10 Últimos

sábado, 17 de septiembre de 2016

La fuerza de Venezuela y su pueblo vs el poder de la cúpula corrupta por @damianprat


Por Damián Prat C.


Así fue en el Chile que venció a Pinochet 

¿Acaso es muy difícil entender cuan cuesta arriba resultaba para las fuerzas democráticas chilenas, ilegalizadas, perseguidas y criminalizadas, enfrentar el desafío de derrotar al sátrapa, asesino (y corrupto) Pinochet en el plebiscito de 1988, tras 15 años de dictadura? Para empezar ese plebiscito violaba la Constitución (la de la propia dictadura) que establecía una elección presidencial, pero Pinochet con algún fallo judicial complaciente (tipo TSJ) lo transformó en un plebiscito para estar 8 años más en el poder. Confiaba en que su control político y social, el miedo desatado mediante el terrorismo de Estado y el cierre casi total de espacios a la oposición, le darían el triunfo. No pocos opositores -especialmente en la extrema izquierda- acusaban que participar era ser colaboracionista con la dictadura, porque “es imposible ganarles con tanto abuso y ventajismo. Todo está arreglado” ¿Les suena familiar elargumento? Los extremistas siempre son iguales. Las mismas estupideces estériles. Había que luchar sin rendirse. Nada de la bobería del abstencionismo. Ni siquiera bajo el argumento nada desdeñable que “los militares no aceptarán perder. Si se les derrota con votos harán un arrebatón”. Trataron, sí, lo intentaron, pero no pudieron.

Los luchadores democráticos optaron por luchar pese a la abrumadora desventaja… ¡y ganaron!, derrotando al poderoso sátrapa. Derrotaron con lucha, coraje y votos al que había asesinado a miles, responsable de miles de casos de tortura, desapariciones y culpable de cientos de miles de exiliados. El Sebin arbitrario de allá, el que sembraba pruebas, encarcelaba, hostigaba, abusaba se llamaba Dina.


La Concertación Democrática, agrupando al Partido Socialista (el socialismo democrático), el Partido por la Democracia, la Democracia Cristiana y algunos otros se montó en el desafío. Una alianza variopinta de centro, centroizquierda y centro derecha. Unas pocas condiciones logradas por la presión internacional (OEA, UE, EE UU, etc.) les permitía actuar legalmente en un comando por el NO. Pinochet disponía de todo el poder, el control de los medios, la censura, el miedo, los recursos públicos e incluso era el Ministerio del Interior (bajo el mando de un militar) quien conducía el proceso electoral y totalizaba los votos. Los espacios de propaganda en los medios y movilizaciones de calle apenas tenían unos escasos permisos aunque fueron aprovechados con gran inteligencia y determinación. La dirigencia política hizo su trabajo, tras pagar mucha represión, organizando la lucha, diseñando una ruta democrática. El pueblo hizo el trabajo con coraje al votar masivamente NO. No mordieron los peines de la provocación de la violencia donde habrían sido derrotados porque Pinochet allí tenía todo el control. El dictador trató de desconocer el resultado. No pudo porque el pueblo hizo lo suyo con firmeza junto a la dirigencia política que mostró serenidad y control junto a la firmeza. Entonces se fracturó la unidad monolíticadel poder militar. Pinochet pudo imponer luego algunas condiciones de supervivencia pero la democracia triunfó. Fin de la dictadura (*).

¿Y en la Polonia comunista? 

Imagine el lector el enorme desafío que supuso para los luchadores de Solidarnosc (Solidaridad), en su mayoría trabajadores de las industrias junto a unos cuantos intelectuales, comenzar a luchar por imponer un sindicato independiente, que en el “gobierno de la clase obrera” (burla e ironía), no podían existir y eran ilegales. Sindicato para que discutiera condiciones de trabajo con el patrono-gobierno. Persecuciones, amenazas, despidos (como los de Sidor, Corpoelec, Seniat, etc.), encarcelamientos. Hubo huelgas, incluso huelga general, aguantaron represión, en ocasiones lograron triunfos parciales pero muchas veces los atropellos causaron retrocesos. Walesa y los otros líderes de Solidaridad fueron despedidos de los astilleros Lenin de Gdansk y otras industrias. En otra ocasión fue encarcelado un año y luego liberado. No hay que olvidar que además de un gobierno totalitario y dictatorial, Polonia era parte del llamado Pacto de Varsovia con dominio militar y ocupación de la URSS. La protesta creció y creció junto a la organización de los trabajadores y el pueblo.

El gobierno comunista se fue debilitando, a lo largo de varios años en los que hubo avances y retrocesos, con cada vez menos apoyo popular. La crisis forzó un cambio y los jerarcas militares comunistas fueron colocados por el aparatchik, a cargo del gobierno. La lucha popular crecía aunque no faltaban los puros y los sembradores de derrotismo que aseguraban que “no se podrá vencer salvo en una guerra porque los comunistas nunca cederán el poder”. Gracias a Dios que Lech Walesa y los luchadores de Solidaridad -acusados a veces, por insólito que parezca, de colaboracionistas o cuando menos ingenuos- no cedieron ante los sabihondos. Entre carcelazos, atropellos de todo tipo, represión, nunca se salieron de su norte: conquistar espacios democráticos y justicia social. Su casi único aliado era la Iglesia en un país de enorme tradición católica. El obispo Wojtila se convirtió en Papa, Juan Pablo II. La organización popular y la lucha siguieron. El gobierno militar comunista debilitado, se vio forzado a negociar. ¡El general Jaruzelski, dictador comunista, fue hasta el Vaticano a dialogar con Juan Pablo! Fin de mundo. No faltaron los duros de cafetín (en esos tiempos no había internet ni redes sociales, si no imaginen) que lanzaron rumores de sospecha de traición porque “¿quién puede negociar o dialogar nada con comunistas?”.

La crisis económica y política del régimen, la lucha perseverante que exigía que los sindicatos fuesen reconocidos por el gobierno, varias huelgas generales y grandes concentraciones, más las presiones políticas lograron que en 1988 -antes de la caída del muro de Berlín- el gobierno comunista se viera forzado a aceptar algunos cambios. Esta vez no era posible la invasión de los tanques soviéticos como en Checoslovaquia en 1968. En abril de 1989 Solidaridad fue legalizada y ese año se convocaron elecciones parlamentarias. ¡Fin de mundo! El gobierno comunista, de todos modos, controlaba la prensa y todo. Los circuitos electorales fueron organizados para que el “Partido único de los trabajadores”, es decir, el partido comunista y sus militares lograran mayoría aún con menos votos. Pero el triunfo de Solidaridad y sus aliados democráticos fue tan abrumador que la cosa fue al revés. Los cambios fueron indetenibles. Al poco Walesa fue jefe de gobierno. Nunca más partido único ni dictadura comunista. Con lucha, con sacrificios, con negociaciones y con votos. Sí, con votos.

Dos casos que, por supuesto, aquí apenas esbozamos muy sintéticamente. Dos dictaduras brutales semejantes. Una de extrema derecha militarista. La otra comunista y también militarista. Ambas derrotadas. Cada una en sus circunstancias muy diferentes pero también con elementos comunes: lucha y sacrificios perseverantes de años, cero soluciones mágicas falsas. Nada de resignarse ni pasividad y al mismo tiempo nada de loqueras. Organización y participación. Liderazgo político consistente. Construcción de una nueva mayoría nacional. Votos, para ganar, cuando se pudo obligar a ambos regímenes a aceptar elecciones y a pesar de las condiciones de brutal desigualdad. Diálogo y negociación cuando los gobiernos totalitarios, bajo presión, tuvieron que aceptarlo.

Cuenten conmigo siempre. Siempre

En esta Venezuela de hoy, arruinada por una claque de corruptos dizque socialistas. Sometida a una brutal crisis económica y social causada por una mezcla de estupidez ideológica, irresponsabilidad, derroche, megacorrupción y poder absolutista impune, el 80% del pueblo venezolano pide cambio y hacer uso del recurso CONSTITUCIONAL, DEMOCRÁTICO Y ELECTORAL del referéndum revocatorio. El CNE controlado por el régimen ha puesto toda clase trabas y obstáculos, tratando de impedirlo o aplazarlo hasta el infinito, violando leyes, su propio reglamento y la Constitución. Hoy, cuando esta edición esté impresa y circulando tendremos un nuevo episodio clave de esta lucha.

Esta Venezuela luchadora y democrática tiene hace rato una nueva mayoría nacional. Con un liderazgo político que ha conducido esta reconstrucción, mediante una clara e indeclinable ruta democrática, en Unidad y con mucho trabajo y esfuerzo. Esa nueva mayoría se expresó el 6D con un abrumador triunfo electoral parlamentario. Se manifestó maravillosamente el 1S en las calles. También en la protesta popular de Villa Rosa en Margarita que reflejó a miles de luchas populares, sindicales, gremiales. El régimen entró en una severa crisis de gobernabilidad que tratan de parapetarla con represión y tropelías. No ha sido fácil ni será fácil lo que resta de esta lucha, porque el régimen aún acumula mucho poder y control institucional indigno, poder militar y represivo. Aun gana en el terreno de la fuerza y la violencia, pero Venezuela y su pueblo la ganaremos. Conmigo cuenten siempre.

(*) Ver en YouTube 1. El dedo de Lagos. Un micro revelador. 2. El filme No. 3. El documental Chile: la historia NO contada


15-09-16