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jueves, 8 de septiembre de 2016

Américo Martín: “Los perseguidos no se van a convertir en perseguidores”


Por Hugo Prieto


Desde la adolescencia, Américo Martín ha bregado en la política, sin importar el papel que las circunstancias han propuesto. Está allí, a veces en primer plano, otras no. Quizás porque también ha sido un intelectual cuyas ideas no siempre encajan en el discurso del establishment.

A su edad ha visto correr mucha agua bajo el puente, en un lapso que abarca desde la dictadura de Pérez Jiménez hasta el 1 de septiembre, la manifestación que ratificó en las calles que la iniciativa está en el campo de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro. Previsiblemente, Américo Martín tiene algo que decir sobre lo que ocurrió el pasado jueves.

Hay signos vitales, incluso promisorios, después de las pasadas elecciones del 6-D. Por contraste, y esto no es casualidad sino producto de la dinámica que comenzó ese día, en el chavismo surgen las voces divergentes. El monolito se resquebraja y las grietas son cada vez más visibles. No sólo por una gestión de gobierno desacertada hasta el asombro, sino por una confusión de ideas que magnificaron los errores que se cometieron en el pasado. “Nadie cambia de caballo en medio de la carrera y mucho menos si este caballo nos va a llevar a la victoria”, dice Américo Martín. La solución al conflicto “por la vía pacífica, constitucional y electoral”, sigue dando frutos y “un respaldo internacional muy importante que no teníamos”.


¿Cómo evalúa, políticamente, la concentración del pasado jueves?

Lo que pasó, para mí, era previsible pero al mismo tiempo es sorprendente. Parece una contradicción, pero no lo es, porque ver a la gente en la calle es mucho más asertivo que imaginar a la gente en la calle. Verla actuando con esa decisión, con esa firmeza, con esa consciencia, es tremendamente afirmativo, aún cuando pudo haber sido previsible. Yo he visto muchas manifestaciones en Venezuela, pero pocas —por no decir ninguna— con la amplitud, el orden y la organización que vimos el jueves, que no sólo manifestó un rechazo, sino la evidencia de una propuesta. Y voy a decir por qué: a diferencia de las marchas anteriores, que eran desahogos, que eran protesta por la protesta misma, sin objetivos claros y por lo tanto la gente ponía los objetivos, digamos, paro indefinido. Mucha gente decía aquí vamos a tumbar a Maduro, pero en ésta no, ésta fue perfecta en su formulación y perfecta en la comprensión que la gente tuvo de ella. Se insistió mucho en que iba a ser pacífica y que no se proponía tumbar a Maduro. El gobierno trató de convertir eso en el eje de sus respuestas: que eso era un golpe. Pero la propuesta no era ésa, sino el refuerzo de un camino pacífico, democrático y electoral, que está establecido en la Constitución bajo la figura del Referendo Revocatorio.

¿Tendrán los sectores de oposición, esos que están descontentos con el régimen, la gente que sencillamente quiere cambio, o una combinación de las tres cosas, la posibilidad de modificar el mapa político y cambiar las reglas de juego?

Las está cambiando ya. No sólo eso: está marcando que la iniciativa pasó a la oposición, a la MUD. Hay que recordar lo que pasó el 6-D. Muchos dudaban, el gobierno entregará, no entregará. Pero apostar a la participación popular siempre tiene esa ventaja. Se obtienen más recursos y más territorios de los que se esperan, porque la gente tiene una gran iniciativa cuando capta las cosas. Y eso fue lo que ocurrió el 6-D, pese a que los argumentos tenían una lógica aparentemente irrebatible, la lógica de que el gobierno no iba a reconocer ese resultado. ¿Y en nombre de qué no lo iba a reconocer? En nombre de lo que ha venido haciendo hasta ahora: apartándose de la Constitución, violando la Constitución, y por eso conservaba la iniciativa política. Ahora eso cambió.

Digamos que no siempre fue así.

El 6-D la iniciativa pasó a manos de la oposición y se demostró que ésa era la fórmula: el camino constitucional que a su vez permitía silenciar baterías, reducir resistencias y ganar apoyo internacional. Y, al mismo tiempo, con presencia popular, sin excedernos en nuestros objetivos. El Referendo Revocatorio, que fue una idea de Chávez, le vino como caído del cielo a la oposición, porque la oposición también estaba sometida a presión popular, en el sentido de que no se podía esperar hasta las elecciones presidenciales del 2019 para salir de este gobierno. Había que intentar hacerlo antes, pero esa idea implicaba un golpe de Estado, una insurrección popular… pero el señor Chávez dio la fórmula. Hay una manera de salir del gobierno por la vía legal, constitucional, pacífica y democrática. Y de ahí no se movió la oposición. Al principio, hubo gente que no captaba eso y trataba de llevar las cosas más allá, invocaba el Artículo 350, invocaba el paro indefinido, todas esas fórmulas que eran atractivas a los impacientes, pero que el 1 de septiembre fueron silenciadas o reducidas a su mínima expresión. Yo no hablo mal de ellos, para nada: son opositores como puede serlo uno o cualquiera, pero son un poco impacientes y no confiaban en la fuerza que puede tener el uso correcto de la Constitución, en un marco político que cambió y favorece el uso de fórmulas constitucionales y no fórmulas golpistas. Eso se demostró el jueves pasado. Esa iniciativa continúa en enero con la juramentación de los diputados que resultaron electos el 6-D. El gobierno, al igual que Jorge Rodríguez, dijo que era algo que no iba ocurrir. Se instalaron frente a la Asamblea Nacional los colectivos armados. Sin embargo, las Fuerzas Armadas, así como respetaron el resultado del 6-D, respetaron e hicieron respetar la juramentación de los diputados. El jueves pasado no impidieron la manifestación, como se había dicho. Eso es un signo cualitativo notable.

Tenemos la realidad institucional que tenemos. Para decirlo con las palabras de Henry Ramos Allup, el CNE es “la oficina electoral del gobierno y el TSJ es el bufete de Miraflores”. En términos institucionales, la situación sigue siendo la misma. Lo que tiene una incidencia en la política. Digamos que una golondrina (el 1ero de septiembre) no hace verano.

Lo del jueves, en mi opinión, fue verano, no la golondrina. El punto está muy claro. Lo que describes es la realidad por la cual el país se está uniendo y se está rebelando. El anuncio del presidente de Maduro, en el sentido de que por decreto va a levantar la inmunidad, no digo que no pueda hacerlo, de repente lo hace, pero todo eso lo va a colocar, cada vez más, en situación de aislamiento, en grave peligro de su estabilidad, no porque la oposición vaya a cambiar su política, eso no lo va a hacer, porque cuando uno va en un caballo que va avanzando y corriendo no puede cambiar de cabalgadura. No. Ese es el caballo. Hay que llevarlo a la victoria. La pregunta encierra una visión estática, pero en una visión dinámica, ¿Qué está pasando? Que hasta ahora el Referendo Revocatorio sigue. Se recogió el 1% de las firmas y tuvieron que reconocer ese hecho, pese a que hicieron lo imposible y lo reconocieron por la firmeza, por el carácter pacífico y legal de la voluntad de los ciudadanos y por el respaldo internacional. Si aquí se hubiesen hecho guarimbas, no tuviéramos ese respaldo internacional que hoy tenemos y que pesa tanto en la realidad política del país. Queda por convocar el 20%. La presión que se hizo el jueves fue para que no le sigan dando largas a este asunto.

¿Qué significado tendría el hecho, por ejemplo, de que en la convocatoria del 20%, se llegasen a presentar ocho millones de ciudadanos inscritos en el REP?

O 12 millones como dice una encuesta. Aquí no cabe la incertidumbre. Pueden pasar muchas cosas. Una de ellas, también previsible, pero que sería muy llamativa, es que dentro del chavismo comience a prevalecer una tendencia —que ya se manifiesta públicamente—, cuya opinión es que Maduro está perdido, pero hay que salvar al partido, mediante el diálogo, mediante el respeto al resultado. ¿Qué va a pasar? La oposición le va tender la mano. Vamos a dialogar sobre qué va a pasar una vez que Maduro salga del poder. ¿Va a desaparecer el PSUV? No. ¿Va a desaparecer el propio Maduro? ¿Lo vamos a colgar muerto de un poste como al presidente boliviano Gualberto Villarroel? No. Maduro será expresidente. Si Maduro renuncia, esa es su mejor salida. Si es revocado, también es su mejor salida, porque es una fórmula constitucional y la oposición ha dicho que no va a convertirse en perseguidor. El antiguo perseguido convertido ahora en perseguidor. Ese ciclo fatal no se va a repetir. ¿Y sabes por qué? Primero, por razones de principios. Los demócratas son así. Pero segundo por razones políticas. Si has forjado una amplísima unidad nacional e internacional, tú mismo no la puedes estropear, convirtiéndote en perseguidor, al igual que el anterior gobierno. Por esa razón, la oposición necesita respetar al derrotado. Ese derrotado pasará a la oposición y ocupará el espacio que sus votos le den.

                           Américo Martín retratado por Gabriel Méndez

Hay una efervescencia en las calles, hay una dinámica política, la oposición habla del fracaso del modelo, el gobierno dice que lo que fracasó fue el modelo rentista de la IV República, pero nadie habla del modelo que se va a implementar una vez que se produzca el cambio. El modelo que necesitamos como sociedad para superar la crisis, en todos los órdenes, por la que atraviesa el país. Muy pocos, por no decir nadie, habla de eso.

Es verdad que hay una gran confusión en torno a la definición de qué es el modelo. En parte porque el gobierno de Chávez, al igual que el de Maduro, lo identifican con el socialismo. Entonces muchos de este lado (opositores) consideran que el modelo que fracasó es el socialismo del siglo XXI. En mi opinión, no fracasó el modelo socialista del siglo XXI, y no fracasó porque nunca ha existido tal modelo. En el mundo entero no ha habido socialismo y no lo habrá, digamos, en los términos en que lo concibió Marx. Una sociedad altísimamente productiva en bienes materiales y espirituales, donde reinaba la libertad plena y donde no había Estado ni coacción. Marx decía habrá Estado durante algún tiempo, pero sus funciones irán languideciendo, bueno, ¿en cuál país del mundo, pregonadamente socialista desde 1917, año en que fue la victoria de Lenin en Rusia, ha habido un modelo que superara a los países capitalistas en producción material, en desarrollo científico, y en productividad? En ninguno. ¿En qué país del mundo, llamado socialista, ha habido un proceso de contracción paulatina del Estado? En ninguno. En todos se creó una burocracia inmensamente grande y al final todo se resolvió como la caída progresiva de las piedras del dominó. En todas partes pasó lo mismo y cada vez que se intente va a pasar lo mismo. ¿Qué pasó en el caso de Maduro? Lo mismo. Se confundió socialización con estatización y sacrificó la capacidad productiva de la economía real de nuestro país. Al sacrificarla se hizo más rentista que todos sus antecesores, dependiendo del petróleo, aprovechando los altos precios del petróleo. Pero eso es un azar. El modelo que fracasó es el modelo estatista y autoritario.

El propio compañero Marx habló de las crisis cíclicas del capitalismo. Teorías que se estudian en universidades del primer mundo. Pero dentro de nuestra pequeña comarca tenemos noticias de los vaivenes del precio del petróleo. ¿Cómo es posible que los asesores del gobierno, que el propio presidente Maduro no se hayan paseado por esa realidad y hayan dicho, señores, el precio del petróleo en algún momento va a caer?

No se paseó por esa realidad, por una gran ignorancia que hay en la cúpula del poder. El sueño, el narcótico de que los precios se iban a mantener altos por siempre, lo proclamó Hugo Chávez, 100 dólares el barril, ahí va a llegar, es el precio justo. El precio justo no existe. Existe el precio del mercado. Lo establece el mercado. Quiéralo o no. Yo no siento ninguna devoción por el mercado o no. Pero esto no es un problema ideológico. Es un problema real, de la realidad del país y del mundo. El mercado es el que establece el precio del petróleo. La Opep ha regulado, parcialmente, el precio incidiendo siempre sobre los factores del mercado. O restringiendo la producción, para que suban o aumentándola para que bajen. Ese es el drama. Depender de esto es una locura. Pero aparte del precio del petróleo está el problema de las estatizaciones. Desde que los laboristas (en Inglaterra), llegaron al poder, después de la Segunda Guerra Mundial, iban con esa ilusión de decir que el socialismo era la nacionalización de las empresas privadas. Eso fue lo que causó que Alemania y Japón, los dos grandes derrotados de la guerra, desplazaran a Inglaterra del predominio económico que ella tenía hasta que volvió a la realidad y abandonó esa locura de creer que el socialismo era la nacionalización de empresas. En China se han privatizado más empresas que en cualquier país del mundo. Y Cuba está tratando de entrar en el juego del mercado. ¿Cómo es posible que después de todo eso, Maduro siga confundiendo las nacionalizaciones con el socialismo?

Ha dicho por qué fracasó el modelo, pero no ha dicho una sola palabra sobre cuál es el modelo.

En primer lugar y, desde el punto de vista político, la defensa del pluralismo y la democracia. No es casual que los países más desarrollados del mundo, cualquiera sea su orientación (socialdemócratas, conservadores, o lo que sea), se han basado siempre en las reglas del juego democrático. Esto tiene un sentido económico también. Ningún inversionista se siente tentado a invertir en un país donde no haya un poder judicial autónomo, porque dice: Mañana la controversia que pueda haber entre mi empresa y el Estado, se resolverá siempre a favor del Estado porque tiene el control del Tribunal Supremo de Justicia. O mañana me van a hacer preso sin fórmula de juicio. No hay nada más temeroso, más tímido que el capital. El capital busca las máximas protecciones y la democracia puede brindártelas, porque tiene tribunales autónomos, porque tiene una contraloría, todo eso es libertad. Es decir, tenemos que establecer un régimen democrático. Y lo vamos a establecer bien por todo lo que ha sufrido Venezuela en estos 17 años y en los años anteriores, porque habiendo, básicamente una democracia, también se cometieron muchas arbitrariedades. Eso es verdad. De lo contrario, no hubiese ocurrido el chavismo. El punto es el siguiente. Con todo lo que se ha aprendido, el liderazgo actual tiene muy claro que tiene que ser una democracia no corrupta. Una democracia plural. Una democracia donde se permita la inversión privada, pero sometida a la ley y a la Constitución.

Un componente de la ecuación que no se puede ignorar son los sectores populares, cuya actitud ha sido muy pragmática al momento de votar por una propuesta. Las políticas públicas se diseñan para ganar elecciones o para mantenerse en el poder. Y muchas de ellas resultan pan para hoy y hambre para mañana.

Al revés. Hambre para hoy y prosperidad para mañana, porque si tú reduces el gasto, no permites, por ejemplo, 27 ministerios, que puedes reducir a la mitad, con toda su corte de prevalidos, si moralizas el Estado hasta donde puedas, si pones al frente de las instituciones a personas, cuyos nombres te hacen saber a qué atenerte, porque esa persona no va a recibir sobornos, que va a ser implacable, pero a la vez muy justo, con conocimiento del derecho, contra aquellos que roban o cometan delitos, es decir, desde el punto de vista del nuevo modelo, la democracia es básica, es fundamental. Lo otro que es fundamental es desestatizar lo que no puede seguir en manos del Estado. Yo no hago una religión sobre la propiedad, digamos, de que para que una empresa prospere tiene que ser privada. No. La industria petrolera, como empresa del Estado, funcionaba aquí muy bien hasta que llegó este desastre.

                           Américo Martín retratado por Gabriel Méndez

La moralización de la política es un asunto fundamental. En Venezuela, como lo dijo la historiadora Ana Teresa Torres, estamos en el “vale todo, vale nada”. 

La pregunta es: ¿qué hacemos con eso?

Ponemos a funcionar la democracia. La democracia no es un problema de creer que todos somos buenos o malos. La democracia es un mecanismo de contrapesos que desarticula y desestimula a los malhechores y alienta a quienes son honestamente bien intencionados. Tendrá éxito, total o parcial, pero es una propensión, un ambiente, favorable para los hombres probos y desfavorable para los corruptos. ¿Quién lo garantiza? No sólo la ley, sino las personas que tú pongas allí. Ellos garantizan con su propio nombre, con su honorabilidad, con su propio conocimiento que, en principio, tienes que creer en ellos. Además que el sistema los favorece para que sean imparciales, sean autónomos y los prestigia siempre que observen esos principios. ¿Qué gana una persona siendo autónomo en un gobierno como este? Que lo boten y lo metan preso, acusado de traidor y de apátrida. Allá no. Es decir, el ambiente favorable al funcionamiento de estos órganos del Estado.

¿Usted cree que la sociedad venezolana, a partir del 1ero de septiembre, se declaró en rebelión?

No, en rebelión no. La lección que dio no sólo es de protesta, sino repito, de propuesta. Siempre hay fundamentalistas, extremistas, bien intencionados, pero equivocados, que querían que el jueves la sociedad se declarara en rebelión. Pero lo que vimos fue una muestra de disciplina, de organización, de convicción, de cuál es el camino. Eso fue lo mejor que se demostró el jueves. Ahora vamos a seguir trabajando sobre esta base. Y no ha habido nunca, nunca, una comprensión internacional tan grande con respecto a lo que ocurre en Venezuela. El gobierno utiliza todos los medios y todos los recursos para hablar de golpe de Estado. Nadie cree que haya golpe de Estado, entre otras cosas, por razones pragmáticas. Si yo tengo la partida ganada, si cualquier elección que se vaya a hacer, yo la voy a ganar, como lo señalan todas las encuestas y como lo sabe el gobierno, ¿qué gana la oposición intentando un golpe de Estado, con todos los albures que rodean a los golpes de Estado cuando tiene la partida ganada? En cambio, ¿qué pierde el gobierno si se ciñe a lo que establece la Constitución (Referendo Revocatorio)? Pierde el poder. Pero ahí es donde estamos tratando de demostrarle al gobierno que perder el poder no es una tragedia en democracia. Será para unos pocos que han cometido demasiados delitos, pero en general y para el PSUV no es una tragedia.

04-09-16