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lunes, 3 de abril de 2017

Niños asesinos: Expertos explican este nuevo fenómeno venezolano por @MendozasWork


Por Luis Mendoza


El caso de los dos efectivos del Ejército asesinados el pasado domingo en Sabana Grande no solo se une a la lista de sucesos que enlutan diariamente a las familias venezolanas, sino además engrosa el creciente índice de crímenes cometidos por niños y adolescentes en el país.

El hecho ocurrió a casi un mes de la muerte de la joven embarazada Michell Longa a manos de sus compañeras de clases de 16 y 17 años. No obstante, el reciente homicidio logró conmocionar aún más a la opinión pública por el hecho de que los agresores pertenecen a una banda delictiva formada en su mayoría por menores de edad en condiciones de calle.

A las 3:30 am de ese día fueron asesinados a cuchilladas los sargentos Yohan Miguel Borrero Escalona y José Andrés Ortiz en el bulevar de Sabana Grande, en Caracas. Ambos fueron atacados por el grupo Los Cachorros que opera en el sector.

Las investigaciones policiales arrojaron que dos niños le arrebataron el bolso a uno de los oficiales, quienes inmediatamente emprendieron una persecución para recuperar sus pertenencias. Pero, posiblemente siendo víctimas de una emboscada, los efectivos llegaron a un punto donde se vieron rodeados por otros miembros de la banda. Todos armados con cuchillos.

Ahora superados en números, los militares se encontraron frente a un equipo de al menos 12 jóvenes que les atacaron sin piedad. Una herida mortal en el cuello cegó la vida de Borrero. Mientras, Ortiz cayó sentado en el suelo con varias puñaladas, algunas en su pecho. Murió luego de ser trasladado a un centro asistencial.

Seis jóvenes fueron detenidos por el doble crimen. Sus edades oscilan entre los 6 y 15 años.


¿Quiénes son estos niños?

Una menor de 15 y un niño de 10 fueron los primeros en ser aprehendidos por las autoridades que llevan el caso. La primera es la presunta líder de la banda que acabó con la vida de los oficiales. El equipo de Caraota Digital logró tener acceso a dos fotografías de la adolescente al momento de su detención.

                                                   Foto: Adolescente de 15 años, presunta líder de la banda “Los Cachorros”/ Cortesía

Por respeto a su edad, su rostro no es mostrado en este trabajo. Sin embargo, las imágenes hablan por sí solas. En ellas se muestran a una joven sin defectos físicos resaltantes; que no representa la edad que le adjudican, por su contextura y tamaño; con pocos rasgos de feminidad; asustada, posiblemente por la circunstancia en la que se encuentra; y que encarna a la cara de cualquier niño de bajos recursos. La sangre en sus manos es la que parece delatarla.

Aunque es imposible establecer un diagnóstico de la menor solo a través de imágenes y sin tener una conversación previa con ella, se presume que su condición es “producto de un abandono en todos los aspectos” y que se está en presencia de una posible “sociópata”, afirma el psicólogo Robert Lespinasse.

Agrega que, de acuerdo con las características del suceso del que se le acusa, es probable que la menor sea producto de una crianza en un entorno donde no se enseñaron límites a los impulsos.

“El hecho de apuñalar y matar a una persona implica que no hay escrúpulos ni limites y no sé hasta qué punto haya arrepentimientos en el hecho”, explica.

¿Por qué ocurre esto?

De acuerdo con los expertos, estos jóvenes son víctimas de la crisis que azota a un país donde la destrucción de los valores y la violencia son cotidianas.

“El impacto de la situación social y la depresión económica incide directamente en que se presente un mayor número de niños en la calle, como lo estamos presenciando. Esto porque sus familias no están en condiciones de mantenerlos, o porque sus situaciones internas también se resquebrajaron con el aumento de la violencia intrafamiliar o la escasez de alimentos. Todo eso impulsa a que los niños busquen la sobrevivencia en las calles”, señala el profesor y director de Cecodap, Fernando Pereira.

Las agresiones que reciben en la ciudad les obliga a agruparse para defenderse y les enseña a tomar por la fuerza los bienes y alimentos que el resto del mundo les niega, sostiene.

Por la cercanía del bulevar con las oficinas de la fundación en Sabana Grande, Pereira asegura tener constancia de cómo este grupo de muchachos fue aumentando en cantidad y agresividad. “Inicialmente infundían lástima y compasión, pero últimamente generan miedo”.

El abandono social al que fueron sometidos estos jóvenes pudo ser parte importante en su crianza. Los años de “inacción” y la falta de organismos por parte del Estado a los cuales acudir ayudaron a forjar la personalidad agresiva de los menores en la calle.

“Simplemente se ignoró el fenómeno y ellos fueron haciendo de la crueldad su modo de vida en un sector donde la violencia no es atípica”, puntualiza el académico.

Las palabras de Pereira coinciden con las del doctor Lespinasse. “Tristemente esto es producto de esta situación en la que la inversión de valores, la desatención social, el abandono afectivo y las terribles condiciones de vida que se llevan en el país conducen a que la niñez crezca abandonada en todos los sentidos”.

Esta descomposición social “será más difícil de reconstruir que recuperar al país económicamente”, asevera. “La sociedad los abandonó. Son sociópatas porque la sociedad los produce”.

El psicólogo alerta que estos niños deben ser reestructurados en un programa para personas “muy deformadas”. No obstante, recalca que el mayor problema para esta recuperación se da en la calidad de los centros de reformación que hay en el país.

 “Llevarlos a los albergues es como ingresarlos en un instituto superior de deformación porque allí, lamentablemente, lo que se aprende es mucho peor de lo que ya estos niños pudieron haber vivido. Y entre otras personas que deben estar en condiciones iguales o peores, a la larga, cuando salgan de allí, tal vez lo habrán hecho sin una buena regeneración”, concluye.

23-03-17