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domingo, 13 de julio de 2014

Aveledo: «Hay una lucha interna en el gobierno de Venezuela por hacerse con el legado de Chávez»

GERMÁN PACHECO VALERI / MADRID 12 de julio de 2014

El destacado opositor asegura que el chavismo está dividido y que la oposición trabaja para lograr el apoyo de una«amplia mayoría» que permita cambiar el rumbo del país

Ramón Guillermo Aveledo (Barquisimeto, Venezuela, 1950) es el secretario general de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), la coalición de partidos políticos de oposición al chavismo en Venezuela. Desde 2008, cuando fue creada, la MUD ha logrado unir a la oposición venezolana para hacer frente al gobierno de Hugo Chávez y posteriormente al de Nicolás Maduro. Aveledo ha hablado con ABC en Madrid, donde este sábado recoge el premio Oswaldo Payá por la democracia y los derechos humanos que ha otorgado el PP a la MUD.

–¿Cuál la situación actual de Venezuela?
–Nuestro país está atrevesando un proceso de cambio. En el seno del gobierno hay una transición, porque ha pasado de la legitimidad carismática a la legitimidad burocrática. Maduro ocupa el lugar constitucional de Chávez, pero no su lugar político. La disputa interna que hay en el chavismo ahora es porque no saben quién representa y custodia el legado de Chávez. No es un debate menor si se toma en cuenta que fue el propio expresidente quien designó a su sucesor. A esto hay que sumarle el déficit fiscal y la incapacidad de mantener unas políticas económicas nefastas. El dinero no alcanza y el gobierno aún no se adapta a las circunstancias.

¿Está la oposición dividida en este momento?
– Nos estamos adaptando a estos cambios. Tenemos que acentuar la oposición en los temas económicos y sociales, que son los asuntos que afectan a todos los ciudadanos. Hay algunos compañeros que tienen otra estrategia, que prefieren centrarse en lo político, pero las diferencias en cuanto a la táctica que ha habido no deben ser impedimento para poder encontrar una nueva estrategia común para lograr nuestro objetivo, que es una Venezuela de progreso y libertad. Lo que sucede es que últimamente el énfasis retórico ha estado puesto en aquellas cosas que nos diferencian y no en las que nos unen.

Henrique Capriles dijo hace pocos días que con «la salida» (el llamado a la protesta en las calles que hicieron Leopoldo López y Maria Corina Machado) todos perdieron. ¿Qué quiso decir con eso?
–Creo que las diferencias hay que procesarlas. Las palabras de Capriles son claras. Yo creo, desde la perspectiva que me corresponde, que debemos ventilar nuestras diferencias con sinceridad y sin hipocresía para que se puedan superar. Así como él ha planteado su punto de vista, otros deben plantearlos también, pero teniendo preeminencia la voluntad y el compromiso de trabajar juntos en busca de un objetivo común.

– ¿Ha perdido poder de convocatoria la oposición? ¿Cuesta que las clases más bajas de la sociedad crean en su mensaje?
–Hablemos de los hechos. Tuvimos dos elecciones recientemente para elegir los alcaldes de las ciudades de San Diego San Cristóbal. Fuimos todos unidos. En San Cristóbal logramos el 74% de los votos y en San Diego el 87.8%. Si no hubieran votado todas las clases sociales habría sido imposible alcanzar ese nivel de votos. Precisamente en un país que está dividido prácticamente a parte iguales desde el punto de vista político, el énfasis de nuestro mensaje ha sido buscar el respaldo para construir una amplia mayoría social. Hay que buscar ese respaldo en gente que creyó antes en el chavismo, moderando el lenguage político y acentuando el debate en temas económicos y sociales.

¿Qué ha pasado con el proceso de diálogo? ¿Por qué la oposición se sentó a negociar con un gobierno al que califica de ilegítimo y cuándo se retomarán esas conversaciones?
–Porque no nos podemos quedar en una sola página. Si nos centrásemos exclusivamente en la cuestión de la legitimidad del gobierno, no estaríamos discutiendo su responsabilidad en la crisis económica, el desempleo y la escasez, que son las cosas que afectan a la gente todos los días. Nosotros no hemos roto el diálogo, sino que lo hemos congelado porque hemos visto que el gobierno no tiene voluntad de demostrar que es capaz de transigir y reconocer a la otra parte. Sin embargo, se empiezan a dar cuenta de que es imposible gobernar ignorando a medio país.

– En el gobierno hay cada vez más funcionarios y gobernadores provenientes de las Fuerzas Armadas ¿Qué opinión tiene de esta injerencia militar?
–La militarización de la política y la politización de las Fuerzas Armadas son características de esto que llaman «revolución bolivariana» y es algo que está llamado a tener efectos secundarios negativos. La constitución establece un lindero y deja claro el papel de las Fuerzas Armadas como entidad profesional y ajena a partidismo o parcialidad política alguna, así como la posibilidad que tienen los militares de votar, que es el único derecho político que tienen sus integrantes cuando están en servicio activo. Solo despues de su retiro pueden participar de la política. Las Fuerzas Armadas son tratadas como un partido más del chavismo, pero esto que vemos no es nuevo, forma parte de la más antigua historia latinoamericana. Y de la más triste.

¿Qué le parece la venta del diario El Universal a un grupo empresarial español?
– Todo lo que ha ocurrido es un misterio. En las operaciones financieras en general y más aún cuando se trata de un medio de comunicación, tiene que haber transparencia. Todo el mundo tiene derecho a saber quienes son los dueños de una empresa tan importante. Como fue tan alto el precio que pagó el gobierno por cerrar Radio Caracas Televisión en 2007, ahora ha tomado un camino más discreto, haciéndose con el control de los medios privados además de los públicos. A día de hoy quiénes son los propietarios de la Cadena Capriles ni deEl Universal, dos grupos editoriales importantísimos en Venezuela.

La dirigente opositora Maria Corina Machado declaró hace una semana que Venezuela avanzaba hacia un precipicio. ¿Hacia dóndecree usted que va Venezuela?
–Nuestra misión es no permitir que caigamos en un precipicio. Queremos que Venezuela sea un país donde todos podamos vivir y progresar en paz, pero la prolongación de estas políticas económicas y la continuación de esta noción del poder hegemónico, conducen a un precipicio.


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