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martes, 2 de mayo de 2017

Administrar la rabia y el dolor por @luisaconpaz


Por Luisa Pernalete


Sí, hay rabia y mucha. Tenemos el derecho, pero también tenemos derecho a perseverar, a no dejarnos llevar, a transformar esa rabia en cambio propositivo.

Difícil escribir con serenidad por estos días en Venezuela. Hay un dolor profundo mezclado con rabia. Las semanas se hacen largas. El cuerpo y el cerebro se cansan y hay que buscar fuerzas, a veces escondidas, pero sabemos que existen.

Se siente rabia cuando uno recuerda lo que dijo una compañera de trabajo: “Los del consejo comunal nos dijeron que a los que caceroleábamos no nos vendería bolsas de los CLAP. Yo he caceroleado y voy a seguir haciéndolo”. Ella vive en El Valle, tiene motivos para protestar. Da rabia porque ella no es la única que cuenta historias similares.

Se siente rabia y dolor cuando te llama una amiga de Barquisimeto, muy tarde en la noche y te cuenta que el asedio a una urbanización popular no cesa. “Los muchachos, muy jóvenes, dicen que no se entregan, que prefieren tirarse de la azotea. Los disparos se escuchan. Conozco gente que vive en esos edificios. Hay gente del trabajo, alumnos”. Te cuesta dormir de la rabia. Mucha.

A los estudiantes les da dolor y rabia enterrar a compañeros caídos por ejercer el derecho a la protesta. También a los profesores. Lo entiendo, también he enterrado a alumnos por causa de la violencia. “Quien tiene un alumno…”. Todos son mis alumnos. Da rabia y una tristeza honda, que traspasa ojos y mirada, corazón…



Rabia y dolor también me da recordar la llamada de una comadre de Maracaibo: “Son las 2:00 de la tarde y hoy no he podido darle nada de comer a mis hijas”. No es una indigente. Ella trabaja y su esposo también, pero las cuentas no dan. Rabia y ya lloro.

Confieso que da rabia que en este país cuando anuncian aumento de sueldo no nos alegramos, al revés, nos preocupamos y nos da rabia, ya sabemos qué viene después: más inflación. Debe ser el único del mundo en el cual esos anuncios generan rabia.

Da rabia no saber a veces qué está pasando porque hay medios que no informan, por omisión también se peca. Da rabia que haya gente armada en la calle que ataca a ciudadanos de a pie, con la aparente y a veces explicita anuencia de autoridades… Da rabia cómo se prostituye la palabra paz…

Tenemos razón para tener rabia, pero hay que administrar esa rabia. Recuerdo lo que nos dijo el bisnieto de Gandhi en su visita el pasado octubre: “La rabia es como la electricidad. Esta te sirve para tener tu nevera, el teléfono… pero cuando está sin control, cuando hay un cortocircuito, la electricidad genera tragedias”. Así es. La rabia y el dolor hay que administrarlos para que sirvan de punto de apoyo para la acción que construya, para la solidaridad y no para la destrucción.

La rabia se administra cuando recordamos que ni los hijos, ni los alumnos son culpables de la situación, en consecuencia no podemos pagarla con ellos. Ayuda administrar la rabia cuando recordamos que si bien los policías, los guardias, si bien son responsables de sus actos, no son los autores intelectuales, alguien les da las órdenes.

También ayuda a administrar la rabia cuando logras afinar los sentidos y descubres que hay gente admirable a tu alrededor. Maestros que hacen malabarismos para llegar a las escuelas aunque los niños no vayan, periodistas que se arriesgan para hacernos llegar las noticias y a veces ellos se convierten en noticia, líderes que se ponen al frente…

Hay que recordar, respirar profundo, y escuchar a Gandhi: la humanidad sólo puede conseguir la paz con no violencia.  Si usted sonríe a un niño que llora, lo más seguro es que el pequeño termine sonriendo, pero si usted le grita, llorará más. La violencia siempre trae más violencia y nosotros necesitamos parar la guerra. Que la rabia sirva para perseverar, no para destruir y envenenarnos. 

28-04-17