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miércoles, 25 de abril de 2018

A García Moure: No hay sacrificio en vano por @froilanbarriosf



Por Froilán Barrios


El sindicalismo mundial y en particular el latinoamericano han sufrido una terrible pérdida, el fallecimiento acaecido el 23 de abril de 2018 en la ciudad de Maracay de uno de sus líderes más reconocidos, Eduardo García Moure.
De origen cubano, desde niño en La Habana dio sus primeros pasos en procura de organizar a los trabajadores a través de su instrumento fundamental: el sindicato, vocación que lo impulsó a luchar igualmente por la democracia.

Formó parte del proceso revolucionario que derrocó al dictador Fulgencio Batista en 1959 al lado de Camilo Cienfuegos, contrafigura de Fidel Castro, condición que originó su muerte en extrañas circunstancias y su distanciamiento en los albores de la Revolución cubana ante el cambio de rumbo impuesto por el entonces pichón de dictador.

Desde sus inicios en el sindicalismo fue militante de las Juventudes Obreras Cristianas, posición que determinó su salida de Cuba. Exiliado, asumió Venezuela como su segunda patria, como él nos decía: “Soy cubano de nacimiento, pero llevo en mi sangre a esta tierra que me abrió sus brazos y hospitalidad”.

Como militante del sindicalismo socialcristiano se dedicó a organizar desde Venezuela la Central Latinoamericana de Trabajadores, filial de la Confederación Mundial del Trabajo, una de las centrales sindicales más importantes del mundo, conjuntamente con la socialdemócrata Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres. Fue artífice del proceso de unificación sindical mundial: a nivel continental en la Central Sindical de las Américas en 2005 y universal en la Confederación Sindical Internacional en 2006.

Es fundamental destacar que la labor de impulsar la Central Latinoamericana de Trabajadores la desarrolló al lado de otro líder del sindicalismo socialcristiano latinoamericano, Emilio Máspero, quienes fueron los artífices de la creación de la Universidad de los Trabajadores de América Latina, por cuyas aulas en San Antonio de los Altos pasaran decenas de miles de trabajadores a nivel nacional y continental, orientados bajo la formación de un sindicalismo de perfil ético y profesional en defensa de los trabajadores. A su venta al gobierno se opuso hasta el final, por considerarla un patrimonio del sindicalismo latinoamericano.


Tuvimos la satisfacción en el Movimiento Laborista de conocerle como amigo y militante hasta el final de su vida. Hombre honesto, leal, convencido de la fuerza de los trabajadores como futuro de la humanidad, nos legó una inmensa obra resumida en uno de sus libros: No hay sacrificio en vano. Compromiso que se manifestaba en cada uno de sus actos tanto en Venezuela como internacionalmente.

Por tanto, no era extraño verlo en su peregrinar, sin importarle sus más de ocho décadas de existencia, con un fardo de conocimientos –o bien con la revista Desafíos o bien con libros– y un permanente pensamiento: “Me propuse dar a conocer la realidad de Cuba desde la perspectiva de los trabajadores”.

Compartimos hoy su ausencia, su alegría de vivir, su dedicación a la causa de los trabajadores. Nuestras lágrimas son homenaje a un gran hombre cuya lealtad y perseverancia son el emblema de su equipo, Solidaridad de Trabajadores Cubanos, sus familiares y de todo aquel que tuviera la dicha de haberle conocido.

25-04-18