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jueves, 6 de abril de 2017

Si camina como pato… por @froilanbarrios


Por Froilán Barrios


Si alguna virtud poseen las sentencias 155 y 156 del TSJ es reconfirmar la famosa caracterización del reconocido intelectual mexicano Enrique Krauze cuando se refiriera a la gestión del extinto presidente Hugo Chávez, en clara alusión al carácter dictatorial del régimen de la quinta república.

Igualmente, para la comunidad internacional equivale su contenido a salirse del clóset en esta ocasión en el terreno político, aun cuando el mandatario nacional invoque permanentemente que disfrutamos la existencia de una democracia perfecta en Venezuela, en medio de un reguero de protestas en la geografía nacional, feroces agresiones a diputados opositores, ante las decisiones del máximo órgano del Poder Judicial que liquida a la Asamblea Nacional, suspendiendo la inmunidad parlamentaria y asumiendo sus competencias consagradas en la CRBV.

Definitivamente, el régimen de la quinta república cruzó la línea roja, ya que la amarilla fue superada desde la gestión de Hugo Chávez, al ubicarse en la galería de regímenes dictatoriales del continente, donde unas arribaron al poder mediante hechos de facto, como Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, Videla en Argentina, Morales Bermúdez en Perú, Banzer en Bolivia, entre tantos que asolaron los pueblos de América Latina; y otros que cometieran la misma fechoría, aun cuando llegaran en nombre de la democracia, como el caso de Alberto Fujimori en el Perú de fin de siglo XX, cuyo famoso acto de disolver el Congreso es un tanto similar al madurazo que hoy presenciamos en nuestro país.

A pesar de que el mandatario nacional manifestara públicamente que no conocía las sentencias, confesión singular que haría pasar como pistolas a todos los venezolanos, aunque por todos son conocidas las 50 sentencias en las que el TSJ se ha recreado impunemente a lo largo de 2016 y 2017 mutilando las competencias del máximo Poder Legislativo.


Lo denigrante del asunto es cómo la obsesión de poder del régimen de la quinta república lo ha venido degenerando cada día más. Comenzó a finales de siglo XX, cuando era para una mayoría de los venezolanos un símbolo de redención nacional ante los estertores del puntofijismo, para luego convertirse en una dictablanda durante la primera década del siglo XXI, y finalmente culminar en tan solo 18 años en el feo rostro de una dictadura odiada por una mayoría absoluta de la población, como lo significara el resultado de las elecciones al Parlamento nacional el 6-D 2015. El resentimiento ante ese rechazo popular es el origen de todas estas sentencias macabras del TSJ, inspiradas todas en los tribunales que los regímenes fascistas y dictatoriales han fabricado en defensa de sus comandantes, no solo en América Latina, estamos hablando en modo universal.

Por tanto, ¿qué más debe suceder para que la oposición venezolana enfrente dignamente al monstruo que tenemos por delante? Las oposiciones inteligentes que han derrotado dictaduras en el mundo son las que han logrado un escenario de acuerdos sólidos y de visión de futuro, ya que plantear solo el escenario electoral es únicamente mirarse el ombligo y no entender la tragedia que sufre el pueblo venezolano.

05-04-17