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jueves, 28 de julio de 2016

Las dos ventajas del cinismo por @angeloropeza182


Por Ángel Oropeza


De acuerdo con el DRAE, cinismo se define como “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Si bien el origen del término es un poco más noble, asociado con la llamada escuela filosófica cínica, nacida en Grecia en el siglo IV a.C., y cuyo principal representante fue Diógenes, el concepto de cinismo fue mutando con el tiempo y hoy se asocia a falta de vergüenza, descaro y burla.

La Psicología, a su vez, concibe el cinismo como una forma de dispatía (contrario a empatía), en cuanto constituye una distancia con los sentimientos del otro mediante una estrategia de burla y banalización. De hecho, definiciones más amplias lo describen como “beneficiarse como sea sin importar perjudicar a otras personas”. Es el desprecio burlón, la indolencia y el rechazo a los demás las marcas distintivas del cínico.


En Venezuela, las últimas semanas han sido testigos de palmarias evidencias de cinismo por parte de nuestra decadente oligarquía. Aunque el cinismo es desde hace mucho tiempo consustancial con la forma en que la actual clase gobernante se relaciona con el país, estamos presenciando una agudización en cuanto a su ya alta frecuencia de uso.

Así por ejemplo, el mismo día que se anunciaba un cierre superior a 700% de inflación para este año, un decrecimiento del PIB por encima de 10%, y cómo venezolanos hambrientos lloraban al ver comida en los anaqueles de los automercados colombianos, el mediocre titular de un parapeto llamado “vicepresidencia de planificación y conocimiento” mentía sin rubor en la ONU afirmando que 94% de nuestros compatriotas comen tres veces o más al día. Los mismos venezolanos que según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la UCAB, UCV y USB presentaban para noviembre de 2015 un nivel de pobreza de ingreso superior a 73% de los hogares. Ya unos días antes, una infeliz funcionaria insultaba en la OEA a las inmensas colas de venezolanos que padecen para comer, diciendo que en nuestro país sobra tanto la comida que tenemos para alimentar a tres naciones.

Pero si el cinismo verbal es condenable, el cinismo conductual es todavía más obsceno: golpear mujeres y niños en las colas en nombre del amor y la paz; violar derechos humanos alegando la suprema felicidad de la patria; impedir –en nombre de la soberanía del pueblo– que el mismo pueblo convoque un referendo revocatorio para ejercer su soberanía; “magistrados” de dudosísima reputación sentenciando que es ilegal revisar su ilegal designación. 

Por supuesto que el cinismo refleja, desde la perspectiva psicológica, una endeble y defensiva personalidad. Pero desde el punto de vista político, presenta dos ventajas principales para quienes lo practican como estrategia.

En primer lugar, al refugiarse el cínico en argumentos tan psicóticamente extraviados, impide el debate. Debatir con un gobierno de tan patológico cinismo, que afirma que el cielo es verde y los árboles vinotinto, es como intentar argumentar con un orate. Al impedir el debate lógico sobre realidades discutibles, el cínico se libera de la penosa tarea de justificar lo injustificable.

Pero, en segundo lugar, y como ventaja más importante, el cinismo de nuestros burócratas persigue como estrategia desestimular no solo a los opositores, sino al resto de la población. En respuesta al planificado cinismo gubernamental, muchas personas se desaniman y frustran al sentir que es tan inmensa la distancia entre su sufrimiento cotidiano y lo que perciben quienes los gobiernan, que no hay ninguna posibilidad de atacar las causas de sus limitaciones y penurias. Sembrar desesperanza es la intención primaria de la estrategia del cinismo.

La historia demuestra que la mayoría de las veces, el crecimiento del cinismo es un reflejo de la debilidad de los regímenes autoritarios. El aumento del primero intenta tapar el temor y la fragilidad de los segundos.  Cualquier parecido de lo que estamos presenciando hoy en Venezuela con los ejemplos de la historia, no es para nada coincidencia.

27-07-16




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