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sábado, 6 de mayo de 2017

¡Ninguna Constituyente!, por Miguel Méndez Rodulfo



Miguel Méndez Rodulfo 05 de mayo de 2017

La opción de sacar debajo de la manga de la camisa una constituyente es una maniobra burda, carente de toda lógica y ofensiva a la inteligencia del venezolano. Un llamado como este es procedente en los albores de un gobierno con la intención de cambiar el modelo de desarrollo o la estructura del Estado, aunque ya sabemos por experiencia propia que ambas cosas no se logran por el mero cambio de la carta magna, sino que ello obedece al deseo de la sociedad por diseñar una nueva visión de país. La Constitución de 1999 nunca fue un proyecto de país, se trató más bien de un proyecto político diseñado fundamentalmente para fortalecer al Poder Ejecutivo. En todo caso, sus aspectos positivos, que indudablemente los tiene, fueron obviados en la práctica de gobernar del chavismo. Por otra parte no hay tal constituyente comunitaria, ni mucho menos pequeña. El artículo 347 de la Constitución establece sin duda que el poder constituyente originario reside en el pueblo, y el artículo 348 establece que la iniciativa de convocatoria la tiene: el Presidente de la República, la Asamblea Nacional o los Concejos Municipales. Al ser el pueblo el depositario del poder originario no se puede condicionar o mediatizar su participación en la elección de los constituyentistas, como pretende el régimen. De manera que es muy sensato no hacerle el juego al gobierno en este nuevo disparate, que lo que busca es ganar tiempo y enfriar la protesta.

Mucho menos en este momento histórico en que el pueblo ha sufrido la saña malvada de los instrumentos de represión del régimen y más de una treintena de jóvenes han pagado con su vida el deseo de libertad que sacude a la nación. Formar parte de esta pantomima, así como de cualquier diálogo, por mucho que lo convoque un Papa lleno de buenas intenciones, pero equivocado en su apreciación de la realidad venezolana, sería una traición a la memoria de estos mártires y una afrenta a sus familias. Afortunadamente la oposición está blindada en su rechazo a toda forma de manipulación gubernamental y ha perseverado en la protesta; sin embargo, ante la posibilidad de que la calle se enfríe hay que intensificar las manifestaciones, lograr una articulación estratégica con los sectores populares, echar el resto y plantarnos en la calle día y noche hasta que se vayan. Algo por el estilo debemos hacer.

El gobierno en su furia represora y en su afán por perpetuarse en el poder, esperaría que los militares venezolanos estuvieran dispuestos a reeditar la experiencia de Siria, algo extraordinariamente difícil que ocurra, porque el sector castrense venezolano fue formado en el ideario democrático, en el respeto a los derechos humanos y en la pertenencia al pueblo, por mucho que los altos mandos se hayan corrompido, e incluso que algunos hayan pasado a formar parte de las redes del narcotráfico. Los militares saben que salir a matar a la gente que protesta les asegura un banquillo en la Corte Penal Internacional y está claro que no asumirán ese riesgo por Maduro; antes le indicarán al inquilino de Miraflores el camino de salida. Por otra parte está el hecho cierto de los EEUU no van a tolerar en suelo americano una masacre semejante.

Los saqueos en la zonas industriales de Valencia, parecen la típica maniobra que el G2 cubano, desde su mesa situacional, le indica al gobierno para que mande los colectivos y produzca esos daños que afectarán indudablemente a Caracas y a todo el centro del país en la poca distribución alimentaria que actualmente existe; de manera que comer para millones de venezolanos se volverá cada vez mucho más difícil y, como todos sabemos, la inflación terminará aumentado por el tema de la escasez. Esta maniobra diabólica del gobierno busca descalificar la protesta y tener argumentos para sus acusaciones de terrorismo frente a la lucha irreductible de los venezolanos. ¡Vergüenza debía tener un gobierno al que su pueblo reclama libertad!

Miguel Méndez Rodulfo
5 de mayo de 2017