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sábado, 18 de noviembre de 2017

La feria del libro como parque cultural por @marcelinobisbal


Por Marcelino Bisbal


I

El shopping mall del libro

Comencemos afirmando que una feria del libro es, ante todo y muy especialmente, un hecho cultural, un parque temático para la expresión de la cultura en sus más diversas manifestaciones. Porque el libro es un objeto cultural que hace que la cultura renazca para que ella impregne todas las esferas de la vida y muy especialmente la esfera pública.

El libro se ha convertido, desde su primera aparición, en el receptáculo más importante de la cultura y del conocimiento. Nos lo dice muy acertadamente Juergen Boss –director de la Feria del Libro de Fráncfort– cuando nos expresa: “Los libros son contenedores de conocimiento cultural y de patrimonio. En este sentido, en cierta medida son como museos y archivos (…) para las editoriales, esto significa que sus fondos editoriales se convierten en un valioso tesoro; y para los museos, que sus colecciones no tienen que permanecer entre sus paredes, sino que pueden viajar libremente por el mundo”.

Si el libro es conocimiento, una feria para los libros es la manera en que los humanos nos hemos inventado para recrear en un espacio público ese conocimiento. En una feria del libro, el conocimiento, en cuanto acto cultural, está comprimido en un único espacio. Una feria del libro es una especie de eso que los americanos llaman shopping mall, pero de libros y actos en torno a él. Si los shopping mall urbanos se han venido convirtiendo gradualmente en una ciudad en la ciudad, las ferias de libros vendrían a ser una gran y variada librería ocupando un espacio público determinado. Se me ocurre pensar que las ferias de libros son un espacio reimaginado de lo que es una librería, podrían ser un condensado de las múltiples librerías y editoriales. Como dicen los urbanistas y teóricos de los shopping mall al afirmar que los malls contemporáneos son “los espacios protegidos para el encuentro y la socialización, un ámbito de variedad y de novedad”. Eso y no otra cosa es una feria del libro en donde convergen el acto de consumo de un libro, la tertulia sobre ellos, la expresión, el cine y el teatro, el taller literario, las conversaciones y la crítica, el paseo, los deseos, la aventura, la socialización, las imágenes, las exposiciones, el bombardeo sensorial… “Pero hoy no es solo eso. Hoy es un regocijo alrededor de lo que el libro significa, no solo como soporte para la formación intelectual, sino también como diversión, como simple pasatiempo accesible a todos, como la posibilidad de salir de los agobios cotidianos o de inventar las mañas para superarlos”, nos lo expresaba Elías Pino Iturrieta como pregón de la I Feria del Libro del Oeste de Caracas por allá en noviembre de 2016.


II

La razón de una feria

Porque el oeste también existe. La Universidad Católica Andrés Bello está enclavada en el oeste de la ciudad y esa parte de la ciudad también vive. Allí se hacen cosas y se inventan también.

Hoy, en el país y en alma del ciudadano, está presente un pesimismo subyacente. No acertamos a dar con las respuestas que nos ayuden a salir de esta melancolía y desesperanza que se hacen realidad en nuestras acciones más cotidianas. La desolación persiste y cada día que pasa pareciera que se amplía. Pero en momentos como los presentes se hace necesario detenernos por un momento, volver sobre sí, acudir a los textos y descubrir lo que la lectura provoca en el intento de darnos explicaciones. Nos lo decía Monsiváis en alguna parte: “Un buen lector siempre se rinde a la evidencia: si el libro vale la pena, el autor o la autora son mis semejantes”. O lo que expresaba Jorge Luis Borges: “El libro puede estar lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino, no con respeto supersticioso, pero sí con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría”.

Llegó el momento. La Universidad Católica Andrés Bello no es solo un espacio para la formación en sus aulas o para la investigación en sus centros e institutos, es también un espacio para la fiesta de lectores y de libros, de espectadores e internautas, de cinéfilos y videófilos, de teatreros y de audiencias, de personajes y de consumidores, de asombros y de ciudadanos. Con ese contexto al frente se abre, desde el 27 de noviembre al 3 de diciembre, la II Feria del Libro del Oeste de Caracas (FLOC 2017).

III

La Segunda Feria del Libro del Oeste de Caracas

Decía el escritor suizo Friedrich Dürrenmatt: “¡Oh, qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente!”. Yo diría: ¡Qué tiempos estos en los que hay que justificar y dar explicaciones para lo que se hace o se deja de hacer, o lo que se quiere hacer! Es el intento de imponer la fuerza de la razón sobre la razón de la fuerza.

Así, estos últimos caracteres intentan dar razones para explicar el por qué de una feria en la Venezuela de estos tiempos. Alguien pudiera decir que estamos chiflados por empeñarnos en seguir produciendo libros, por empeñarnos en hacer una feria del libro y por darnos a la tarea de invitar a la comunidad ucabista, a nuestros vecinos de esta parte de la ciudad de Caracas, y a la otra parte que convive de la Plaza Venezuela hacia el este, para que disfruten de este nuestro campus que, desde el 27 de noviembre al 03 de diciembre, estará repleto de caras distintas a las que circulan por sus jardines y pasillos, estará repleto de libros, de expositores, de presentaciones de novedades editoriales, de foros, talleres, de tertulias, de cine, teatro, de poesía, de exposiciones artísticas, de escritores consagrados y de jóvenes escritores… en fin, de todo un hecho cultural que encierra y envuelve la existencia y presencia de una feria del libro.

En ese intento de dar razones, recuerdo lo que el escritor español Arturo Pérez Reverte, en un estupendo y breve libro –Territorio comanche– decía ante el horror de la guerra de la ex Yugoslavia cuando describía que, en medio de lo más brutal de ese conflicto, “los infelices civiles muertos de hambre, flacos y agotados, salían de sus casas en medio de la misma guerra, desafiando el fuego cruzado de las partes en conflicto, intentando salvar los restos de las bibliotecas que eran destruidas por las bombas de la guerra”.

Recuerdo también, en un escrito más amable que el de Pérez Reverte, una breve crónica de José Saramago –escritor portugués y premio Nobel de Literatura 1998– que lleva por título La Feria. En ese texto, Saramago nos recrea la Feria de Lisboa. Se ve, como luego nos escribe, que en la edición de 2009 no pudo estar presente y entonces nos dice que la feria es un espacio animado, a pesar “como si por esos mundos no se labraran cosas terribles, crisis, pobreza, depresión”. Y remata expresando que “en épocas de crisis se lee más, y parece que los contables revalidan esta afirmación. A mí me gusta pensar que en épocas de crisis la gente quiere saber por qué llegamos a esto y se acercan a los libros como si estos fuesen fuentes de agua fresca y los lectores personas sedientas”.

Para quienes se empeñan en convertir al país en un desierto árido como todo desierto, en convertir al país en un sitio inviable, en un no-país, desde aquí les decimos que tenemos la voluntad de seguir insistiendo en que sí tiene sentido hacer lo que estamos haciendo. Que hay razones para volver a empezar y que hay razones de sobra para volver a encontrarnos con la II Feria del Libro del Oeste de Caracas (FLOC 2017).

Una feria que, como dijera el rector José Virtuoso, llegó para quedarse. ¡Y se quedó! Así, pues, el 27 de noviembre se abrirá FLOC 2017. El campus de la Católica amanecerá ese lunes llena de libros y de libreros, de sueños y esperanzas, de nostalgia por los que se van y de justicia, de libertad… La idea es que durante siete días reflexionemos sobre el acontecer y que nos encontremos para conversar sobre lo que nos preocupa o nos indigna con justa razón, o, como dijo Fernando Savater, “sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”. Nos veremos en la II Feria del Libro del Oeste de Caracas.

17-11-17




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