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sábado, 11 de mayo de 2019

Personas que sufren, por @monscastro




FERNANDO CASTRO AGUAYO 10 de mayo de 2019

“El sufrimiento de un pueblo no puede ser la causa de un cambio de gobierno”.

Es una frase que por infeliz muestra un enfoque del régimen que gobierna. Con dolor, tenemos que aceptar que desconocen la razón de ser de la autoridad. Despreciar a las personas, tratar al pueblo como una masa manipulable, utilizar a los pobres como centro de los discursos, prometer sin crear las condiciones para desarrollar el bien común, destruir sin crear nuevos escenarios para el progreso responsable de las personas, de las familias y de las comunidades, muestran la gran mentira del socialismo que vivimos en Venezuela.

Quiero proponer como un aporte que, sin ninguna duda, está al alcance de todos: atender a las personas vulnerables ancianas con una atención personalizada. La compañía, los pequeños servicios, la paciencia, el contacto físico en un saludo, una sonrisa, un afecto, detenerse a contar un cuento, cantar una canción o compartir la anécdota del día, hacer una oración en común son manifestaciones de que amamos a las personas ancianas. No son “muebles” que hay que acomodar. Son personas que necesitan amor y cuidado. ¡Y qué agradecidas son!

Le suelo pedir a los ancianos y enfermos que oren, aunque sea con un Ave María, por los sacerdotes, por la santidad de los “primeros servidores de la misericordia”: eso somos los sacerdotes. Nosotros dispensamos los misterios de Dios, los sacramentos que tanto agradecen los ancianos y los enfermos. Su oración la escucha el Señor: son “sus pequeños”.

Las personas que sufren necesitan cariño, atención, compasión y, a la vez, unas condiciones mejores para poder disponer de buena salud, de comida, medicinas, de un centro hospitalario digno, en fin, ser atendidas del mejor modo posible. Son las personas, los ancianos, los enfermos, los padres de familia, los niños, los que sufren. Ese es el pueblo. Pero el pueblo lo constituyen personas concretas que tienen su historia y que tienen en sí, el misterio del sufrimiento, el mismo que vivió Jesucristo.

Fernando Castro Aguayo


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