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miércoles, 5 de abril de 2017

Momento de crisis y posibilidades de cambio por @RobertoPatino


Por Roberto Patiño


El primer trimestre de 2017 culmina con el agravamiento de la situación del país, sobre todo en dos aspectos: primero la profundización de la crisis alimentaria, cuyas repercusiones en lo inmediato y largo plazo, evidenciándose de forma sostenida, afectan a cada vez más sectores de la población. Segundo, la consolidación de un régimen claramente dictatorial por parte el gobierno de Nicolás Maduro.

El alcance de la tragedia alimentaria está modificando patrones nutricionales y condicionando negativamente el desarrollo de las personas. El informe realizado por la organización religiosa Caritas, publicado a principio del año, arrojó datos alarmantes al respecto. Equipara nuestra situación al de territorios en conflicto o zonas afectadas por desastres naturales. El informe, enfocado en la población infantil, registra índices de desnutrición aguda en casi 25% de la muestra de más de 800 niños, distribuidos en 25 parroquias de Vargas, Zulia, Miranda y Distrito Capital. Por otro lado, la Encuesta Condiciones de Vida de 2016, llevada a cabo por el Observatorio Venezolano de la Alimentación y publicada igualmente en los primeros meses del año, registra un brutal empobrecimiento de la dieta del venezolano: por razones económicas y de accesibilidad, de 20 alimentos considerados básicos se están pudiendo adquirir tan sólo cuatro, es decir, sólo una quinta parte de lo estrictamente necesario.

Los déficits alimenticios, tanto por falta de comida como por malnutrición, han incrementado, además, padecimientos como la hipertensión, la diabetes y la anemia, afectando, de manera reciente, a la población joven. Así lo ha reseñado, por ejemplo, Daniel Campos, presidente del Colegio de Nutricionistas del Estado Lara en un reportaje publicado en días recientes en el diario barquisimetano El Informador. El medio titulaba la nota con el preocupante dato sobre la reducción, en 15 años, de la expectativa de vida del venezolano. Esta tendencia, registrada en los últimos años, ha tenido en el problema alimentario un factor determinante de agudización.


La crisis alimentaria ha sido ampliada y explotada por el régimen madurista. Ya sea de manera sectaria, condicionando de forma mezquina, manipuladora y deficiente la entrega de alimentos por el programa de los CLAPs o con irresponsables fines propagandísticos en maniobras como el envío de alimentos al Perú. Esta manera de abordar los problemas por parte del régimen madurista responde sencillamente a la ya frontal concepción dictatorial de su mandato. En la semana pasada, la decisión del TSJ de suspender la inmunidad parlamentaria y anular a la Asamblea Nacional, ha reforzado, sobre todo hacia la opinión internacional, lo que ya es evidente para los venezolanos desde el año pasado: que nos enfrentamos a una dictadura de carácter militar. Dictadura que ha convertido al Estado venezolano en el principal factor generador de violencia, y de recrudecimiento de la crisis, en el país.

Se ha intensificado la represión política con la implementación del comando Anti-Golpe y la escalada ilegal de acciones de cuerpos de seguridad como el SEBIN. El uso de fuerza excesiva sin ningún monitoreo por parte organismos como la Fiscalía o el Ministerio Público, sobre todo en planes como los de la OLP, que han generado numerosas violaciones sistemáticas de los DDHH. También, un irresponsable manejo de la economía nacional, con una inflación desbordada y la aplicación de medidas nocivas, como el retiro de billetes de cien, que a finales del año pasado generó situaciones de zozobra en distintos estados del país y ha añadido más angustia, desconcierto y confusión a la ya dura vida de los venezolanos.

En este momento es innegable que la crisis y la determinación dictatorial del régimen madurista afecta todos los niveles de la sociedad. Ningún venezolano escapa a esta situación y lo afecta en todos los espacios de su vida. Son momentos duros que nos llevan a replantearnos, a veces de manera brusca y traumática, nuestros valores, necesidades, problemas, aspiraciones y esperanzas.

Estamos viendo manifestaciones, en distintos sectores del país, de nuevos actores y formas de encuentro y participación. A partir del difícil proceso de concientización y reconocimiento que se da en medio de este momento crucial, se asumen iniciativas para el cambio y la transformación. Desde las comunidades, así como desde organizaciones intermedias y grupos como los estudiantes, ONGs, la misma iglesia y entes privados. Las personas, ante la ausencia del Estado y a veces incluso de un proyecto político, están buscando resolver sus problemas de manera efectiva, pero ya no desde la desconfianza, la falta de solidaridad o el miedo, sino desde la articulación con el otro y la organización con los demás.

Debemos reconocer estas manifestaciones en la labor de organizaciones como el Observatorios Venezolano de la Violencia o Fe y Alegría, en iniciativas como Alimenta la Solidaridad y Barriga Llena, Corazón Contento. En actos de resistencia democrática como las participaciones de la gente en la validación de partidos, en contra las imposiciones arbitrarias del CNE o incluso en la resistencia civil y decidida que ante el cierre irresponsable de panaderías hicieron vecinos de la Baralt, en Caracas. Son diversas maneras en la que se está revelando una nueva forma de ver la realidad del país, los enormes retos que nos plantea y el papel que tenemos, en los procesos para enfrentarla, de encuentro auténtico y participación activa que ya se están dando.

Debemos reflexionar con sinceridad y coraje sobre el grave momento de crisis en el que estamos todos los venezolanos y, así, poder construir, también entre todos, las verdaderas posibilidades para el cambio.

Coordinador de Movimiento Mi Convive
Miembro de Primero Justicia

04-04-17