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martes, 7 de julio de 2015

Salutación de Mons. Diego Padrón, presidente de la CEV con motivo de la apertura de la centésima cuarta Asamblea Plenaria Ordinaria


Seis de julio de 2015

SALUDO

Invocando el nombre de la Santísima Trinidad y escuchando con devoción su Palabra, damos inicio a la Centésima Cuarta Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).

Dirijo un fraterno y cordial saludo a todos los Arzobispos y Obispos de Venezuela: al Eminentísimo Sr. Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Presidente de honor de nuestra Conferencia. Al Excmo. Mons. Aldo Giordano, Nuncio Apostólico y, a través de su distinguida persona, al Santo Padre Francisco, tan cerca ahora de nosotros, con la seguridad de nuestra oración, por su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay.

Saludo desde aquí a los hermanos Obispos que, por causa grave, no han podido hacerse presentes y a los apreciados hermanos Eméritos.

De modo especial dirijo mi saludo a los tres nuevos hermanos, Juan de Dios Peña, Benito Méndez y Ernesto Romero, quienes por la imposición de las manos en su Ordenación y la toma de posesión de sus respectivas sedes se incorporan plena y definitivamente al Colegio Episcopal. ¡BIENVENIDOS!.

Un cordial saludo al Pbro. Víctor Hugo Basabe, Secretario General de la CEV, y al Pbro. Polito Rodríguez, Subsecretario.

Saludo a los Superioras y Superiores Mayores y a los Miembros Directivos de la CONVER, representantes de la Vida Consagrada.

Un atento saludo a la Dra. María Elena Febres Cordero, recién nombrada Presidenta del Consejo Nacional de Laicos (CONALAI) y a los demás miembros del Consejo Directivo.

Con gratitud saludo a los Directores y Directoras y demás miembros del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV). Quiero manifestar a nombre de toda la CEV la más sincera condolencia a nuestra Secretaria, la Sra. Irma de Lourdes Bejarano por el sentido fallecimiento de su señora madre, Hilda de la Cruz Ramírez. El Señor le recompense sus buenas obras con el premio de la eterna bienaventuranza.

Saludo a los Comunicadores Sociales y demás representantes de los Medios de Comunicación Social y agradezco su presencia.

        Saludo cordialmente al Rvdo. Padre Francisco José Virtuoso, Rector de esta Universidad, y a las demás autoridades de la misma y agradezco nos hayan cedido gentilmente este espacio para la apertura de la presente Asamblea Episcopal.

PAPA FRANCISCO

Este momento en que el Santo Padre visita por segunda vez a Latinoamérica en misión evangelizadora es una ocasión de poder sentirlo más cerca de nuestra Iglesia, aunque nunca ha estado lejos de nosotros ni del pueblo venezolano.

Desde el 13 de Marzo de 2013 la Iglesia Universal y las Iglesias Particulares, como la nuestra, han estado fuertemente marcadas por la impronta de su personalidad.

Él es una novedad en la Iglesia, un Papa diferente a sus predecesores. En consecuencia, es necesario descubrir quién es y hacia dónde conduce la Iglesia. Tengamos en cuenta que su persona, su doctrina y sus gestos, como los del apóstol Pablo en los inicios del cristianismo, son admirados y discutidos. Los pobres y las víctimas lo entienden más que los sabios y entendidos de este mundo (cf Mt 11, 25-27). Los lejanos se sienten atraídos por su respeto a todas las culturas y religiones, por su aprecio a la creación y por su defensa y cercanía a los pobres y excluidos de la sociedad.

A los cercanos nos llena de alegría la corriente de aire fresco que entra por las ventanas del Vaticano, que él ha abierto de par en par a todos sin distinción.

Cuando comenzó su ministerio de sucesor del apóstol Pedro, llamó poderosamente la atención el anuncio de la reforma de la Curia. Sin embargo, para él no está lo principal en la reforma de las estructuras sino en el cambio interno de la Iglesia. El quiere una Iglesia esencialmente misionera, despojada de toda mundanidad, pobre y anunciadora de la alegría del Evangelio.

Rasgos que definen al Papa Francisco son la espontaneidad de sus gestos, su libertad frente al protocolo, su cercanía al pueblo, su interés por cada persona, su léxico y, en una palabra, su estilo personal y su estilo pastoral, parecidos a los del Papa San Juan XXIII.

Su lenguaje, enteramente nuevo en la literatura eclesiástica, oral y escrita, causa impacto, porque lleva consigo la originalidad latinoamericana. Es un lenguaje nuevo en el vocabulario y nuevo en la intención. Una de las expresiones que ha calado más es la de “una Iglesia en salida”. Es decir, una Iglesia cuyos dirigentes, ministros y agentes pastorales han de salir del encierro de sus propias visiones, comodidades y privilegios y ponerse en contacto con las periferias existenciales. Una Iglesia de todos para anunciar a todos, sin exclusión, el Evangelio.

El Papa Francisco sigue muy de cerca al Beato Papa Pablo VI. Estima y tiene como punto de referencia la Exhortación Evangelii Nuntiandi. El documento programático de su pontificado lleva un título similar: Evangelii Gaudium. También Pablo VI, recordemos, escribió una carta encíclica sobre la alegría.

La doctrina del Papa Francisco no es un espiritualismo neutral, fuera de contexto, sino una invitación al compromiso solidario, realista y liberador. De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de lo más abandonados, ha escrito en su Exhortación La alegría del Evangelio (24-11-2013) (Evangelii Gaudium), (186).

Desarrollo integral quiere decir que va más allá de la pobreza material. Porque hay una pobreza peor que la material, la pobreza mental, la de quienes dicen que no les importa si este o aquel gobierno es o no democrático, con tal les resuelva su problema socio económico. Es la pobreza de quienes aceptan – valga la redundancia que los pobres sólo tienen derecho a las migajas y que la libertad se puede negociar por un plato de comida que los somete, manipula o esclaviza.

En el capítulo IV de su Exhortación La alegría del Evangelio, el Papa comparte con los lectores sus inquietudes acerca de la evangelización y su estrecha relación con el desarrollo social. Si esta dimensión –afirma- no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora (EG 176). Y a continuación amplía su idea: Desde el corazón del Evangelio -escribe-reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora (EG 178). Aún más, señala que la muerte de Cristo, su obra redentora, tiene un sentido social porque “Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres” (Ibidem).

El Papa Francisco es un pensador que sabe exponer las ideas más profundas en pocas palabras, comprensibles para todos y que llegan a todos. Su lenguaje es creativo, sugerente, profético, directo al corazón, y coherente con sus gestos de atención particular a cada persona. Por eso, sus palabras son creíbles. El propósito de ellas o su objetivo es anunciar la alegría del Evangelio y su mensaje o contenido es la misericordia del Padre.

El Papa da gran valor a la imagen literaria y recomienda usarla en la predicación. Una imagen emblemática, con gran poder evocativo, es la del pastor con olor a oveja (Primera homilía crismal, 28-03-13). Es una imagen cristológica: por su encarnación, Cristo es el primero en oler a oveja. Y este olor cristológico es la luz que ilumina la antropología franciscana del Papa. Pero es también una imagen o metáfora de sabor agustiniano. Apacentar el rebaño es amoris officium, un encargo que se realiza por amor- Olor a oveja es el que adquiere el pastor en la cercanía a los pobres, los enfermos, los alejados, los excluidos y marginados. Es el olor del pastor que camina con su pueblo, comparte sus necesidades y alienta sus luchas y esperanzas. Es la actitud del pastor de una Iglesia en salida, actitud que es el paradigma de toda obra evangelizadora, pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera (EG 15).

LA FIGURA DEL OBISPO EN EL PENSAMIENTO DEL PAPA FRANCISCO

     La imagen del pastor integra todas las otras con las que el Papa esboza la figura del Obispo.

     Cuando nos habla a nosotros -y tengo muy presentes a los tres Obispos que inician su ministerio, nos pide que tengamos un oído atento al Evangelio y otro en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar (EG 154). Este fue, precisamente, el perfil que trazó en su Discurso al Comité de Coordinación del CELAM en Río de Janeiro el 28 de Julio de 2013:

Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, Padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.

Y concluyó diciendo: No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del Obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que la Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este “hoy” de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí.

EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA

En el segundo aniversario de su elección, el Papa Francisco anunció, como lo hicieron el Beato Papa Pablo VI el 7 de Diciembre de l965 y San Juan Pablo II en ocasión de la llegada del nuevo milenio, la convocatoria del Jubileo de la Misericordia, que comenzará el 8 de Diciembre de este año y concluirá el 20 de Noviembre de 2016, Solemnidad de Cristo Rey.

      Colocado a siete semanas de años del precedente en 1965, conforme al cómputo de los jubileos bíblicos, éste, recién convocado, debe ser considerado también como un jubileo del Concilio Vaticano II, cuyo cincuentenario de apertura estamos conmemorando.

       En el corazón del Concilio Vaticano II encontramos la reflexión sobre las relaciones de Dios con la humanidad bajo el concepto de la divina Revelación, llamada a ser la estructura básica de las relaciones en el interior de la Iglesia, recogidas en la Constitución dogmática Lumen Gentium, y de las relaciones de la Iglesia con el mundo, expuestas en la Constitución pastoral Gaudium et Spes. La divina Revelación, entendida como la amorosa comunicación de Dios con los hombres está magistralmente expuesta en la Constitución Dei Verbum, cuyo cincuentenario también celebramos.

       Sabemos que el “principio misericordia” es un eje transversal del pensamiento del Papa, que nos permite comprender su estilo, su ministerio, el programa de su pontificado, la reforma de la Iglesia y su anuncio constante de la alegría del Evangelio como la buena noticia de que Dios ama con un amor de ternura a su pueblo. Es el amor de misericordia el que ha de articular la comprensión de la fe (Cf EG 36). Es el amor de misericordia el que debe manifestarse en las relaciones fraternas entre (…) los miembros de la Iglesia. Y es el amor de misericordia el que debe regir las relaciones de la Iglesia y de cada uno de los creyentes con el resto de la humanidad, especialmente con los pobres y con la naturaleza (Cf Antonio Ávila Blanco).

         ¡Cómo deseo –expresa en la Bula – que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros (N* 5).

          En otro párrafo acentúa el realismo de la misericordia divina subrayando que no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual El revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir, que se trata realmente de un amor “visceral”.(N*6).

          En lo pastoral, la Bula EL ROSTRO DE LA MISERICORDIA propone la peregrinación como “estímulo para la conversión” siguiendo las etapas que señala el Evangelio: “No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados”. Invita no sólo a reflexionar sobre las “obras de misericordia corporales y espirituales” sino a llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella”.(N* 16). Pide a los Obispos acoger a los Misioneros de la Misericordia enviados por el Papa.(N* 18). Pide también combatir la corrupción. Ella impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres.(N* 19). Con estas y otras afirmaciones parecidas, la Bula nos deja entrever que el Papa Francisco no quiere que el Año Santo de la misericordia se reduzca a lo espiritual y piadoso sino, por el contrario, sea un tiempo propicio, un kairós, para acoger la llamada a la conversión y comprometerse a luchar contra los males de la pobreza, la desigualdad y la exclusión.

LA BEATIFICACION DE MONS. ROMERO

     Hace pocas semanas, el Papa Francisco elevó al culto público de los altares al Obispo Oscar Arnulfo Romero, “San Romero de América”.

    Lo propio y específico de este salvadoreño común es que fue sacerdote y obispo de los pobres. Por temperamento y formación era un hombre tímido y conservador, pero por el contacto con su gente se convirtió en el guía espiritual de las luchas de su pueblo sin abdicar jamás de su condición de ministro del Evangelio. Fue apenas tres años Arzobispo de San Salvador. Pastor incansable y predicador arriesgado, dejó en cada una de sus homilías una verdad clara, un ejemplo concreto, un pedazo de su vida. ¡Cuánto le hubiese gustado vivir en tiempos del Papa Francisco! ¡Los dos latinoamericanos, los dos con ideas muy afines! Aquellos tres años los vivió como si hubiera tenido prisa. Como si el tiempo se le fuera a ir pronto de sus manos. Como quien sabía que pronto no iba a poder hablar más. Como quien quería hablar para siempre y de una vez (Cf Su pensamiento III, Introducción).

      Como pastor, tuvo una profunda experiencia de Dios desde los pobres, los perseguidos y los martirizados. Dice uno de sus biógrafos que Romero debió encontrar en los pobres aquello que el profeta Isaías dice del siervo sufriente de Yahvé y San Pablo, de Cristo crucificado: que en ellos hay luz y salvación. El sufrimiento de los pobres tuvo que ser para él una gran sacudida, al ver, sobre todo, la creciente represión. Los pobres le exigieron conversión; pero, al ofrecerle también luz y salvación, se la facilitaron. Y eso lo reconoció Mons. Romero. En una de sus más logradas palabras dijo: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. (Cf Sobrino, J., Monseñor Oscar A. Romero, Un Obispo con su pueblo, 21)

      A ese mismo pueblo, dos años antes de su asesinato, dirigió esta homilía: Los pobres tienen que respetarse, tienen que promoverse, tienen que trabajar en la medida que les el alcance de sus esfuerzos económicos y sociales. No se duerman; la Iglesia, la religión, no quiere ser opio del pueblo. La Iglesia por eso sufre los conflictos porque trata de promover al hombre y decirle: “Tú eres igual que todos, tú tienes los mismos derechos que tienen todos tus hermanos”, porque va promoviendo para que dejen de ser masa adormecida y se conviertan en artífices del destino de la Patria. Por eso a la promoción de la Iglesia maliciosamente se la quiere confundir con ideas subversivas u otra clase de calumnias. Pero lo que la Iglesia busca es esto del Profeta, anunciar la promoción de los hombres, sabiendo que en cada hombre está escondido Dios, y que el respeto a cada hombre, así sea el más pobre e indigente, es respeto, devoción, actitud casi de adoración a nuestro Dios (Homilía, 5 de Febrero de 1978).

LA ENCICLICA LAUDATO SI

     El Papa Francisco nos acaba de entregar su segunda carta encíclica, Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común. Es una carta escrita con gran acento poético, teniendo como referencia a San Francisco de Asís. Nuestra casa común –dice en el encabezamiento – es como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos.(…). Esta hermana, continúa diciendo, clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella.

     El Papa, siguiendo a sus predecesores inmediatos que establecieron el trinomio ecología natural, ecología social y ecología humana, parangona la suerte de la tierra oprimida y devastada con los pobres más abandonados y maltratados.

     Sobre esta Encíclica tendremos en esta Asamblea una especial disertación dirigida por el Señor Nuncio Apostólico, S.E. Mons. Aldo Giordano.

LA IGLESIA EN VENEZUELA

    En este amplio contexto eclesial que he procurado describir se ubica la Iglesia en Venezuela. Con el consuelo de Dios peregrina en medio de cruces y tribulaciones, acompañando pastoralmente a este noble pueblo que cree, ama y espera.

     Al mismo tiempo que celebramos la ordenación de tres nuevos Obispos, compartimos la alegría de las Diócesis de Barinas y de Cabimas en los cincuenta años de su creación.

     En el próximo mes de Noviembre celebraremos la Asambleas Nacional de Pastoral con el propósito de entrar en el umbral de los diez años del Concilio Plenario de Venezuela y asumir con renovado entusiasmo una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa, en palabras del Papa Francisco.
 
PANORAMA NACIONAL

      En el país se ha profundizado la crisis global que los Obispos hemos descrito en anteriores documentos. El deterioro nacional es notable. Junto al desabastecimiento de productos básicos, consecuencia de la nefasta política económica, caracterizan el momento presente la gi8gantesca corrupción en medios gubernamentales, la incapacidad del Gobierno para frenar la delincuencia, la desmedida represión de la disidencia política, el creciente descontento popular, la incertidumbre ante rl destino del país.

      Como Iglesia no tenemos propuestas político-sociales y económicas concretas que den respuestas a los grandes males que nos aquejan. Nuestra propuesta cristiana consiste en reconocer al otro, sanar las heridas, construir, puentes, estrechar lazos y ayudarnos mutuamente a llevar las cargas, nos dice el Papa Francisco (EG 67).

      Me valgo de una imagen de la vida de la Iglesia para comunicar una palabra de esperanza a todo nuestro pueblo. El próximo mes de Diciembre la Iglesia derribará el muro que cierra la Puerta Santa y abrirá a creyentes y no creyentes el don de la indulgencia plenaria y la misericordia divina. Que las próximas elecciones parlamentarias, que tienen hoy tanta significación e importancia como las presidenciales, sea la caía del muro de la polarización e intolerancia y la recomposición político-social del país. Votar en las próximas elecciones parlamentarias es una obligación de conciencia por amor al país.

     Pido, en nombre de toda la CEV, al Jesucristo, señor de la historia, ilumine a todos los venezolanos en esta hora difícil y bendiga con su misericordia a todo nuestro pueblo.


Caracas, 06 de julio del 2015.-

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