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viernes, 16 de septiembre de 2016

Una catástrofe inevitable, por Vladimiro Mujica




Por Vladimiro Mujica, 15/09/2016

Año 17 de la Era Chavista y todavía uno se encuentra con frecuencia con la pregunta de muchos venezolanos y de gente en el extranjero que se resume en: ¿Cómo es posible que un gobierno arruine a su propio país? Parte de la interrogante tiene que ver con aspectos éticos cuya vigencia en el caso de la corrupta oligarquía pasan a ser temas esotéricos, pero en otra dirección subyace la duda sobre si al gobierno no le convenía, como garantía de su propia estabilidad, mantener a la gente tranquila preservando un cierto grado de estabilidad económica, social y política que le permitiera mantenerse en el poder sin caer en este ciclo de caos y represión en que se ha convertido Venezuela.

Por increíble que parezca, la respuesta a esta importante interrogante es que la tragedia venezolana tiene sus orígenes en decisiones políticas y económicas muy concretas que condujeron de manera casi inevitable a lo que estamos viviendo. Probablemente uno de los documentos más reveladores para entender como nos metimos en esta trampa letal, es la carta pública que escribió Jorge Giordani, uno de los más estrechos colaboradores y mentor de Hugo Chávez. El mencionado documento, “Testimonio y responsabilidad ante la historia” se puede leer en su integridad en el sitio web de Aporrea (http://www.aporrea.org/ideologia/a190011.html)

Cito a Giordani:

A comienzo del año 2013 entregué al entonces vicepresidente Maduro un documento preparado a pedido del Presidente Chávez que planteaba lo acordado con él como programa de acción para el nuevo período presidencial. Se iniciaba con una síntesis de lo logrado y una estrategia de acción, la que copio:

“Orientación de la política económica pública en el inicio de un nuevo período presidencial”.

Una mirada hacia atrás nos permite identificar tres grandes objetivos que se propuso y logró nuestro proceso revolucionario.

1. Sacar del estado de abandono a importantes grupos desprovistos de las herramientas para superar graves privaciones materiales, culturales, de participación que les aquejaban. No le pareció al Gobierno ético no movilizar y transferir recursos a esos grupos tantas veces postergados y tratar de satisfacerlos con promesas para el futuro.

2. Desmontar la máquina de poder que tenían instalados los grupos externos e internos y que les habían permitido manejar a su favor el Estado y entre otros logros usufructuar en alta medida del excedente petrolero. Es posible ilustrarlo con la recuperación de PDVSA, de las concesiones petroleras, del Banco Central, del control del Comercio Exterior, de la tierra en poder del latifundio y de las comunicaciones públicas. Alinear a las FANB con los intereses populares y dotarlas de capacidad efectiva para defender los intereses del país frente a los intereses externos.

3. Crear un aparato público que en lo productivo dominara sectores claves de la estructura productiva, tales como insumos básicos, exportaciones de minerales, puntos clave del abastecimiento popular. Fortalecer paulatinamente las capacidades del sector público en su función de planificación y ejecución de la inversión productiva, en el manejo de empresas públicas y la formulación y puesta en ejecución de programas y políticas públicas diseñadas para construir una nueva organización social.

Y, en el mismo documento se añade:

El camino de desarmar y construir es arduo. La construcción del socialismo históricamente siempre ha constituido un desafío notable. En nuestro camino debimos enfrentar un Golpe de Estado, un sabotaje petrolero, y un ambiente externo hostil.

En este camino del proceso bolivariano era crucial superar el desafío del 7 de octubre de 2012, así como las elecciones del 16 de diciembre de ese mismo año. Se trataba de la consolidación del poder político como un objetivo esencial para la fortaleza de la revolución y para la apertura de una nueva etapa del proceso. La superación se consiguió con un gran sacrificio y con un esfuerzo económico y financiero que llevó el acceso y uso de los recursos a niveles extremos que requerirán de una revisión para garantizar la sostenibilidad de la trasformación económica y social.

Cabe citar:

  1. Ingentes recursos dedicados a la Seguridad Social.
  2. Mejorar la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos vía gastos del sector público.
  3. Importantes subvenciones a servicios públicos de primera necesidad (alimentación, electricidad, combustibles, agua, trasporte, bienes de consumo masivo, servicios de vivienda)
  4. Lograr el acceso a los recursos necesarios con un aumento sustancial del endeudamiento de PDVSA y endeudamiento interno del Gobierno Central, y con endeudamiento externo moderado.
  5. Mantener la tasa de cambio que favoreció las importaciones y redujo las exportaciones, ya limitadas de la economía privada.
  6. Subvención a empresas públicas con grandes déficits operacionales para velar en el corto plazo por el empleo y los salarios de quienes allí trabajan.

Fin de la cita.

La lectura de este texto, casi una especie de confesión ante la historia, revela que las decisiones de arruinar al sector privado de la economía, favorecer el populismo como política de Estado, apoderarse por asalto de la finanzas y las empresas del Estado para favorecer la causa revolucionaria y proteger a empresas insolventes y corruptas, no ocurrieron por accidente ni por error sino por diseño.

Jorge Giordani es hoy un perseguido del gobierno de Maduro y uno de los defensores de la tesis de que el así llamado “proceso revolucionario” tenía la orientación correcta que dejó el Comandante Chávez y que Maduro ha distorsionado, corrompido y traicionado. La verdad del asunto, como se desprende de una lectura cuidadosa y desapasionada del texto de Giordani, es que Maduro ha continuado todas y cada una de la políticas diseñadas por el dúo Chávez-Giordani al que convendría añadir a los ex -ministros Héctor Navarro y Víctor Álvarez, hoy también distanciados del gobierno. Maduro ha continuado la estrategia trazada desde los tiempos del gobierno de Chávez, la única compatible con el diseño de control político y social pretendido por el chavismo y que condujo de manera inevitable a la catástrofe que estamos viviendo. El desplome de los precios del petróleo, frecuentemente usado para explicar la crisis venezolana, solamente aceleró la hecatombe.

La conclusión es pues inescapable. Por increíble que parezca, la existencia de un país próspero, con garantías para la democracia y la libertad económica era intrínsecamente incompatible con el proyecto chavista. Aunque algunos de sus más entusiastas impulsores iniciales, hoy opositores del gobierno, no lo supieran.