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lunes, 28 de enero de 2013

Desmontar esa bomba de tiempo


Por Mario Villegas, 27/01/2013
Columna de Puño y Letra

A riesgo de parecer fastidioso, insisto en llamar la atención sobre la bomba de tiempo en que el gobierno parece querer colocar a la sociedad venezolana. La apuesta total a la amenaza y a la confrontación, a la división del país en dos toletes, uno bueno (los seguidores de Hugo Chávez) y otro execrable (el resto de la nación), puede conducir a una indeseable implosión capaz de llevarse en los cachos lo que a los venezolanos nos queda de democracia, de libertades públicas y de protagonismo político y social.

Desde que, en vísperas de su cuarta operación, el presidente Hugo Chávez delegó en Nicolás Maduro la jefatura del gobierno y lo encumbró como su heredero político, abundaron quienes en el chavismo y en la oposición vislumbraron el inicio de una nueva era nacional, en la que bajarían los niveles de la intolerancia política y hasta se podrían concretar iniciativas orientadas a garantizar y reforzar la gobernabilidad, la estabilidad y la paz en el tránsito hacia una nueva elección presidencial. No faltaron líderes de oposición, analistas políticos, periodistas y medios de comunicación que exaltaban las virtudes de Maduro como hombre moderado, proclive al diálogo y a la conciliación, inclinaciones que habría evidenciado en su ejercicio internacional como canciller.

Pero lo cierto es que, contra todos los pronósticos, el vicepresidente derramó un pipote de agua helada sobre los chavistas y no chavistas que albergaron aquella ilusión. Tras unos cuantos días con el ahora belicoso Maduro al mando, los titulares y contenidos periodísticos pasaron de ser esperanzadores para recoger citas textuales de las insultantes y amenazantes ráfagas verbales del vicepresidente contra la oposición política y representantes de diversos sectores sociales no obsecuentes al gobierno.

Por su parte, la oposición ha venido reiterando su propósito de dialogar con el oficialismo y promover la reconciliación nacional. Pero que va. Desde el gobierno le responden que no hay conciliación posible y, por el contrario, arrecian el discurso violento y su batería de insultos y descalificaciones. La agresión física de un diputado chavista a uno de la oposición y el episodio violento contra activistas de La Hojilla y camarógrafos de un medio gubernamental en el acto opositor del 23 de enero, son el tímido primer capítulo de una interminable sucesión de partes de guerra en que podría derivar ese incomprensible afán oficialista de exacerbar la polarización política y la confrontación.

En medio de todo ese proceso en escalada, el vicepresidente Maduro le exige a la oposición que respete al presidente Chávez y a su intimidad. Pero resulta contradictorio y hasta tragicómico ver a estos verdugos mimetizarse en corderitos pidiendo clemencia para el Presidente, quien a lo largo de su mandato no ha sido precisamente un ejemplo de respeto y consideración para con ninguno de sus adversarios. Más bien podría decirse sin exagerar que Chávez ha sido el más inclemente de todos los verdugos rojo rojitos.

Muy enternecedora resulta la escena del vicepresidente Maduro pidiendo consideración para luego soltar la muy respetuosa amenaza de que el chavismo le va “a meter media yuca” a la oposición.

En la Venezuela de hoy, la más importante tarea patriótica es desmontar esa bomba de tiempo que está siendo alimentada desde el gobierno y que podría desbarrancar a la sociedad venezolana por turbulentos pasajes de insospechable final.

Publicado en la Edición Impresa del Diario 2001




Twitter: @mario_villegas

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