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martes, 20 de septiembre de 2016

Omar Zambrano: El estado de bienestar chavista está en quiebra por @mayearmas


Por Mayela Armas


La economía venezolana está sumida en una profunda crisis que se refleja en una alta inflación y escasez de artículos básicos. Frente a las severas distorsiones —causadas por el modelo de controles— la administración de Nicolás Maduro instrumenta acciones desordenadas que para el economista, Omar Zambrano, las sufren los más pobres.

Zambrano, quien estuvo en la gerencia de investigaciones del Banco Central de Venezuela(BCV) y fue economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al realizar un balance de la política económica y social del Ejecutivo no duda en señalar que la estructura de planes sociales del chavismo está en bancarrota y que un ajuste efectivo no es posible bajo el actual Gobierno.

Recientemente el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó cifras que evidencian que desde 2009, el número de hogares pobres ha estado en aumento ¿qué pasó con los denominados logros sociales? ¿los hubo?

—En los años de gobierno de Hugo Chávez hubo progreso social en el sentido de que Venezuela experimentó los frutos de un enorme boom de consumo y de consumo relacionado con el bienestar de la gente. El Estado creó una estructura de gasto social enorme que permitió que se filtrara el boom petrolero, pero esto no fue exclusivo de Venezuela, toda la región latinoamericana experimentó el mismo efecto. Y aunque hubo una reducción de la pobreza por la política redistributiva y la multiplicación de los precios del petróleo, los resultados no fueron impresionantes. Hubo países que redujeron más la tasa de pobreza que Venezuela. La calidad del progreso social fue endeble y la situación ahora es mucho peor que en 1998.


¿Por qué es peor que en 1998?

—El Gobierno estructuró políticas sociales que por el nivel de ingresos ocultaron las debilidades de los programas. Las políticas sociales eran ineficientes, sin transparencia y poco focalizadas, de manera que no estaban atendiendo a los más vulnerables. Países como Perú y Bolivia han resistido el choque externo, en ninguno ha habido un colapso del crecimiento y los indicadores sociales se mantienen en línea. Los indicadores sociales no solo dependen del tamaño de las transferencias, dependen de la capacidad de la economía de generar trabajo productivo y salarios que le permitan a la gente progresar. En Venezuela ahora es peor. Hay un colapso del estado de bienestar chavista y de las políticas redistributivas. Lo que ha sucedido en la actividad productiva es una recesión brutal. Tienes una economía al borde de la hiperinflación y los resultados pueden ser peores que las cifras que muestra el INE, que son cuestionables.

El Gobierno ha mantenido un discurso de que ha invertido en el área social 600 millardos de dólares y cuenta con un estado de las misiones. Los resultados de la política social indican que ese gasto no fue efectivo…

—No sé de donde (Jorge) Giordani ha sacado esa cifra, y suponiendo que sea cierta, incluye lo que se gastó en salud, educación, misiones. Sin embargo, ese gasto no fue eficiente ni focalizado. Por ejemplo, se desconoce el registro de beneficiarios, a dónde fue el dinero, de cuánto fueron las pérdidas por corrupción. De los 600 millardos de dólares ¿cuánto llegó realmente a la gente? No tengo dudas que algo llegó y que las políticas sociales estructuraron el boom del consumo que aumentó la sensación de bienestar, pero la verdad es que el aparato de política social del chavismo está en bancarrota hoy día, no fue diseñado para resistir un cambio en las condiciones. El estado de bienestar chavista está en quiebra económica y hasta moralmente. Esa manera de hacer políticas ha terminado dañando a la población. Los más pobres en Venezuela están viviendo una catástrofe social.
Este ha sido un Gobierno que ha repartido dinero, y en paralelo ha destruido el aparato productivo…

—Esta es la paradoja y el reto que hay para el futuro. El Gobierno creó programas sociales y conformó una red demencial de controles y de expropiaciones que puso de rodillas al sistema privado de producción, que es la fuente fundamental de empleo. Cuando se rompe el esquema productivo, se rompe la red de distribución que significa el mercado laboral. Es una paradoja que por mucho tiempo pudo producir una sensación de que la distribución era suficiente para generar ingresos y consumo en la gente. La recesión en Venezuela comenzó antes de que cayeran los precios del petróleo y con el descenso está agravada. El modelo colapsó en errores de conducción de la política económica.

Más restricciones

El Gobierno ha hecho un ajuste desordenado al recortar importaciones y gasto, mover el tipo de cambio y mantener los controles ¿qué puede pasar de aquí a diciembre?

—Me declaro incapaz de comprender cómo el chavismo toma decisiones económicas en estos momentos. No hay coherencia. En algunas áreas parece que hay ajustes, pero en otras reafirma los controles, las restricciones a la producción y la agresividad al sector privado. A lo que se suma una caída brutal del consumo por las importaciones. Hay ajuste macro sin decisiones, hay un ajuste chimbo, de mala calidad, que lo sufren los más pobres. No se hace nada para corregir las distorsiones. Por ello, no es posible un ajuste efectivo bajo la conducción del chavismo. Se requiere un plan coherente, un equipo calificado y credibilidad. Los últimos meses del año serán difíciles para la gente con la restricción de importaciones. Y con la inyección de dinero, habrá más inflación.

En las últimas semanas se ha disparado el financiamiento del Banco Central a las empresas públicas ¿a qué se atribuye ese repunte?

—El país se está preparando para un evento electoral. Con una recesión de 10 % del Producto Interno Bruto (PIB) lo que recaudes en impuestos no es suficiente.

Frente a un escenario de escasez, ¿qué implica que el Gobierno insista en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) y la Misión Abastecimiento Soberano?

—Es tener un control sobre la distribución de la escasez. El partido quita la actividad del bachaquerismo.

El Gobierno en marzo anunció modificaciones en la política cambiaria y no se ha avanzado más ¿eso significa que se quieren mantener los privilegios a un sector?  

—La parálisis es porque hay una coalición con diversos intereses. No se explica que los tímidos intentos de (Rafael) Ramírez y (Miguel) Pérez Abad hayan sido suprimidos, los intereses de algunos se impusieron.

 La gradualidad  

De haber una transición ¿qué medidas se tienen que tomar? y ¿cómo se evita que no afecten a los más vulnerables?

—El debate es si se aplica un ajuste de shock o uno gradual. La gradualidad debe estar enfocada, porque el plan debe producir un rebote rápido en el bienestar de la mayoría. Hay que dar el debate sobre la gradualidad, por ejemplo, en el tema fiscal hay que ver qué tan estricto se tiene que ser para cerrar la brecha, si hacerlo en un año o en tres años. El debate debe estar orientado hacia las variables: cómo quieres estructurar el rebote, qué áreas se requieren reactivar.

¿Cuáles son las acciones puntuales?

—Se requiere una estrategia para salir del control de cambio y volver a la libre convertibilidad, Venezuela debe ir hacia un tipo de cambio flexible. Esta economía tiene que resolver su financiamiento externo, el país está fuera de todos los mercados. Tiene que resolver la institucionalidad monetaria y fiscal, que el BCV tenga metas de inflación. El Estado debe retirarse de la actividad productiva. Hay que tener un mercado donde se garantice la competencia, una economía que sea capaz de generar empleo y estabilidad. El Estado tiene un rol importante, pero la actividad productiva debe estar en el sector privado.

¿Cómo se pueden insertar los sectores populares en las medidas para resolver la crisis?

—Hay que hablarles claro. Estos temas por muy abstractos que sean tienen que ser comunicados. Y aunado a ello se requiere una política económica productiva de inclusión, que sume a las grandes mayorías, y cause el mayor impacto posible.

En una transición ¿se tienen que focalizar los subsidios?

—Hay tres etapas en la transición: la emergencia, la estabilización, y el ajuste estructural. Y en la de emergencia hay que replantearse la política social para que se diseñen mecanismos de compensación inmediata a la población más vulnerable, que se den transferencias directas. Una política social más moderna.



18-09-16