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domingo, 23 de abril de 2017

#SalimosDelGuaireLimpiosDeConciencia por @WillyMcKey


Por Willy McKey


En ocasiones, para no dejar que la emoción intoxique un texto, lo mejor es repasar los hechos uno por uno y en orden.

Suele ser lo más conveniente para las ideas.

Uno de los rumores que corrió la noche del 20 de abril de 2017 hablaba de unas supuestas luces antiaéreas ubicadas en Miraflores. No era tal cosa. El efecto era generado por unos enormes reflectores ubicados en el centro de Caracas, como anuncio de que el gobierno iba a inaugurar en el Teatro Municipal un festival a como diera lugar.

El Teatro Municipal tiene una historia vinculada con el culto a la personalidad, como la mayoría de los edificios afrancesados que la capital le debe al dictador Antonio Guzmán Blanco. Sin embargo, en esa historia menor que tiene todo teatro caribeño, llama la atención que la obra con la cual se inauguró fue Il Trovatore, de Verdi. El tema sería aplaudido por Guzmán, ese claro ejemplo del autócrata ilustrado que supo disolver más de un alzamiento mientras estuvo en el Poder.

Il Trovatore es una ópera cuyo argumento se basa en una obra de teatro de Antonio García Gutiérrez y cuyo eje es un episodio de la historia de Fernando de Aragón que en catalán se conoce como “revolta del comte d’Urgell”: un levantamiento que fue sofocado rápidamente, cuando el Poder decidió impedir que las bases se comunicaran entre sí.

El festival se inauguraría en el Teatro Municipal. Sin importar que en algunas esquinas de esta misma ciudad hubiera gente asfixiada por bombas lacrimógenas. Sin importar la tensa calma de cada tarde en las zonas populares donde cuerpos de seguridad y paramilitares asustan con una violencia apadrinada. Sin importar que varias familias estuvieran arrancando sus novenarios.


Un conjunto de agrupaciones decidieron retirarse del festival y emitieron un comunicado. El gesto fue considerado suficiente por algunos, pero una acción del Ministerio del Poder Popular para la Cultura replanteó el escenario: durante la misma noche en la cual se reportaban sucesos violentos en la Av. Victoria, en El Valle, en el pueblo de Baruta, la cuenta oficial del ministerio decidió sumarle a cada mensaje el hashtag que etiquetaba como estiércol a los manifestantes opositores que se vieron forzados a cruzar el río Guaire escapando de la represión policial el pasado 19 de abril: #AlGuaireLoQueEsDelGuaire.

Una importante cantidad de creadores condenó el hecho de inmediato y denunció la acción ofensiva, denigrante. Era inconcebible que la cartera ministerial que debería velar por nuestra capacidad creadora, por nuestra identidad, por aquello que aún con las diferencias políticas debería convocarnos a todos, insistiera en una vergüenza iniciada por el partido de gobierno y retuiteada por el primer mandatario: referirse a un grupo de ciudadanos asustados como excremento, como mierda.

La acción del arte vivo aguardó. Y durante la inauguración de un festival que no se detuvo, como si en la ciudad no estuviera pasando nada, un grupo de artistas de los que se retiraron de la agenda cultural propuesta por el gobierno, se paró delante del Teatro Municipal, en la simple acción de desplegar una pancarta para responder a aquel hashtag macabro con otro: #SalimosDelGuaireLimpiosDeConciencia

El festival seguirá. Seguirá sin que el nuevo hashtag sea visto en la esquina de alguna pantalla de la televisión abierta, sin que la pancarta pueda contar con la enorme plataforma del sistema de medios públicos, sin que ningún ministerio lo incluya en su programación.

Aunque al final de su vida política Antonio Guzmán Blanco tuvo como oposición a una irrepetible generación de intelectuales y líderes estudiantiles, el único enemigo político que pudo sacarlo del Poder fue su salud. Varios dictadores han tenido una longeva biografía política, y la muerte de alguno que otro ha sido motivo para suspender eventos culturales. Incluso en otros países.

Y aquí es inevitable pensar que el Suena Caracas fue suspendido por la muerte de Fidel Castro, por usar el ejemplo más a mano.

Pero al parecer el asesinato de ciudadanos comunes, la violación de los derechos humanos de los manifestantes, e incluso los intentos de rebelión militar de conspiraciones denunciadas por el mismo gobierno, no parecen razones suficientes para frenar el ascenso del telón.

Y aquí es inevitable pensar en que durante la tragedia de Amuay, una de las frases de Hugo Chávez Frías fue aquel incómodo “Lamento lo sucedido, pero el show debe continuar. La vida debe continuar”.

Del lado oficial, mientras el grupo de artistas sostiene la pancarta con el nuevo hashtag dedicado al río pútrido de Caracas, la vocería oficial de la Alcaldía de Libertador se limita a responder desde la retórica.

Y es innegable que quedan bien parados: para eso es la retórica. La autoridad municipal aprovecha el lugar de enunciación de quienes en algún momento aprobaron la participación de estos grupos que ahora se retiran.

Y así aprovechan una fragmentación lógica.

Habrá quienes digan que las agrupaciones no debieron retirarse, sino aprovechar el espacio. Habrá quienes estimen que nunca debieron haberse postulado a un evento organizado desde el Poder. Habrá quienes crean que haberse postulado y retirarse luego fue lo correcto.

En ocasiones lo único que mantiene a un individuo en el Poder es la incapacidad que tienen las bases para comunicarse entre sí. Tal como sucede alrededor de la música y las voces en Il Trovatore de Verdi. Tal como sucede en la historia de los pueblos. Tal como sucede en la cultura.

Sin embargo, hay asuntos indefendibles, como un ministerio entero ofendiendo a los conciudadanos (y espectadores) de quienes siguen en la parrilla de programación del festival de teatro y de quienes decidieron retirarse.

No habrá quien celebre esa vergüenza.

Si algo debe celebrarse de esta acción viva es que el arte decidió ausentarse de los escenarios, porque al parecer sabe que debe seguir operando en la calle.

En contextos como el que vive Caracas este abril, las ideas demandan algo que va mucho más allá del cliché de que el artista deje de serlo con la excusa de ser ciudadano. La historia de la lucha política del arte está llena de ejemplos donde lo que hace el artista es crecer y atreverse a abrir las ventanas hacia aquello que Brecht llamaba “lo justo” y disponerlo para los ojos de todos.

En especial para los ojos del Poder.

Porque lo que ha salido del Guaire no volverá al Guaire.

Ya no.

Lo que ha salido del Guaire es mucho más que manifestantes empapados por la corriente podrida.

Lo que ha salido del Guaire es mucho más que un grupo de artistas empapados por la lluvia.

Lo que ha salido del Guaire tiene otra forma y otra temperatura.

Ya los creadores empiezan a asumir la responsabilidad de abrir las ventanas que nos permitirán avistarlo: tomar lo que ha salido del Guaire y hacerlo memorable.

Uno por uno. Y en orden.

21-04-17




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