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sábado, 17 de septiembre de 2016

Un nuevo fiasco de la diplomacia de Maduro





Grupo Avila 16 de septiembre de 2016

Los cuatro países miembros fundadores del Mercosur decidieron poner fin al impasse suscitado por el traspaso de su presidencia rotativa, formalizando un mecanismo de coordinación prescindiendo así de Venezuela.

La decisión, adoptada en razón de la inobservancia de los compromisos asumidos mediante el Protocolo de Adhesión de 2006, señala importantes incumplimientos en materia normativa y expresa que de persistir dicha situación para el 1 de diciembre próximo, Venezuela será suspendida como miembro pleno del Mercosur, lo cual constituiría otra grave señal de nuestro país para el mundo.

Resulta lamentable que Venezuela se haya colocado en tan embarazosa situación ante dicho bloque compuesto por países amigos y socios tradicionales. Es un nuevo fiasco para la política internacional del gobierno de Nicolás Maduro y otro golpe a la credibilidad del país.

El principal culpable de este impasse no es otro que el gobierno nacional, cuya actuación frente al Mercosur ha sido nefasta, desde su ingreso forzado al grupo hasta el presente, debido a una actuación caracterizada por la improvisación, la carencia de profesionalismo, el desconocimiento técnico y la preponderancia de la ideología sobre los intereses nacionales. Infortunadamente, el resultado no podría haber sido diferente al que estamos viendo.

El Ejecutivo Nacional y la anterior Asamblea Nacional descuidaron su obligación de incorporar al ordenamiento jurídico nacional importantes acuerdos y normas del Mercosur, por lo que nunca fueron puestas en vigencia, lo que se explica por la desidia y la ignorancia de los responsables gubernamentales.

El Mercosur vive una seria crisis producto de la desaceleración, pérdida de dinamismo y la ideologización en la que se vio envuelto durante los últimos años.

A nuestro juicio, la decisión de MERCOSUR, más allá de los incumplimientos, es también una reacción a la grave situación política y social que agobia a Venezuela, a las reiteradas violaciones a los derechos humanos y al comportamiento anti democrático del gobierno de Maduro empeñado en negarse a una solución democrática y constitucional oportuna a la grave crisis que afecta al país.

El presente impasse debería generar un acuerdo de carácter nacional que permita superar las graves fallas de gestión de nuestro país en ese bloque de integración. Sin embargo, no se trata simplemente de poner en vigor las disposiciones legales que se derivan de tales compromisos, mediante su incorporación al derecho interno, lo cual podría ser dificultoso habida cuenta el choque de poderes actual; habría que definir y ejecutar políticas que permitan al país aprovechar las ventajas que el bloque pudiera generar, lo cual sólo podría lograrse de común acuerdo entre el Ejecutivo y el Legislativo, con la participación de la sociedad civil, empresarios y trabajadores. El país cuenta con los recursos humanos y la experiencia necesaria para participar eficazmente en esa tarea, siempre que se haga bajo las condiciones adecuadas.

Mientras el gobierno nacional y su cancillería persistan en una diplomacia de confrontación y ofensas, negando u obstaculizando además el camino democrático y constitucional como solución a la grave crisis, la respuesta será como la que estamos viendo en Mercosur.

Caracas, 16 de septiembre de 2016

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