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jueves, 1 de septiembre de 2016

Tiempos de encrucijada por @miglatouche


Por Miguel Ángel Latouche


El jueves será un día complicado. Uno de esos días que nos hacen pensar en un país que se encuentra escindido. ¿Qué hacemos con este país roto? Es difícil hacer un ejercicio prospectivo a estas alturas. Veremos dos marchas, que se presentan contradictorias, que nos muestran dos visiones de mundo. Yo creo, a diferencia de lo que prevalece en el discurso público, que no se trata de un asunto de mayorías, sino de un asunto de funcionamiento. Es evidente que es Gobierno despliega todo el Aparato del Estado para garantizar su permanencia en el poder, sin evaluar suficientemente la aspiración de cambio que se siente en la calle. La verdad es que han perdido la capacidad para escuchar el clamor popular.

Estamos frente a un intento burdo por hacernos olvidar la ineficiencia gubernamental en el manejo de lo público, su poca capacidad para administrar en función de los intereses de la mayoría, las dificultades que enfrentan para generar bienestar, o mejor aún, para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de la población. Si hay una cosa clara entre nosotros es que este gobierno ha perdido la legitimidad de desempeño. Se trata, a fin de cuentas, de un gobierno torpe que no solo no ha logrado resolver los problemas de nuestra convivencia colectiva, los ha agravado.

La verdad es que da lástima ver el rostro que nos muestra el país. Largas colas para adquirir bienes de primera necesidad, falta de medicamentos, niños con hambre, familias cada vez más pobres, incremento de la inflación, delincuencia desbordada. Son muchos los males que nos ha dejado la Revolución. El deterioro de la infraestructura, por ejemplo, es cada vez más evidente, se trata de un ejército de destructores que pretenden acabar con nuestra vida civilizada.


Es interesante ver como el Gobierno se ocupa de manera incesante de permanecer frente al manejo de la Cosa Pública. Uno aspiraría que se dedicase a gobernar, pero, eso sería mucho pedir. El discurso gubernamental de los últimos días tiene un tono acusatorio. Todo aquel que no esté de acuerdo es susceptible de ser acusado de algo. Al parecer todos somos potencialmente culpables en este estado de sospecha que caracteriza nuestro tiempo. No es necesario mostrar pruebas. Basta con que se produzca la declaración pública de un funcionario para que se desplieguen las fuerzas del orden.

El caso de Ceballos llama la atención. Se le ha acusa de intento de fuga. De que la misma tenía la finalidad de escapar para ponerse al frente de los hechos violentos que se producirían el 1 de septiembre durante la movilización. Hasta ahora no se han presentado las evidencias correspondientes. Pero la declaración pública bastó para que su casa fuese visitada por el Sebin en horas de la madrugada y el ex – alcalde fuese trasladado a la penitenciaria de San Juan de los Morros. Revocándosele el beneficio de casa por cárcel. Lo mismo puede decirse de la persecución que se ha desatado en contra de algunos de quienes forman parte de Voluntad Popular.

 A estas alturas decir que acá no hay presos políticos es poco menos que un chiste de mal gusto. A los disidentes se les acusa de violentos, a los críticos se les acusa de violentos, a quienes manifiestan no estar de acuerdo se les castiga, tal como se amenaza hacer con los funcionarios 99 que firmaron el 1%.

Uno puede esperar que mañana presenciáremos, sin dudas, un gran despliegue policial, se cerraran calles, se tratará de evitar que la marcha recorra la ciudad. Se utilizará la fuerza pública para establecer el miedo como limite a la manifestación pública de quienes piensan diferente. Uno se pregunta qué modelo de país prevalecerá al final de la historia, ese que pretende imponerse sobre la sociedad, minimizándola, llevándola a negarse a sí misma, o esa otra que no es más que una aspiración. La aspiración de constituirnos alrededor de valores republicanos y, esencialmente, civiles. Vivimos en medio de una gran encrucijada. No queda claro cuál es el rumbo que segura el país en este devenir que se torna cada vez mas tortuoso.

Creo que esa dicotomía entre posibilidades es la que se juega el día de mañana. La posibilidad de reencontrarnos para reconstituir nuestros valores democráticos, la tolerancia como ejercicio de aceptación del otro, la iniciativa individual como mecanismo para alcanzar aspiraciones individuales y la posibilidad de hacernos cargo de nosotros mismos de manera responsable vs la posibilidad de que se imponga de una vez por todas la perspectiva autoritaria que reduce al ciudadano a una lógica clientelar, que exige la uniformidad de la sociedad, que niega la autonomía y el pensamiento independiente. En medio de esa profunda contradicción transcurre nuestra vida política.

Los venezolanos tenemos derecho a protestar, a manifestar nuestro desacuerdo, a hacer críticas. Creo que esa es la intención de la marcha del jueves. Reivindicar los derechos que han estado limitados por el ejercicio autoritario del poder. Le toca a la sociedad decidir su propio rumbo. Son tiempos de encrucijada.

31-08-16