiento ante el revuelo causado por las ansias compartidas de gobernadores, alcaldes y demás funcionarios electos del chavismo, quienes, como el comandante, también querían gobernar para siempre. Luego, Chávez simplemente desoyó la voluntad popular e impulsó, a juro, lo que los ciudadanos rechazaron con su voto en 2007.

Aunque no respeten la Constitución, aunque el ministro de la defensa firme sus misivas con un “¡Chávez Vive… la Patria Sigue! ¡Independencia y Patria Socialista!” que viola flagrantemente su artículo 328, la coyuntura le pide a la dictadura una nueva, que legitime el tránsito al comunismo y acabe con la acusación, dolorosa por cierta, de que no respetan la Ley. Todo esto va en el marco de la autocratización evidente del régimen, producto de la pérdida de competitividad.

La “Constituyente” es, por supuesto, un fraude. No solo ha sido convocada de manera ilegal, recibiendo el beneplácito de la presidenta del CNE en un acto bochornoso que deja la mancha indeleble de la vergüenza en su paso a la historia, sino que las bases comiciales que propone, además de violar la Constitución que, recordamos, sigue vigente, representan un retroceso descomunal. Al corporativizar el voto, Maduro se sirve del instrumento de viejas elites y oligarquías, y continúa su marcha galopante al siglo XIX.


La “Constituyente” no tendrá éxito. El régimen insistirá, tercamente. Se organizará la “elección” donde ya Maduro eligió. “Votarán” muy pocas personas y el CNE de la dictadura pretenderá validar todo aquello. Será en vano. La crisis se incrementará, el conflicto subirá de tono y, lejos de lograr la legitimidad ansiada, el régimen quedará más desnudo que nunca como una casta enfocada en los privilegios y rehén de la acción criminal de sus cabecillas. Actuarán a lo cubano, y el pueblo responderá a lo venezolano.

La “Constituyente” de Maduro es insostenible. Representa un gigantesco engaño y, más aun, un autoengaño evidente para quienes creen, desde el gobierno, que logrará legitimar la militarización de la sociedad, o la legalización del abuso, o el exterminio del contrario. Esta “Constituyente” es una torpeza, la más grande quizás, que acelerará lo inevitable: la salida de un régimen que se ha manchado las manos de sangre combatiendo al pueblo que juró servir.

Publicado en PolítiKa UCAB el 26 de mayo de 2017.

26-05-17