Por Simón García
Todos los que señalaron, aún
retóricamente, que el 1s abriría una nueva fase de luchas, tuvieron razón. Hubo
un cambio de calidad en la situación del conflicto político y en su percepción
por parte de sus actores fundamentales. La confrontación sociedad/gobierno pasó
a ser la contradicción dominante. Pero, aunque surgen indicios, no es seguro
que todos estén modificando ópticas y conductas.
La Toma de Caracas, al
avalar a la MUD, ratificó a los partidos como puntos de decisión. No el centro
hegemónico, porque otros componentes como la Iglesia, el movimiento estudiantil
o una intelectualidad emergente inciden en la resistencia que la sociedad opone
a una estrategia gubernamental que no es democrática, ni electoral, ni
constitucional ni efectivamente pacífica.
El protagonista del capítulo
1s fue el ciudadano común. Quien selló la escena durante la Toma de Caracas no
fue una multitud indiferenciada a la que designamos pueblo, sino ciudadanos con
una definida conciencia sobre lo que querían para el país, con una comprensión
sobre su responsabilidad personal y una clara disposición a asumir
individualmente los riesgos. Una aparición que los partidos deben estimular.
Es seguro que los dirigentes
y seguidores oficialistas, menos ideologizados y con mayor contacto a tierra,
sintieron que el país está harto del gobierno. Es posible que esa convicción
provoque un debate en el PSUV sobre el modo de reducir el rechazo y cómo
seleccionar el desenlace que les permita sobrevida después de Maduro.
En lo tocante a la MUD el
impacto del 1s es más complejo por los desafíos para construir una narrativa
movilizadora y configurar las presiones y propuestas que la sociedad les exige.
Una actitud, contundente y eficaz, para lograr que sea el voto del soberano el
que dirima el choque institucional y político.
La MUD tiene hoy un
liderazgo meritorio, buena parte del cual actúa por debajo de la línea de la
publicidad. En su cúspide más activa están Henrique Capriles, Henry Ramos,
Henry Falcón y Jesús Torrealba. A ellos se agregan, desde sus prisiones, esos
símbolos de libertad y justicia que son Leopoldo López, Manuel Rosales y
Antonio Ledezma. A unos y otros les corresponde contribuir unidos a lograr un
acuerdo de Integración Nacional que asegure la convivencia entre quienes han
operado hasta ahora como proyectos políticos rivales.
El 1s nos arrojó varias
verdades de sentido común: 1. Sin cambios no hay
estabilidad. 2.La llave del cambio es un entendimiento sobre el
revocatorio en el 2016. 3. El dilema principal de las instituciones
es respetar o ultrajar la Constitución Nacional. 4. La acumulación de
fuerzas ahora se trata de su empleo eficaz. 5. Es necesario aumentar
la presión popular y desmontar las ilegalidades del régimen. 6. No
hay golpe de Estado sino golpe de tres poderes públicos contra la democracia y
la Constitución. 7. Bloquear el referendo es más crisis. Votar es la
paz.
11-09-16

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