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viernes, 14 de abril de 2017

Relato del gas y de la espada por @silvamichelena


Por Héctor Silva Michelena


Llego del hospital, anestesia, cauterización de células malignas, quiero mirar el horizonte. Abro las ventanas. Detonaciones, rugido de helicópteros, entra un gas que asfixia, ese que un ídolo roto llamó “gas del bueno”, sangre en la calle. La muerte que pone huevos en la herida. ¿Qué hacer? Invoco al Poeta, y me dice: La belleza no siempre es bella. Lo dijo Rimbaud: “Una noche senté a la belleza en mis rodillas —Y la encontré amarga—. Y la injurié”. Llamemos a los verdugos para morder la culata de sus fusiles. En la batalla piensa en mí. Y a Jairo lo devoró la muerte, con todos sus apetitos, con su egoísmo mas no sació su sed.

El poeta Rubén Osorio Canales canta el horror con sublime fulgor:

Extraños, bárbaros golpes suenan en el aire. Hay una onda de humo que se expande y llena el espacio. La respiración se ahoga en medio de tanto acoso. Cada quien se pregunta dónde y cómo empezó. No hay respuesta, nunca hay respuesta. Nada de lo ruin tiene respuesta. Jirones de banderas bajan la orden, la pesadumbre cae a pedazos mientras los verdugos se acompañan en su danza con el filo del hacha y de la espada. Señor, Dios nuestro de cada día, aclara bien tu ojo, humedece bien la punta de tu dedo, haz la señal de la advertencia, detén la planta del impostor para que no se derrame la sangre.

El mal, el odio, el rencor ensombrecen la Tierra de Gracia. Astucia de la razón. La suprema justicia ha utilizado a la justicia suprema para destruir el Estado de Derecho. Dictadura absoluta. Los ejércitos de resistencia se ponen en marcha. Se desata el terror, el mal alza su rabo tridentífero. No hace falta recurrir al diablo, sin embargo, para entender el mal porque pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad. Porque el hombre no se disuelve en la sociedad, aunque la forme. El hombre es transcendente. Todo sería más sencillo si la conciencia fuera simplemente ser consciente. La conciencia se desgaja, se yergue con libertad ante el horizonte. La consciencia puede trascender la realidad y descubrir las trampas de la religión social, la de Rousseau.


Pero la conciencia también puede elegir la crueldad, la destrucción por amor a ella misma. Y en el hombre se abre así un abismo. Mussolini, Hitler, Stalin, Pol Pot, la “fría máquina de matar” del Che Guevara. La historia trajo estas revoluciones y la historia las arrasó. Si alguna vez reviven, lo harán desafiando la historia. Semejante acción rozaría la locura, definida como el acto de repetir lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados distintos. El Plan de la Patria para la Tierra de Gracia.

La Patria triste, la Patria se muere. Desafío rotundo: pensar concretamente en la política del odio, esa política que niega social e individualmente al otro, que busca su destrucción física o simbólica, que rechaza cualquier entendimiento. Estamos llamados a reflexionar sobre la enemistad porque esa rabia intrusa está marcando la convivencia o, más bien, está saqueándola. El conflicto, consustancial con cualquier sociedad democrática, adquiere intensidad bélica. El desacuerdo no es ya motivo de confrontación sino llamado a la supresión. Más nos vale abrir los ojos ante el poder del rencor y tratar de ubicar sus raíces si es que queremos hacerle frente. El rencor, fundamento del pensamiento fascista, pugna por imponerse en nuestros días.

Recordemos la canción escrita y cantada en Venezuela en el año 1892, cuando el Presidente Raimundo Andueza Palacios se propuso reformar la Constitución para continuar en el poder, lo que originó una revolución comandada por el General Joaquín Crespo, llamada Revolución Legalista: contra el Continuismo, la Legalidad.

Ya Venezuela no quiere guerra, porque esta tierra, se va a arruinar; generales, coroneles y bribones que no quieren trabajar. Bandera tricolor que en Venezuela estás, ¡¡abajo el continuismo viva la legalidad!!

La política del rencor no brota de la nada: es el efecto de la exclusión y de la humillación cotidiana. Mostrar el carnet de la patria para comer cada día. La política del resentimiento no puede alentar el delito y merece, por ello, castigo. Las ilegales sentencias del TSJ, ¿no brotan del resentimiento, del rencor, del odio? Pero sépase que el éxito de la política del odio y del rencor es síntoma del fracaso. Queramos o no, actuamos y, por ello mismo, reivindicamos nuestra libertad arriesgada. Y al actuar, no podemos renunciar a la confianza en nuestra fuerza: la verdad. Kant señaló que, en situaciones precarias, hay una especie de deber de confiar. Este deber es la pequeña esfera de luz en medio de las tinieblas, en medio de un bosque oscuro. La batalla hacia la aurora ha comenzado.

La religión, de religare, conserva una veneración ante lo inexplicable e insondable del mundo. El genio de Alberto Einstein nos enseñó que “en épocas de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”. Para la imaginación, el mundo se expande. Para el ideólogo el mundo se encoge. Quiere explicar y curar al mundo desde un punto. Las ideologías totalitarias del pasado siglo ofrecen ejemplos atroces. Si bien la libertad humana sigue siendo filosóficamente enigmática, no lo es para el disidente que cuelga de una cruz.

12-04-17