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miércoles, 25 de abril de 2018

Construir la Caracas de la convivencia por @RobertoPatino



Por Roberto Patiño


Superar el modelo destructivo del régimen tiránico de Nicolás Maduro será posible mediante una transformación social que provenga de la reflexión devenida acción. Puede ocurrir en tres niveles. El primero, mediante la organización de las propias comunidades. El segundo, por decisiones de representantes electos que lleven adelante políticas públicas para lograr cambios desde el Estado. Y el tercero, a través de organizaciones con fines de lucro.

Nosotros creemos que el cambio es posible a través del empoderamiento de las comunidades, para que luego estas sean capaces de actuar en su sector y elegir a representantes políticos comprometidos con la organización comunitaria y la resolución de los problemas más importantes (como la violencia) y urgentes (como la alimentación) de forma sostenible.

Por eso, desde Mi Convive y Alimenta la solidaridad, seguimos trabajando en el municipio Libertador, tejiendo redes de confianza, organizando a las comunidades y aplicando medidas de contención a los problemas de la violencia y el hambre. Seguimos comprometidos con los caraqueños para construir la Caracas en la que nos gustaría vivir

El pasado 18 de abril, realizamos el Encuentro 2018, en la Quinta Anauco, para mostrar todo el trabajo que venimos haciendo y dar la oportunidad a seis de nuestros líderes comunitarios de que contaran sus historias y cómo estas se relacionan con los valores que promovemos.

Casi todos nuestros líderes han padecido la violencia y sus consecuencias en su más cruenta expresión. O han tenido contacto con tragedias cotidianas que ocurren en sectores populares: situaciones de dolor y desamparo. Es por eso que todos nuestros líderes cultivan la empatía junto a nosotros.


La empatía es la posibilidad de sentir con el otro, de ponernos en sus zapatos: de hacer un puente hacia sus vivencias. Un valor que se ve reflejado, por ejemplo, en la historia de Yasiri Paredes, quien tuvo el valor de compartirla con todos nosotros –y desde la tarima– en el Encuentro 2018. Ella, en la infancia, tuvo que abandonar la conflictiva casa de sus padres para mudarse a una casa hogar, en la que se formó: se alimentó en cuerpo y mente. Muchos años después, Yasiri es una de las madres colaboradoras que atiende el Comedor de Alimenta la Solidaridad en la parte alta de La Vega, un espacio en el que ha podido verse identificada en los ojos de cada uno de los 110 niños que esperan con ansias, tal como hiciera ella muchos años atrás, que una mano amiga le dé un plato de comida.

Ahí evidenciamos que la empatía es solo el primer paso, pues cuando te conectas con el sufrimiento del otro y decides intervenir llegas a la solidaridad, que no es otra cosa que la empatía llevada a la acción. Es esa mujer que ve el hambre de los niños, se conecta con ese dolor y se dispone a ayudarlos.

Todo eso es posible, incluso, en comunidades con altos índices de violencia. En las que algunos vecinos se agreden entre sí, siguiendo el modelo fomentado por el régimen. Comunidades en las que hace falta destacar el valor de la convivencia: el poder vivir cerca de otros que no necesariamente compartan nuestras ideas o nuestra forma de pensar. El aceptar las diferencias y la pluralidad, para encontrar puntos en común y poder construir una convivencia real que haga florecer lo mejor de nosotros.

Una convivencia que nos permita organizarnos, no de una forma vertical: con un líder mesiánico que ofrezca todas las respuesta y tome todas las decisiones; sino de forma horizontal, como lo hacemos en Mi Convive y Alimenta la Solidaridad, espacios en los que promovemos que cada líder tenga su criterio e impulse sus propias acciones.

Creemos en el empoderamiento social. Por ejemplo, estamos convencidos de que las madres pueden ser las responsables del día a día de los comedores. Sabemos y entendemos que nada debe suceder sin que la comunidad sea la protagonista. De esta forma, mediante la organización, logramos que el empoderamiento social dé paso también el empoderamiento económico y que lo complemente: no queremos que nuestros programas dependan solo de las donaciones de otros, queremos que se sustenten con sus propios pies y sean sostenibles en el tiempo.

Un ejemplo de esto es el que nos mostró Luisangela Rivas, otra de las líderes que contó su historia en el evento. Luisangela viene de un hogar cargado de violencia y padeció el asesinato de sus dos hermanos, para luego agravar su situación de vulnerabilidad al convertirse en madre soltera de forma prematura. Ella ahora forma parte de nuestro equipo y de un proyecto para que podamos pasar a vender almuerzos a los profesionales de Caracas que deseen comprarlos. Este trabajo, que realizarán madres de los comedores que están siendo formadas en el quehacer en las cocinas profesionales, va a generar los recursos para alimentar a los niños de los comedores. Así, con un plato de comida comerán tres personas: el profesional que la compra, la chef que recibe un salario por su trabajo y un niño de la comunidad.

No es suficiente con tener una visión y un proyecto. No basta solo con ideas. Si no nos movilizamos, los cambios que queremos nunca van a suceder. Es fundamental llevar a la acción todos los planes, hacer que las cosas sucedan y no esperar que otros las hagan por nosotros. Tanto en Mi Convive como en Alimenta la Solidaridad, estamos convencidos de que todos podemos organizarnos para movilizarnos en beneficio de los cambios que queremos.

El Encuentro 2018 lo celebramos un día antes del 19 de abril, fecha en la que, durante el año 1810, inició en Caracas la emancipación de Venezuela. Hoy, al igual que hace 208 años, los venezolanos buscamos la salida a un régimen popular y tiránico que ha fomentado una devastadora crisis, instalando una situación de caos, hambre e inseguridad que día tras día se cobra la vida de más venezolanos.

Pocas veces se alude a esto, pero la Guerra de la Independencia tuvo un altísimo costo entre la población. No solo por las vidas humanas que se perdieron, sino porque específicamente Caracas quedó absolutamente destruida.

Los estragos de la guerra generaron conflictos sociales de todo tipo, ante los cuales los ciudadanos tuvieron que organizarse para hacerles frente. La reconstrucción de Caracas fue posible gracias al tremendo esfuerzo que hicieron los propios caraqueños en beneficio de recuperar la ciudad.

Del mismo modo, ahora es urgente que nos unamos y organicemos. Para nosotros es fundamental que juntos podamos construir una Venezuela solidaria, productiva: que superemos los esquemas rentistas y dependientes, que podamos pararnos con nuestros propios pies. Y que también seamos capaces de movilizarnos en favor de lograr las metas que anhelamos, en favor de recuperar la democracia y superar la crisis.

24-04-18