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domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Qué frutos salen de tu corazón y de tu boca?, por @Pontifex_es



Papa Francisco 17 de septiembre de 2016

Santo Evangelio según San Lucas 8,4-15

La parábola del sembrador y su explicación: En aquel tiempo, como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: "El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!" Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender. La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia" Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

La verdadera protagonista de esta parábola es precisamente la semilla que, según el terreno donde cae, da más o menos frutos. Los tres primeros son improductivos: a lo largo del camino los pájaros se comen la semilla; en el terreno pedregoso los brotes se secan rápidamente porque no hay raíces; en medio de las zarzas las espinas sofocan a la semillas y, sólo el cuarto terreno es bueno, allí la semilla germina y fructifica.

1.- Jesús no se limita a presentar la parábola, también la explica: "La semilla que cae sobre el camino indica a los que escuchan el anuncio del Reino de Dios pero no lo reciben; así llega el Demonio y se lo lleva porque no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación.
2.- La segunda, la de la semilla que cae sobre las piedras representa a las personas que escuchan la Palabra de Dios y la acogen enseguida, pero superficialmente, porque no tiene raíces y son inconstantes; y cuando llegan las dificultades y las tribulaciones, se abaten. La semilla que cae entre las zarzas... se refiere a las personas que escuchan la Palabra pero, a causa de las preocupaciones mundanas y de la seducción de la riqueza, ésta permanece sofocada.
3.- Por último, la semilla que cae en terreno fértil representa a cuantos escuchan la Palabra, la reciben, la guardan y la comprenden, y así da fruto. El modelo perfecto de esta tierra buena es la Virgen María".

Esta parábola nos habla hoy a cada uno de nosotros como hablaba a los que escuchaban a Jesús hace dos mil años. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor arroja incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Cómo la acogemos? Y podríamos preguntarnos: ¿Cómo es nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a unas zarzas? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, sino cultivado con atención, para que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos.

Nos hará bien no olvidarnos de que también nosotros somos sembradores, Dios siembra semillas buenas, y también nosotros podemos preguntarnos: ¿Qué semillas salen de nuestro corazón y de nuestra boca? Nuestras palabras pueden hacer mucho bien y también mucho mal, pueden curar y pueden herir, pueden animar y pueden deprimir. Acuérdense: lo que cuenta no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella y del corazón. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 14 de julio de 2014)

Oración de sanación

Señor, gracias por sanar mi corazón y hacerme una persona nueva cada día. Tú eres mi escudo y mi fortaleza, te apiadas de mí en mis momentos de debilidad e invades de alegría a mi corazón. Hoy vengo a pedirte que me des generosidad para poner los talentos con los que me has capacitado al servicio de todos, sembrar el bien y la justicia, acompañando con empatía a mis hermanos en sus penas y sufrimientos.

Regálame, oh mi Dios, la bendición de contar con un corazón noble y generoso, atento a escuchar tu palabra, guardarla, ponerla en práctica y darte los frutos que necesitas para ayudarnos a construir un mundo más santo, según tu voluntad. Quiero perseverar en la fe. Ser santo como Tú eres Santo, que vaya por el mundo aliviando las heridas de los que tienen el alma dolida, consolando a los afligidos y asistiendo a los necesitados.

Quiero ser coherente a tu Palabra, dar ejemplo de Ti en todos mis ambientes, en el hogar, en el trabajo. Que me brillen los ojos y sea un gran entusiasta cuando hablo de Ti a los otros. Que yo pueda ser testimonio vivo de tu bondad, de tu alegría. Ven y anima a mi corazón para que siga luchando sin dejarme vence por ningún obstáculo o situación adversa que se me presente

Señor, quiero vivir este día sumergido en el abismo infinito de tu misericordia y de tu poder para nunca perder la fe ni la confianza en tu amor. Te entrego mis problemas y dificultades, sé que contigo puedo superar cualquier prueba que no me permita anunciarte como corresponde. Amén

Propósito para hoy:
Retírate del ruido del día por un momento y reza con tus propias palabras a Jesús pidiendo su bendición y protección para ti y los tuyos

Reflexionemos juntos esta frase:
"Pidamos al Espíritu Santo la gracia de tomar decisiones concretas en nuestra vida de acuerdo a la lógica de Jesús y de su Evangelio". (Papa Francisco)