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domingo, 18 de septiembre de 2016

Sobre la tolerancia a los intolerantes, por @felixpalazzi



FÉLIX PALAZZI 17 de septiembre de 2016
@felixpalazzi

En la sociedad en la que vivimos fácilmente solemos confundir lo que implica la tolerancia. Este concepto suele ser despreciado o mal interpretado. Algunos prefieren optar por una matriz existencial-altruista y hablar de “reconocimiento”, en vez de usar el cuestionado concepto de tolerancia. El hecho es que los conceptos existen y no podemos borrar de la historia de la humanidad aquellos términos que han ayudado a la construcción y la configuración de la convivencia civil. Repensar lo que la tolerancia significa es un imperativo en el proceso de reconstrucción de nuestro tan maltratado tejido social.

Es necesario evitar la falsa premisa de creer que la tolerancia supone el indulto a la justicia. Un sistema político no es tolerante cuando permite, promueve o ampara la persecución política o ideológica, el racismo o la segregación de género o condición sexual. Tampoco se puede considerar a un grupo de ser intolerante por exigir que la ley se cumpla por igual para todos, mucho menos se es intolerante por educar y crear espacios de convivencia. El dilema de la tolerancia no es que si tenemos que tolerar una ideología política o si es lícito o no actuar de una determina forma u otra.

La tolerancia está fundamentada en la justicia, es decir, dentro del marco legal y de derechos humanos inalienables. Para ser claros, no se puede tolerar la violación de los derechos humanos. Mucho menos puede ser interpretada como tolerancia la acción de dejar libre de la justicia a los responsables de cargos administrativos o del orden público que han violado los derechos constitucionales de modo sistemático y consciente. Todo lo contrario, sería una gran injusticia.

La tolerancia también suele ser vinculada con actitudes como la permisividad o la indiferencia. Ordinariamente ha sido entendida bajo el siguiente lema: “que cada quién viva y haga lo que le dé la gana, mientras no se meta conmigo”. Asumir esta interpretación es un problema pues entiende a la sociedad como un vecindario claramente delimitado, con espacios amplios y sin interacción. Pero la realidad es absolutamente contraria. Ésta suele ser en la praxis interactiva y relacional. Además, esta actitud produce indiferencia, jugando a favor de grupos interesados en mantener la opresión y la exclusión en una sociedad.

¿Qué es, entonces, la tolerancia?, ¿qué es lo realmente tolerable? Al referirnos a la tolerancia ponemos la atención en el valor o la actitud que representa. Al tratar de ponderar e individuar lo tolerable podemos fijar sus límites.

Lo primero que tenemos que identificar es que la tolerancia tiene una relación intrínseca con la verdad o lo que consideramos verdadero. Pero esto podría parecer llevarnos a un callejón sin salida, pues existen múltiples propuestas e interpretaciones que se presentan como verdaderas y reales. Entonces, ¿cómo saber cuál es realmente la verdadera?

La existencia de una pluralidad de interpretaciones no representa un callejón sin salida en esta complicada situación. Es sano y justo que en una sociedad existan diversas formas de pensar y asumir la vida. Lo que es un error es la falta de diálogo y comunicación entre partes en conflicto, o la imposición de una parte sobre la otra. Si queremos tener un criterio de discernimiento de lo que es verdadero y tolerable tenemos que apelar a la justicia pues, de otro modo, la injusticia falsifica y pervierte aquello que es verdadero. Solo desde la justicia sabremos lo que puede ser tolerado y lo que es absolutamente intolerable. La justicia permite restituir a cada quien lo suyo, garantizando la convivencia social.

Félix Palazzi
Doctor en Teología
felixpalazzi@hotmail.com
@felixpalazzi