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lunes, 26 de septiembre de 2016

El borde totalitario por @garciasim


Por Simón García


Cualquier observador puede formular sensatamente la probabilidad de que el referendo revocatorio se hará este año. Si juzga sólo por la fuerza del régimen en los centros que pueden impedirlo, el CNE y el TSJ, tendría que pronosticar que no habrá referendo ni el 16 ni en el 17.

Pero la inexistencia de condiciones democráticas altera los escenarios para todos los contendores. Las fuerzas de cambio, defendiendo la vigencia de la Constitución, enfrentan procederes autoritarios, inclinados a colocarse fuera de ley, por lo que no deben ser ingenuos. Y las fuerzas conservadoras, centradas en perpetuar al gobierno para mal del país, corren el riesgo de perderlo todo al jugar con la situación que padece la población, con la crisis y la pérdida de gobernabilidad.

Una mirada estática y esquemática dibuja dos campos de fuerza. Las que pueden contribuir a realizar el revocatorio este año y las que buscan impedirlo o diferirlo. En el primero están la inmensa mayoría del país, la Asamblea Nacional, los partidos relacionados con la MUD, instituciones como la Iglesia, las organizaciones internacionales y los gobiernos interesados en un diálogo con resultados. Entre los bloqueadores están el poder ejecutivo, el TSJ, el CSJ, el control de los medios y el manejo clientelar del presupuesto.


La Fuerza Armada en su conjunto es un actor que se mueve bajo el paradigma de la obediencia, prisionera del espejismo de la legitimidad de origen de Maduro, pero sensible a los efectos de la crisis, al impacto de la razón constitucional y a la comprobación activa de la legitimidad del soberano frente al gobierno.

Los resultados van a depender del buen hacer político, de la contundencia de la táctica y de la firmeza para mantenerse, pese a todas las provocaciones que vienen, en el marco constitucional, electoral y democrático. La tragedia o el destino escrito en el modelo que sigue el gobierno es que no puede situarse en ninguno de estos ámbitos.

Su apelación a la arbitrariedad, a la ilegalidad y a la represión lo está colocando en una transición regresiva y propia de los poderes reaccionarios: oponiéndose al pueblo, pateando la Constitución y conformando una autocracia no competitiva que es el apodo profesional de un régimen totalitario. El gobierno bracea mar adentro, no buscando la felicidad, sino defendiendo negociados, privilegios e ilegalidades.

Esta involución sólo puede evitarse acordando un cambio de gobierno en interés del país. El referendo ya no es una demanda de la oposición, es el camino menos costoso para todos.

¿Podrán entenderlo los que no tienen ojos para verlo?

25-09-16