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lunes, 22 de mayo de 2017

Constituyente, antipolítica y los jóvenes de Venezuela por @polis360


Por Piero Trepiccione


Con mucha frecuencia tengo la oportunidad de conversar con jóvenes de distintos lugares de Venezuela. Estudiantes universitarios, de educación media, trabajadores, desempleados, de sectores populares, de clase media, en fin, de diversas características y perfiles. Sin duda es una experiencia extremadamente interesante que me sirve para indagar y conocer de primera mano, cuáles son sus inquietudes, esperanzas y estado de ánimo frente a la coyuntura actual.

La primera impresión que recojo de ellos es que Venezuela tiene una generación de relevo maravillosa.

La primera impresión que recojo de ellos es que Venezuela tiene una generación de relevo maravillosa. Más allá de las circunstancias difíciles por las que están atravesando y que a muchos de ellos los ha obligado dejar la tierra de sus padres, noto una capacidad de interpretar las cosas y una irreverencia como no tuvimos las anteriores generaciones. Su capacidad de análisis es impresionante, soportada sobre un nivel de conocimiento extraordinario que tienen acerca del entorno en el que se desenvuelven. Quedo atónito generalmente cuando les escucho manejar herramientas teóricas y conceptuales con mucha propiedad y seguridad en relación a la situación particular que vive el país. Es una generación brillante golpeada por una severa crisis económica sin precedentes y que está tratando de tomar la sartén por el mango para hacerse responsable de su propio destino, muy diferente al que están viviendo.

Pero por sobre todas las cosas les indico la relación intrínseca que cada ciudadano tiene en el marco de la política con su individualidad.

En mis conversaciones con los jóvenes siempre les traigo a colación el fenómeno de la “antipolítica” que caracterizó al país durante las décadas de los ochenta y noventa. Les hablo acerca del repudio generalizado hacia la política que se sembró en Venezuela por más de veinte años, cuyas consecuencias son precisamente las que estamos padeciendo en la actualidad. Les comparto siempre la noción de política asociada al orden, las instituciones, la sociedad jurídicamente organizada en un Estado del cual todos somos partícipes. Pero por sobre todas las cosas les indico la relación intrínseca que cada ciudadano tiene en el marco de la política con su individualidad. Les recalco que cuando alguien dice “no soy político ni me gusta la política” es una frase usada incorrectamente y además imposible de aplicar. Nadie que haya nacido en un Estado puede marginarse de la política porque es parte de la misma arquitectura institucional que organiza la convivencia humana.


Me resulta sumamente agradable cuando -al escuchar estas explicaciones- los jóvenes de Venezuela clara y abiertamente expresan sus opiniones sobre el orden actual del gobierno, el rol de las fuerzas armadas, el funcionamiento de las instituciones educativas del país, el actual estatus económico de la nación e inclusive, hasta de política internacional y organizaciones hemisféricas. Y lo hacen con criterios, con conocimiento de causa, con herramientas comparativas que les permiten tener una visión amplia de sus pareceres y poder asegurarse un perfil de abordaje del actual entorno hostil al que están sometidos.

Debo confesar que cada vez que salgo de estos innumerables encuentros con jóvenes, me lleno de optimismo. La antipolítica está siendo derrotada con creces

Debo confesar que cada vez que salgo de estos innumerables encuentros con jóvenes, me lleno de optimismo. La antipolítica está siendo derrotada con creces en la Venezuela del presente. Estos muchachos saben muy bien la importancia de involucrarse en los asuntos públicos y ejercer la corresponsabilidad como ciudadanos que son. Lamentablemente ese ímpetu glorioso de participación protagónica está tratando de ser execrado del país con la propuesta constituyente más antidemocrática que hayamos conocido en la historia republicana de Venezuela. Una constituyente que aparece de la nada para negar los derechos democráticos que tiene toda la población venezolana y que, además, ni siquiera es la herramienta que necesita el país para resolver la difícil situación económica que es la prioridad absoluta en estos momentos.

No obstante, es el mayor desafío para probar el talante democrático de nuestra sociedad y las lecciones aprendidas en el marco de la antipolítica. Nuestros jóvenes tendrán que demostrar ahora, con la propuesta constituyente sectorizada que ha presentado a la nación el presidente Nicolás Maduro Moros, qué tanto son políticos y manejan adecuadamente las categorías de análisis de la política y que tan organizados con sentido estratégico pueden estar.

A mí en lo particular no me cabe ninguna duda. Nuestros muchachos se la están jugando con mucha firmeza y más importante aún, con claridad meridiana. Esta generación de jóvenes venezolanos, así como la que surgió en 2007, va a tener enormes responsabilidades en la agenda pública venezolana en -al menos- los próximos cincuenta años. Los verdaderos herederos de la generación del 28 están apareciendo hoy en cada rincón del país. Que orgullo para mí ser testigo de excepción de esta fenomenología.

21-05-17