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jueves, 4 de mayo de 2017

Himiob y Romero: El Gobierno utiliza a la GN y a la policía como esclavos de la represión por @contrapuntovzla


Por Emma Sánchez Álvarez


Para los directores del Foro Penal venezolano, Alfredo Romero y Gonzalo Himiob Santomé, la situación de represión en Venezuela se debe a la incapacidad del Gobierno de responder a las causas de las protestas y presentar soluciones viables que garanticen la paz, la libertad y la justicia. “El Gobierno recurre a la violencia y a la represión como herramientas de control social”, aseguran.

Igualmente consideran que el Sebin “ha crecido en todo el país y se ha convertido en una industria represiva”. Ambos directivos hablaron para esta entrevista con Contrapunto acerca del trabajo que vienen realizando desde 2002. “Hemos representado a 7 mil personas detenidas”.

"Pero lo más importante –agregaron los abogados– es que si no existiese esta maquinaria de activistas del Foro Penal, ni siquiera sabríamos la cantidad de detenidos que ha habido y que hay en el país. El Foro Penal Venezolano es un reflejo de la verdadera situación de la represión, y es que bloquea de alguna manera la violencia, porque identifica no solo a los agresores sino a las víctimas. Hemos venido registrando uno por uno los casos en sus distintas modalidades. Estamos preparados para lo que es la reestructuración del sistema de justicia social y de paz. Contamos con abogados reconocidos a nivel nacional que creen en la justicia como fórmula de paz y no de corrupción o persecución política".

No hay una voluntad real de resolver las crisis


–¿A qué se debe ese alto número –según Foro el Penal Penal más de 1.000 personas– de arrestos en las protestas en Venezuela?

–GHS: Básicamente lo que está sucediendo es que el Gobierno ha sido absolutamente incapaz de responder a las causas de las protestas, de presentar soluciones viables frente a los requerimientos de la ciudadanía y, además, está empeñado única y exclusivamente en mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Lo que ha hecho es recurrir a la represión y al miedo como herramientas de control social. No cuenta con ninguna otra herramienta. No sabe manejarse en ningún otro escenario que no sea el de la imposición y la violencia. Yo creo que por eso estamos viviendo esta situación, porque además en este momento particular de la historia, el Gobierno está profundamente dañado por todo lo que han sido sus errores en políticas públicas y de conducción de una nación. En consecuencia, ante esta debilidad, y la evidencia cada vez más patente y clara de que no cuenta definitivamente con apoyo popular, sino con una pequeña minoría de personas que todavía militan en el proceso revolucionario, usa la represión, la violencia y el miedo para tratar de disuadir a las personas.

"Hemos visto en estos últimos 15 días, las declaraciones de los voceros oficialistas en los medios de comunicación que han sido muy agresivas e intimidantes, instigan al odio y promueven una guerra fratricida entre los venezolanos. Esto nos demuestra, en primer lugar, que no hay una voluntad real de resolver las crisis que estamos padeciendo a través de los canales democráticos, y en segundo lugar nos aclara que el Gobierno está profundamente débil y, como bestia débil que es en estos momentos, opta por sembrar miedo para resolver los conflictos. Pero esto no le está funcionando. Si yo tuviera la oportunidad de aconsejarles, les recomendaría lo contrario", agrega.

–AR: A estas personas que actúan arbitraria y abusivamente siempre se les va a descubrir, y más ahora que hay cámaras por todos lados. Lamentablemente el Gobierno tomó esta vía. Tristemente Nicolás Maduro se ha dejado llevar por los radicales y tiranos. Lo que es cierto es que la represión ha aumentado desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo. Hemos encontrado más cantidad de tratos inhumanos, torturas, maltratos y abuso. 

                          Alfredo Romero / Foto: Foro Penal Venezolano

Tenemos a más de 2.800 activistas en todo el país

–¿Y cómo hace el Foro Penal Venezolano para atender todos estos casos?

–AR: Para nosotros, atender todos estos casos no es un beneficio, sino una consecuencia. El Foro Penal ha crecido enormemente. Estamos hablando de más de 2.800 activistas que llamamos defensores activos, que no son abogados, sino amas de casa, estudiantes, trabajadores… Estas son las personas que identifican el lugar de detención, que atienden a los familiares, los teléfonos, que suministran alimentos y agua, y que apoyan a los abogados. Y paralelo a esto, tenemos a más de 200 abogados en todo el país. Foro Penal es una maquinaria de paz y de atención gratuita impresionante que, de alguna manera, ha sido consecuencia, porque, si antes en Caracas se producían la mayor cantidad de actos represivos, hoy en día también se dan en todas las provincias.

Ahora la ciudadanía marca la agenda y pauta a los líderes políticos

–¿Creen ustedes que la sociedad civil se encuentra ahora más galvanizada y que se presenta como la protagonista de la búsqueda de soluciones?

–AR: Para que un país se conduzca hacia la transición, la paz y la justicia requiere de tres elementos fundamentales desde el punto de vista de derechos humanos: uno, una sociedad civil consciente de la situación existente, que sepa que debe defenderse así misma a través de las manifestaciones, protestas o reclamos; dos, no puede haber una sociedad civil actuando sola sin conducción política, creo que es esencial. He notado que ahora se ve una conducción política y una sociedad civil en la calle. Y tres, se requieren funcionarios, instituciones y gobierno que actúen en concordancia con los reclamos de la sociedad civil y la conducción política.

–GHS: Yo creo que a la sociedad civil en Venezuela le ha costado madurar. Luego de muchos golpes, tuvo que darse contra una pared de incomprensión por parte del operador político. Muchas veces se percibía que el operador político iba por un lado y la sociedad civil iba por el otro, pero ahora la sociedad civil ha aprendido por sí misma a reclamar sus derechos, sin necesidad de que haya alguien que le marque el ritmo que va a bailar. Sin embargo, esto también ha tenido una contrapartida, y es que también el operador político ha madurado y ha trabajado para poder hermanarse con lo que son las verdaderas necesidades e inquietudes de la gente, debido a que la ciudadanía es la que le marca la pauta y la agenda a los líderes políticos, y estos asumen la tarea con responsabilidad, conducción… Eso lo vemos, por ejemplo, en el liderazgo joven.

–¿Han visto un cambio en el comportamiento desde que se inició este proceso de la sociedad civil?

–AR: Más allá. El Foro Penal viene trabajando formalmente desde 2002. Nosotros vivimos la marcha del 11 de abril. Había para el momento mucha ingenuidad de la sociedad civil. Ahora no la vemos tan ingenua, por el contrario, la vemos consciente de que no es tan manipulable desde el punto de vista político, de las banderas falsas que crea el Gobierno, y a veces, de algunos grupos de la oposición. Es mucho más exigente, y tiene un poder que es el de conducir a los políticos. Hoy día tenemos una sociedad civil consciente de cómo marcha, de cómo protegerse y de cuáles son sus derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad.

Nuevas estrategias de represión

–¿Por qué ocurre tantas detenciones en las manifestaciones?

–GHS: Porque, a la par de la evolución del carácter crítico y consciente de la ciudadanía, evoluciona también la forma represiva; es decir, el Gobierno no se queda cruzado de brazos. El Gobierno represor de 2002 no es el mismo de hoy en día, ni está equipado igual. La fórmula de reprimir también va evolucionando en la medida en que la forma de protestar va cambiando. Por eso siguen pasando las cosas que pasan, incluso, peores. Esto se constata con el inmenso gasto que se realiza en equipos antimotines. No era un gasto que se hacía ni en 2002 ni en 2004.

Para el Foro Penal, lo que pasa es que el descontento general ha venido creciendo, la masa opositora también y la protesta se ha venido cohesionando en torno a objetivos muy precisos, siendo por ello mucho más efectiva. Por su parte el Gobierno ha tenido que desarrollar y asesorarse en sus fórmulas de represión, porque el problema es que el gobierno no está dispuesto a enfrentar las causas de la protesta. Esto es lo más delicado. El gobierno, lejos de decir “oye, déjame ver por qué esta gente esté protestando y qué puedo hacer”, lo que decide es reprimir a todo aquel que piense distinto, criminalizarlo y calificarlo de terroristas y apátridas.

Consideran que el gobierno evitaría todo el costo nacional e internacional que le está generando la represión, si sencillamente dejara que las marchas cumplieran sus objetivos, por ejemplo, entregar un documento en la Defensoría del Pueblo.

                          Gonzalo Himiob / Foto: Foro Penal Venezolano

Ahora el que proteste es terrorista

–¿Es una estrategia del Gobierno entonces?

–GHS: Es una estrategia de guerra dirigida a la consolidación del miedo como factor de control social.

–AR: Aquí los soldados, los policías e incluso los comandantes operativos son unos grandes esclavos de la represión. Son personas a las que les pagan muy poco, pero le dan unos equipos muy sofisticados para que ellos, siendo parte del pueblo, repriman a sus propios familiares. Aquí los ciudadanos son sobrevivientes de la represión y luchan para que no exista. En el momento en que el esclavo y el sobreviviente de la represión se unan, la represión desaparece. No hay quien cumpla las instrucciones del tirano.

"Me pregunto: ¿por qué no dejan que los manifestantes lleguen a los puntos específicos para entregar documentos, como fue el caso de la Defensoría del Pueblo? Porque el Gobierno tiene un discurso: hay enemigos y amigos. El enemigo es todo aquel que manifieste. Por eso ahora hay una narrativa muy peligrosa, y es que todo aquel que proteste o manifieste es terrorista. El Gobierno le da esta justificación al policía o al guardia nacional para agredir al ciudadano y hermano", expresa Romero.

–GHS: Los estás crucificando. Le quita el carácter de ser humano y, con esa narrativa, lo convierte en un concepto: terroristas.

–AR: Pero, fíjate, el Gobierno al pagarles muy poco a esos policías y guardias nacionales –en un esquema de degradación económica y de empobrecimiento global– los convierte en esclavos, literalmente. Yo creo que estamos en un momento muy importante en el que la sociedad civil debe concientizarse a sí misma: hacerles saber a estos funcionarios que los reprimen, que lo que están haciendo es a favor de una oligarquía que los está utilizando como esclavos de represión.

–¿Y cómo se puede lograr que esos policías y guardias nacionales entiendan que la represión no es la vía para solucionar los problemas del país?

–GHS: Hay que buscar estrategias de acción no violentas para encontrar la forma en que esos hilos conductores que existen entre todos los venezolanos, independientemente de cuáles sean sus ideas políticas, se activen para que recordemos que al final del día estamos todos en el mismo bando. Tenemos que tratar de comunicarnos, no desde lo que nos separa sino desde lo que nos identifica; es decir, de aquello en lo que encontremos un terreno común. En esta polarización es muy difícil, pero podemos coincidir en el amor que todos tenemos por nuestras familias.

"En las manifestaciones no están marchando terroristas sino padres, madres, hermanos, hijos e hijos, artistas, médicos, etc. No hay distinción económica. En las marchas que se han realizado, hemos encontrado un mosaico de gente de diferentes partes. Lo que sí no podemos hacer es comenzar la comunicación desde la confrontación", exhorta Himiob.

–AR: Ahora estamos hablando de una guerra de David contra Goliat. Goliat tiene mucho dinero, y para usarlo no necesita siquiera pasar por la Asamblea Nacional ni el Banco Central. Esos funcionarios dependen de esta estructura y, lamentablemente, este es un punto que hay que definir. Del lado de la oposición, quieren democracia. Esta es la diferencia. En la oposición hay competencia y en el Gobierno no la hay, no la desea, porque el objetivo es el control a toda costa.

El Sebin se convirtió en una industria represiva

–¿Han visto un cambio en el comportamiento de los cuerpos de seguridad del Estado, en la actuación frente a estas protestas recientes?

–AR: Hay cambios cuantitativos y cualitativos. En lo cuantitativo, por ejemplo, me refiero a que el 19 de abril hubo 565 arrestos y, en 15 días, más de 1.000 arrestos. Eso no había pasado nunca. Entiéndase: la protesta está asociada a la impopularidad. Más protesta, mayor impopularidad. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social ha venido registrando un promedio de 19 protestas diarias, o sea en el orden de 500 al mes. Ya no solamente es que el que protesta no le gusta Maduro, sino que además reclama por la falta de alimentos, medicinas, seguridad. Esto evidentemente está asociado a la represión. Tú tienes dos opciones: o mediar con los opositores para tratar de solucionar el problema global, o los atacas quitándoles las propiedades, reprimiéndolos y persiguiéndolos. El Gobierno tomó esta última opción.

"Paralelo a ello, tuvo que apertrecharse de una máquina represiva, y vamos a encontrar que el Sebin ha crecido en todo el país, es como una industria represiva. En todos los estados hay una dependencia del Sebin. Pero además observas cómo se ha invertido en represión. La sofisticación de la represión ha sido importante y lo estamos viendo en los equipos que usan. Esto es nuevo, desde el año pasado".

–GHS: Si comparamos el tipo de protestas de 2002 a las de 2017 las diferencias son impresionantes, y esto tiene que ver con la evolución del carácter crítico de la ciudadanía que está protestando, porque ahora está mucho más preparada y consciente. Yo creo que esas cicatrices que han dejado su huella a lo largo de estos años han generado también madurez, pero también evoluciona la represión. Por ejemplo, las redes sociales no eran lo mismo en 2002 que lo que son ahora.

–¿No creen ustedes que la solución está en manos de los menos radicales del Gobierno para abrir caminos a la solución de la crisis de Venezuela?

–GHS: Si el gobierno accediera a las peticiones generales en el corto plazo, es decir, la liberación de presos políticos, el cese de la persecución política, la apertura de las opciones y canales humanitarios y el respeto a la autonomía de la Asamblea Nacional, comenzaría el camino a la solución de la crisis. Pero a pesar de que la solución está en manos del poder, dígase Gobierno, no tiene disposición a hacerlo. El Gobierno se ha revelado ya como una entidad que lo único que le interesa es que unos pocos, muy poquitos, continúen en el poder a costa de lo que sea. Yo no veo viable, incluso con esa apertura de posibilidades que se ha visto en algunos voceros oficialistas, esa salida. Es lamentable porque sería lo ideal. No lo veo a corto plazo posible.

                                           Foto: Jonathan Lanza

Los tribunales son más represores que el Ministerio Público

–¿Qué pasa con el Ministerio Público en el caso de las protestas?

–GHS: Hemos notado, no solo desde ahora, sino desde hace un tiempo para acá, que la actitud del Ministerio Público, sin dejar de ser una actitud irregularmente persecutora, ha sido menos agresiva. Me refiero a que ya no se solicita, con esa laxitud, la privativa de libertad. Ahora solicita medidas cautelares. No quiere decir que las personas no quedan criminalizadas, pero no hay esa disposición a dejarlos presos a costa de lo que sea.

–¿Por qué creen que los tribunales no acatan las decisiones del Ministerio Público?

–GHS: Yo creo que las recientes manifestaciones del Ministerio Público contra las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, en su sala constitucional, han producido un sismo y una especie de luchas y contradicción de poderes en los cuales, lamentablemente, quienes están atrapados en esa línea de fuego son los manifestantes. Es decir, lo que la defensa pide nunca se nos concede. Esto hace que los tribunales ahora sean más represores que el Ministerio Público. Y los rehenes son los manifestantes.

–AR: Se está considerando al manifestante como enemigo. Esto es una guerra para el Gobierno, que califica a los ciudadanos como enemigos o amigos.

"Nadie sabe qué es el Plan Zamora"

–¿Qué es el Plan Zamora y qué consecuencias represivas abarca?

–AR: Nadie sabe qué es el Plan Zamora, porque no hay ningún tipo de documento que lo explique. Creo que el Plan Zamora es una amenaza donde se establece, repito, que no hay manifestante sino enemigos terroristas. Esto es lo peligroso porque justifica el ataque. El Plan Zamora intenta crear esta narrativa. Para mí es más una narrativa represiva que un manual de carácter legal y legítimo. Pero hasta ahora la Fiscalía no ha imputado a nadie por terrorista ni siquiera por asociación para delinquir.

–¿Usted no cree que esa puerta la abrió la declaración de la Fiscal General de la República?

–GHS: Sí… pero una cosa es abrir la puerta y otra es cruzarla. Yo creo que, aunque esa puerta está abierta, no veo, en el alto gobierno por lo menos, ninguna disposición a tender esos puentes para solucionar la crisis.

–¿Cree usted que en el Gobierno tienen mucho miedo?

–GHS: Posiblemente, pero es que hay razones para que tengan miedo. Lo que ha venido pasando desde hace muchos años, no solamente ahora, es algo que definitivamente coloca en los hombros de estas personas, que están hoy en el alto poder, responsabilidades legales y penales muy evidentes.

Ojalá el Gobierno recapacite

–A la luz de hoy, ¿cuál es la perspectiva que ustedes ven de toda esta situación que se está planteando?

–AR: Yo no te puedo decir la perspectiva, pero creo que evidentemente la conducción política tiene que establecer objetivos claros, que es una de las cosas que la gente espera. Yo creo que hay una sociedad civil que de alguna manera volvió a la calle y está en combinación con la conducción política. 

Pienso que el civil está conduciendo al político. Ojalá que el Gobierno recapacite. Le hago un llamado a Maduro para que no se alíe con los tiranos y radicales, sino con aquellos que le propongan soluciones inteligentes. Yo creo que ya no es la brutalidad de la represión sino la brutalidad en la actuación. Ya ni siquiera se mantienen las apariencias. Ya no se mantiene las apariencias en los tribunales ni en la decisión judicial. Ya se apresan a personas sin necesidad de decisiones judiciales. Hay casos con órdenes de excarcelación y se les deja presos. Ya no se rigen por la Fiscalía para tomar declaraciones, como fue en el caso de los morochos (Francisco Alejandro y Francisco José Sánchez).

–GH: Eso de que un cuerpo policial se niegue a tramitar una orden de excarcelación no había sucedido nunca. Ahora tenemos que el Sebin tiene 19 o 20 órdenes de excarcelación, y no le da la gana de cumplirlas, y lo que es peor, no hay tribunal que sea capaz de imponer autoridad y ordenarles que las cumplan porque si no, van presos. Ya las formas no se respetan. Ya ni siquiera ahora se realizan las audiencias de presentación. Ya no hay ni siquiera un parapeto de juicio.

30-04-17