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viernes, 20 de abril de 2018

¿Formamos para la cooperación o el individualismo? Por @CECODAP @FERNANPEREIRAV



Por Fernando Pereira


Basta que un caso de violencia en una escuela se haga viral para que comiencen a llegar reportes de padres que señalan cómo su hijo o hija viene siendo agredido o excluido en su centro educativo con la sensación de que no ocurre nada. Pensar que se trata de casos aislados o particulares no apunta a elementos de fondo que se deben revisar.

La escuela tiene que examinar cuál es el clima de las relaciones en su interior, cómo se relacionan sus miembros. ¿Estamos formando para la cooperación? ¿Para la solidaridad? ¿Se premia en nuestro centro al estudiante que ha apoyado a un compañero en dificultades? ¿Al que ha socorrido a una víctima de un accidente? ¿Quién ha compartido su merienda con quien la necesitaba? O por el contrario, ¿solo se premia a quien obtiene las mejores calificaciones aunque haya actuado egoístamente en el aula?

Hay que revisar los métodos. No podemos pretender que un espacio de cooperación se genere si los métodos pedagógicos que empleamos promueven el individualismo y egoísmo. No podemos aspirar que se aprenda a cooperar espontáneamente. Una investigación del Instituto Pedagógico de Caracas señala que las investigaciones revelan que el maestro dedica 80% del tiempo dictando clases y el 20% restante es para que los niños respondan las tareas. Muy poco tiempo se dedica a trabajar la parte social y emocional.

Una escuela que solo valora lo cognoscitivo está educando a un ser humano segmentado; no está formando holísticamente a una persona que se desarrolla integralmente, como un todo. No está formando al ciudadano que aprende a convivir, a discutir, argumentar, discernir, dialogar, acordar. ¿Cómo convivir pacíficamente entonces?


Ha cambiado la sociedad pero no la escuela. “Vivimos en un mundo educativo que no es muy diferente al de hace 30 o 40 años, a pesar de que la sociedad ha cambiado profundamente”, dijo el profesor Cheng Kai Ming, catedrático en Educación de la Universidad de Hong Kong. “La educación fue concebida para reducir las disparidades y sin embargo ahora está creando disparidades”, señala.

Aprender a convivir es el principio fundamental que debería vertebrar la educación en una sociedad que nunca antes había estado tan integrada y a la vez sido tan vulnerable como lo es ahora. “Los cuatro pilares de la Unesco tienen que convertirse en valores que sean integrados en la educación: justicia social, derechos humanos, solidaridad e igualdad de género. Tenemos que protegernos los unos a los otros y juntos proteger el medio ambiente, estos son los valores que tiene que guiar el cambio”, señala Angie Motshekga, ministra de Educación Básica de Sudáfrica.

Contundentemente lo señalan Aron y Milicic: “Lo que se aprenda en este contexto (escolar) en relación a cómo se resuelven los conflictos, el establecimiento de relaciones de respetoentre pares, estilos de relaciones con personas de diferentes niveles jerárquicos, etc., es lo que los futuros ciudadanos repetirán desde las posiciones que ocupen en la comunidadcuando sean adultos”.

18-04-18