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martes, 16 de mayo de 2017

Ulrike Poppe, la experiencia del activismo no violento en la transición alemana por @luzmelyreyes


Por Luz Mely Reyes


Era el lunes 10 de diciembre de 1983. Aquella mañana Ulrike Poppe, una joven de 29 años, regresaba a casa desde un hospital berlinés  adonde había llevado a sus hijos, la niña de 2 años y el niño de 4. De pronto, unos hombres la retuvieron. Eran miembros de la temible Stasi (el órgano de inteligencia de gobierno de la República Democrática de Alemania). La orden era apresarla. Poppe sabía que ella podía ser blanco de una detención pero no estaba preparada para dejar que esos  hombres se llevaran a los niños. Comenzó a gritar, varias personas se dieron cuenta de lo que ocurría y, antes de que el escándalo fuese mayor en aquella calle de Berlín Oriental, los agentes decidieron escoltarla a su hogar para que dejara a los pequeños antes de llevarla presa.

Cuando llegó a su casa ya la  policía la estaba allanando. Ella entregó los niños a su entonces esposo. Luego fue llevada a la cárcel.

Después  de 24 horas de interrogatorio, los acusadores concluyeron que ella debía permanecer presa. Le imputaban traición a la patria.

Poppe, casada para aquel momento con un físico- desempleado por ser opositor al gobierno-, madre de dos hijos y activista por la paz, enfrentaba prisión de dos años al menos, según el mandato del Politburó.

“Lo más duro para mí, mientras estuve en prisión es que no pude ver nunca a mis hijos”, relata en un café caraqueño, mientras fuma un cigarrillo, unas horas antes de partir al aeropuerto para regresar a Berlín.

Ulrike Poppe es activista de derechos humanos, fue prisionera del régimen comunista de la ex Alemania Oriental y miembro del movimiento Democracia Ahora, y estuvo en las mesas redondas que lograron conciliar distintas posiciones para hacer la transición hacia la democracia en ese país europeo. 


Desde 2009 es la “Encargada del Estado de Brandenburgo”, para tratar temas referentes a las consecuencias de la dictadura comunista.

Justo por su papel en estas mesas que se desarrollaron durante tres meses, a finales de 1989 y principios de 1990, esta alemana de 64 años estuvo en Caracas para hablar de “diálogo y transición” una conferencia organizada por el Instituto Goethe y la Dirección de Cultura de la Alcaldía de Chacao.

La paz, la esperanza y la paciencia

¿Cómo mantener una protesta pacífica? Es la pregunta que aflora, aunque los contextos alemán y venezolano sean tan distintos.

Poppe comenta que no podían dar espacio para el uso de la represión y además que su lucha y la del grupo del que formaba parte se inspiraba en los ejemplos de Gandhi y Martin Luther King.

“Logramos que nadie levantara ni una piedra”, recuerda.

En esta lucha fue muy influyente el papel de la Iglesia Luterana.

“Muchos grupos de la oposición se habían formado en los años 80 bajo el techo de la iglesia. En verano y otoño de 1989, los servicios de la iglesia protestante eran a menudo el punto de partida para las  manifestaciones. Los grupos de oposición, grupos por la paz, por los derechos humanos, ambientales y grupos de mujeres eran conscientes de que cualquier acción violenta sería una oportunidad para que las fuerzas del Estado usaran las armas. En esta tensa situación, la no violencia también era un precepto de la prudencia. No todos los grupos estaban convencidos de la acción no violenta. Por eso quienes sí estaban convencidos asistían a las manifestaciones y  evitaban que alguien tomara una piedra”.

La actividad de Poppe se inició con un grupo que se llamó Mujeres por la paz. Ocurrió cuando el gobierno de Alemania Oriental decidió incorporar a las mujeres al Ejército, como un paso más en la militarización de la sociedad.

“Nosotras dijimos que no estábamos dispuestas a pelear con armas de fuego”.
Hicieron una carta que enviaron a las autoridades y  las distribuyeron por distintas partes. Medios fuera de Alemania Oriental publicaron estas misivas. Para septiembre de 1983 un grupo más grande se congregó en la AlexanderPlatz. La protesta esta vez era por la colocación de armas nucleares en ambos países.

Aquella vez, como preludio de lo que vendría, la policía intentó detenerla a ella y otras compañeras. Una multitud las rodeó para protegerlas y así evitaron la aprehensión. El 10 de diciembre, cuatro meses después se concretaría la detención.

Con todo y que se esperaba que pagara dos años de privación de libertad, salía seis semanas después gracias a la protesta de líderes internacionales como el sueco Olof Palme y el canciller de la República Federal Alemana, Willy Brandt, entre otros.

“Esto fue un éxito y nos llenó de ánimo”, comenta.  Gracias a ese triunfo  decidieron continuar.

Para 1983 aún estaba lejos la caída del Muro de Berlín, la reunificación alemana y el desplome del comunismo en los países de Europa Oriental.

Mantener la esperanza era difícil. “ Al principio éramos muy pocos”.

Sin embargo, la solidaridad de muchos levantaba el ánimo.

Para Poppe, las secuelas materiales en una confrontación como la que vivió se superaron rápidamente; sin embargo, aún hay consecuencias emocionales.
“La agitación social fue hace 27 años, pero las consecuencias aún se sienten. Las consecuencias materiales de décadas de dictadura por el Partido Socialista Unificado, el SED, fueron eliminadas con relativa rapidez. Los fondos fluyeron muy pronto desde el oeste rico en nuestras regiones en crisis, y la economía podría recuperarse; se volvió a renovar la infraestructura…  Sin embargo, las consecuencias mentales de la dictadura son tenaces”, dice en su discurso ante una concurrencia que plenó el centro cultural Chacao el viernes 5 de mayo.

Dos días después, en un café, amplia:

“Es lo más difícil, pero también insistimos en la necesidad de reparación para las víctimas. Muchas personas perdieron sus empleos, las familias estaban divididas, muchos perpetradores formaban parte de estas familias, por esto tampoco hubo luego muchos sancionados.”

La hermana de Poppe trabajaba en un hospital y era miembro del partido, condición exigida para tener un empleo. Ella la apoyaba financieramente.

Durante su participación en las mesas redondas lograron varios objetivos, entre ellos la celebración de tres elecciones, la redacción de una nueva Constitución y el diseño de un nuevo sistema de justicia.

 “Cada día era un reto. Surgían asuntos complicados cada momento. Hubo intentos de manipular a las mesas con organizaciones que se iban creando y que exigía un puesto en estas mesas, pero luego se descubrían que era progobierno”, cuenta.

Cuando le pregunta sobre sus aprendizajes, no duda en afirmar:

“Tener paciencia”.

También sostiene que es muy importante la protesta pacífica. “No hay que usar la violencia”.

Poppe se va de Venezuela consciente de los retos. Espera que los venezolanos puedan resolver el conflicto de una manera pacífica. “No hay que desesperarse”, dice a modo de despedida.

14-05-17