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viernes, 7 de abril de 2017

El golpe en la sala por @garciasim


Por Simón García


Maduro arribó a la presidencia por los votos y pretende perpetuarse por la fuerza. La tentación continuista surgió cuando perdió el proyecto y el capital político que heredó. El escrutinio de diciembre de 2015 desató un anticipado escalofrío por la columna vertebral del poder.

Diosdado no tuvo tiempo para pensar por qué lo bajaron de la Presidencia a un sillón de diputado ni de digerir democráticamente la obtención, por parte de los parlamentarios de la MUD, de los dos tercios. Entre el miedo y la prepotencia, el extremismo oficialista buscó instintivamente protegerse y raspar la olla.

La primera medida, para burlar la voluntad del soberano, fue asegurarse el control de la Sala Constitucional. La segunda, amputar la mayoría calificada. La facilidad con la que se realizaron y las ventajas que dieron estas dos vulneraciones a la Constitución condujeron a una mutación regresiva en la relación entre el poder y la ley: imponer de forma continuada la cesación de funciones del poder legislativo fabricando una penalidad inexistente ante un desacato al TSJ. Así se institucionalizó el golpe al Estado de Derecho.

La estrategia golpista avanzó exitosamente durante más de un año. La Asamblea Nacional pasó a ser un cero a la izquierda entre todos los otros poderes públicos, concentrados en anularla. La oposición no encontraba el modo de sacarse del cuello el nudo del desacato y la separación partidos sociedad propiciaba que mucha gente mirara la lenta liquidación del parlamento como un conflicto de poderes propio de una democracia convencional.

Pero nuestros golpistas, antes con tanques y ahora con sentencias, son objeto de una ley de gravedad del fracaso. El interés en vender las acciones de Petropiar a los rusos sin aprobación parlamentaria condujo a la Sala Constitucional. Antes se había resuelto freír en el aceite de una Sentencia la inmunidad a los diputados. El apresuramiento engendró una barbaridad.


La sentencias 155 y 156 metieron en el saco más atropellos a la Constitución que los que la oportunidad permitía. Ya habían inmovilizado al parlamento con más de 50 sentencias previas dirigidas a sustituir el modelo constitucional de Estado por un régimen sin elecciones competitivas, partidos o parlamento plural. Sólo la brutalidad autoritaria podría explicar que hicieran tan evidente el plan.

La Sala constitucional fraguó un nuevo golpe contra el Estado de Derecho. Pero lo ejecutó cuando toda la comunidad internacional pide su restablecimiento y las fuerzas internas de cambio exigen cumplir la Constitución y convocar inmediatamente la elección de gobernadores.

El golpe de la Sala fracasó. El delito lo formuló, en defensa del Estado de Derecho, la Fiscal General. Los autores materiales estamparon sus firmas en dos Sentencias felonas y los autores intelectuales gritan contra la OEA, mientras intentan cumplir, a fuerza de militares y policías, los párrafos que la Sala Constitucional alega que suprimió, como si así pudieran, con la dialéctica de los gatos, desaparecer su caca.

Los diputados de la Unidad y los partidos de la MUD han recuperado la brújula. Han mostrado determinación republicana y están bregando por convertir la resistencia, la rebeldía y el cerco democrático a la dictadura en propósito de millones de ciudadanos y en miles de espacios de organización de la gente, en la calle y mucho más allá de ella.

06-04-17