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jueves, 18 de octubre de 2018

El socialismo y Maslow, por @eloicito




Eloy Torres Román 17 de octubre de 2018

A Rodrigo Agudo, fraternal amigo; hombre culto y preocupado por el tema

El socialismo, más allá de las diversas interpretaciones que hoy en día se pretendan hacer, muestra un rostro maltratado por fracasos. Dicho y escrito por este escribidor, suena duro y difícil digerir. Varias generaciones nos formamos con ese ideal. Muchos con el biberón en la mano, otros por su inserción directa en la cruda realidad que experimentaron; en tanto que hubo quienes construyeron su visión del mundo, a partir de una postura axiológica. En fin de cuentas, el socialismo siempre encantó.

La axiología enseña que el valor motiva al individuo. Bueno, en este caso el socialismo se fundamenta en determinados valores que supuestamente traducen: libertad social y política, poder del socialismo, igualdad, fraternidad; éstos, en algunos casos, entremezclados con otros, como: independencia, soberanía y urgencia de luchar contra el imperialismo. Bueno, mucha palabra. Lo que no pueden esconder más allá de tanta palabra es que el socialismo o comunismo, como sistema, traduce hambre en el buen y claro sentido de la palabra. Hambre generalizada. Otro concepto que aparece con determinada recurrencia es el del “hombre nuevo”. Éste, como ideal, pretende dar fuerza a la utópica creencia que el hombre puede vivir en fraternidad, igualdad y justicia con los otros hombres. Evidentemente se desconoce la antropología humana.

El pensador Abraham Maslow sentenció el absurdo de esa visión: La pirámide que lleva su nombre, explica que las acciones del hombre están determinadas por necesidades, o como él las llama: impulsos internos o interiores

En la base de esa pirámide, están las necesidades fisiológicas: sexo, comida, agua, aire; éstas, vitales para el hombre. Luego, más arriba, los determinados por la necesidad de protegerse en viviendas; luego, más arriba, la necesidad del amor y la sociabilidad para que en la parte superior de la pirámide nos encontremos con la necesidad de su afirmación y desarrollo como especie humana.

El ser humano siempre busca y sueña más de lo que tiene. El hombre construye, consume, atesora más de lo que necesita. Este ha sido el estigma del alma humana; pero, también ha sido una fuente inagotable de energías para que él pueda crear. Es la historia de la civilización. Sin ello, sin la presencia de las necesidades de desarrollo, el hábitat del ser humano se hubiera estacionado en la era de las cavernas y su capacidad de relacionarse, socialmente hablando, hubiera quedado al nivel del mono.

En Venezuela nos encontramos con una predica oficializada, es verdad, pero cuyo soporte traduce orfandad ontológica. No tiene un basamento en la realidad. Se nos pretende vender que hay un futuro. Todo será mejor, cuando derrotemos al “imperio”. Mientras la predica acerca del “hombre nuevo” recorre las agrietadas y deterioradas calles de la ciudad y de todo el país. Vemos a un Papa Doc en Miraflores con su legión de Tontons macoutes, prestos a “adoctrinar” a la población. Pensamos que el socialismo (con el apellido bolivariano) es una fábrica de hombres que sufren una especie de lobotomía.

El hombre no puede tener necesidades, pues el socialismo está por encima de ellas. La igualdad sería un hecho, pero en la que todos somos pobres y sin necesidades. La hermandad se debe observar en el sufrimiento y en la miseria, pues todos la compartimos por igual. La pobreza material y espiritual es el gran escenario del socialismo, incluso con apellido

El socialismo y el comunismo son contrarios a la naturaleza humana. Resultan de una idea contra el hombre. A pesar que su motivación traduce un sustento humanista; es lo contrario. Para el socialismo lo central es el Estado, contraria a la visión según la cual, siempre creímos que el hombre “es la medida de todas las cosas, de lo que es y de lo que no es”, Protágoras dixit.

El socialismo es un sistema que no permite al hombre ser dueño de su destino. El Estado decide todo: escuela, casa, trabajo, salario, pensión, lo que debes comer y beber, vacaciones e incluso el permiso de con quien puedes hablar, igualmente para salir del país. Todo depende del Estado. Los derechos individuales no existen, a pesar que el poder se instaura, predicando su afirmación; pero, una vez en el poder, ellos desaparecen. El hombre es una pieza del ajedrez que manipulan los que ejercen el poder. Las necesidades del hombre no tienen valor alguno. Todo debe ser sacrificado en aras del bien común, bien que es trazado desde el poder.

La economía tampoco funciona bajo el socialismo. Esa acartonada visión, según la cual la propiedad privada no debe existir es tremendamente perjudicial para la sociedad. Esa creencia de que el Estado debe ser el monopolizador de todas las palancas de la economía es fraudulenta y generadora de corrupción. El empobrecimiento se acelera y el hambre o hambruna hacen su aparición, llegando a generar, incluso canibalismo. No es exageración, ni es una manipulación intelectual.

Se habla de la propiedad comunal. Cuando ella es común, nadie es propietario; y lo más grave, nadie es responsable de su manutención y cuidado. Aparece el robo generalizado de los bienes públicos. No hay motivación para el trabajo, si todos ganan el mismo salario; la productividad, si es que ella existe, se minimiza. Las relaciones sociales se endurecen y surge el aprovechamiento de las circunstancias y el hombre satisface su realidad con un pedazo de pan o una porción de leche.

En el socialismo, la planificación de la economía es su gran fracaso. Es imposible que un grupo reducido de individuos encerrados en sus oficinas puedan planificar la economía; determinar precios, costos y gastos de la actividad económica. El consumo no se puede planificar y su producción tampoco. Es una realidad muy compleja que un burócrata jamás podrá desentrañar. Son muchas las variables a tomar en consideración y las cuales no se pueden encerrar con un chip voluntaristamente ideológico. La economía de Estado siempre trae elementos de error, la eficiencia es muy poca y cuyo efecto colateral se intensifica en cadena sobre el resto de ella; lo que traduce grandes pérdidas. Todos los experimentos socialistas han fracasado. La URSS y pare usted de contar. Todo el así llamado “campo socialista” fracasó. Bueno, podrán invocarse los ejemplos de China, Vietnam y Cuba.

El primero, China, rompió con ese viejo apotegma comunista acerca de que ser rico es malo. Por el contrario, ser pobre es muy malo, dicen los chinos oficialmente y entre chistes. El número de ricos en ese país supera considerablemente el de los ricos de los EEUU y la Unión europea juntos.

Al morir Mao, su último Dios, se abandonó la monserga comunista estatista y se abrazó el libre mercado; hoy, éste, es la fuente de su empoderamiento como la gran potencia del siglo XXI. Su consiga: no importa el color del gato; lo que importa es que cace ratones.

Vietnam, tras la guerra abandonó su tensión con los EEUU y hoy ese país es su principal aliado en las relaciones internacionales del sudeste asiático. Tomemos en cuenta, Vietnam, es un ancestral enemigo de China a la que derrotó en un conflicto militar hace un tiempo ya. Siempre existió un marcado recelo entre ambas naciones. Para Vietnam, celoso de su independencia, muestra temor por el expansionismo chino. El pequeño país recuerda permanentemente la ocupación china de su territorio y cuando acabaron con ella y la expulsaron en 1426. Vietnam busca coaligarse con su anterior enemigo. ¡Cómo cambia la historia!

En cuanto a Cuba. Ese país, por la diabólica genialidad de Fidel Castro, quien siempre supo embaucar a los soviéticos, en primer lugar, luego a muchos, entre ellos a los venezolanos para que le brindaren recursos suficientes para mantener su poder, especialmente durante los últimos 20 años de los 60 de su omnímodo poder, para lo que utilizó la masiva represión, con el paredón incluido. Hoy, Cuba busca, paulatinamente, desmontar su aparato asfixiante del control estatal sobre la economía. Hasta ahora han dado muestras de un gran pragmatismo. Veremos más adelante.

Lo que está claro es que cualquier sistema que base su poder en contra del hombre se desintegra. El comunismo y el socialismo han producido tanta miseria y hambre, penurias y sufrimientos que no se requiere de mucha enciclopedia para demostrarlo. A pesar de ello, lamentablemente, todavía, hay algunos apoyados en el petróleo y quienes en forma, quien sabe si incauta o a propósito, se empoderan para imponerse en nombre del socialismo, pero, sin la preparación para el manejo del poder. Maslow lo señaló, pero éstos, buscan comprar la primera necesidad con muy poco. Ese experimento hace que Venezuela, hoy, luzca hambrienta, falta de medicinas; mientras su gobierno luce enajenado y díscolo, en una búsqueda desesperada de reconocimiento internacional y no lo consigue, gracias al socialismo.

Eloy Torres Román


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