Páginas

jueves, 14 de febrero de 2013

La devaluación


Por Angel Alayon, 12/02/2013

El ruido debe ser separado de la señal para poder aumentar la posibilidad de acertar una predicción, sugiere Nate Silver. En este caso, había ruido y mucho: menos de una semana antes del anuncio de la devaluación, el primer vicepresidente del Banco Central de Venezuela había declarado que no existían condiciones para devaluar la moneda. Días antes, el Presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional aseguraba que no había necesidad de una devaluación. Lo único bueno es que se sabe que este tipo de declaraciones son ruido: nadie anuncia una devaluación. Las señales, sin embargo, estaban allí para quien quisiera leerlas.

El gobierno incrementó el gasto público en el 2012 a niveles sin precedentes en la historia económica venezolana. El tamaño del gobierno superó la mitad del valor de todos los bienes y servicios de la economía (PIB). Durante el año anterior a las elecciones del siete de octubre, el gasto público aumentó un cuarenta por ciento, en términos reales. Las importaciones alcanzaron cincuenta y cinco mil millones de dólares para acompañar el incremento del consumo. Nada como una elección para que se dispare el gasto en busca de votos. Y nada como el gasto público para ganar elecciones. Pero alguien debe pagar por ese gasto. Y es verdad que no hay almuerzo gratis, pero no siempre pagan los comensales.

El déficit fiscal del gobierno central se estima en 7 puntos del PIB para el Gobierno Central y al menos 16 para el sector público consolidado. Es un déficit elevado: uno de los más altos del mundo si quieren alguna referencia (y no es que las cuentas en el mundo anden muy bien). El incremento del costo del dólar de 4,30 bs. a 6,30 es un alivio para las cuentas fiscales. Ahora el gobierno recibirá más bolívares por cada dólar petrolero. Tan conscientes del efecto fiscal de la devaluación están que el Ministro de Comunicaciones escribió en su cuenta de twitter: Cifras oficiales: el déficit del gobierno central baja de 5,5% a 3,3%”. Sí, el déficit bajará, pero no por arte de magia, al menos que haya un conjuro que desconozcamos. El déficit sigue allí, como el dinosaurio, y quizá no hayamos despertado.

Los intentos por desvirtuar el carácter fiscalista de la medida han generado declaraciones curiosas. El Canciller de la República declaró que el “ajuste cambiario” forma parte de las políticas para fortalecer la producción nacional y estimular la exportación”. Si esto es cierto, deberíamos esperar que en los próximos días el gobierno comience a entregar certificados de demanda nacional satisfecha, requisito indispensable para poder exportar alimentos desde Venezuela, y levantar la prohibición de exportación vigente.

Sí, en Venezuela existe una prohibición de exportar alimentos.
Pretender que la devaluación se llevó a cabo por razones competitivas, una medida vilipendiada como parte del Consenso de Washington, es por lo menos una paradoja. También llama la atención que ningún país haya manifestado su preocupación por la inminente inundación de sus mercados por productos venezolanos, una reacción típica ante devaluaciones que tienen efectos competitivos reales. La única preocupación que hasta hora se ha manifestado se refiere a la posibilidad del incremento del contrabando en una frontera en la que el control de precios y el de cambio distorsionan los términos de intercambio.

El cambio en el sistema cambiario venezolano eliminó el SITME y dejó varias preguntas en el aire: ¿habrá algún mecanismo distinto a CADIVI para la compra de divisas en Venezuela? ¿El gobierno pretende que CADIVI atienda toda la demanda de divisas en Venezuela? Algunos piensan que vienen nuevos anuncios, otros argumentan que aunque durante el anuncio de la devaluación se nombró al innombrable, el gobierno no intervendrá en ese mercado. ¿Se limitará CADIVI a entregar divisas a los bienes “esenciales y necesarios” que determine el novísimo “Órgano para la optimización cambiaria? ¿Cuáles serán los criterios para determinar lo “necesario”? ¿Es este “Órgano” un paso más hacia un modelo de estricta planificación centralizada? Estas preguntas tendrán respuestas pronto. La realidad siempre dice más que cualquier discurso, aunque algunos no quieran escucharla.
Aquel-que-no-puede-ser-nombrado tiene un efecto directo en los precios de la economía. Los precios se forman tomando en consideración no solo cuál es el valor actual del dólar, sino cuál será (cuál se cree que será) el precio del dólar en el futuro. Limitar la entrega de dólares a CADIVI ejercerá presión sobre los precios de la economía por la vía de las expectativas, pero también de los costos actuales, mientras haya agentes que sigan importando al innombrable. Esta situación hace pensar que todavía no está dicha la última palabra sobre el sistema cambiario en Venezuela, pues buena parte de los precios en Venezuela están ligados a la evolución del tipo de cambio. Y ya los precios, como sabemos, encendieron los motores. No necesitan de empujoncitos adicionales. Dejar de nombrar algo no lo hace desaparecer.
Mientras tanto, un fantasma recorre los anaqueles: la escasez. El BCV ubicó el índice de escasez en 20,4% en enero –el nivel que se considera normal es 5%-. Hemos alcanzado el nivel más alto desde el año 2008. Y ya sabemos que la escasez es dinamita política. El control de precios cumplió diez años mostrando señales inequívocas de agotamiento. Los precios de los alimentos han crecido casi el doble que el resto de los precios de la economía y la gente anda saltando de establecimiento en establecimiento para conseguir sus alimentos. ¿Hace falta algo más para entender que el control de precios es una política fallida? En los países que tienen seguridad alimentaria, los alimentos no son tema de conversación. Aquí parece ser nuestro tópico favorito y no por razones del arte culinario.
La escasez en Venezuela es consecuencia del control de precios, pero también del control de cambio. Parte de los insumos y materias primas de la industria de alimentos son importados y requieren divisas. La insuficiencia de divisas o la entrega inoportuna de los dólares afecta la estructura de costos de producción, lo que complica la producción en el marco de un control de precios en el que hay productos que llevan hasta dos años sin ajustes de precios.
El tema de discusión no es solo cambiario, ni estamos hablando de un problema económico de corto plazo. Es una hora de definiciones en materia de modelos económicos (y políticos). Las arrugas se pueden correr, pero siempre se corre el riesgo de romper la tela. Ante políticas y mecanismos agotados, esperemos nuevas medidas. Frente al abismo, siempre hay al menos dos opciones. Mientras tanto, la economía no espera: desespera.
Publicado por:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico