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domingo, 26 de marzo de 2017

El mensaje URGENTE de Fátima no pierde vigencia. ¿Le haremos caso a la Virgen?, por Claudio De Castro



Claudio De Castro 25 de marzo de 2017

Son las 5 de la madrugada en el Santuario Nacional del Corazón de María. La imagen de la Virgen recién llegada de Fátima ha estado peregrinando por todo Panamá. Hoy le tocaba estar en mi parroquia.

Han expuesto al Santísimo para la adoración Eucarística toda la noche. Muchos madrugaron en esta vigilia acompañando a Jesús. Rezando. Pidiéndole gracias. Diciéndole que le aman.

Desde la noche anterior, las filas del confesionario han sido interminables. No ha caído en oídos sordos el llamado de la Virgen a la conversión. 

Siempre recomiendo una buena confesión sacramental. No es igual acercarte a Jesús con el alma limpia que cubierta de pecados. Aunque Él igual te recibirá y amará, he notado la gran diferencia. Después de confesarte, tienes el alma dispuesta a las gracias que Él te quiere dar.


Un buen ejemplo es éste: Llegas a una fuente de agua cristalina y llevas contigo un vaso de cristal enlodado. Lo llenas de agua ¿La beberás?

El alma debe estar dispuesta a la gracia. Créeme son momentos irrepetibles.

Me he impresionado. Pasé al frente donde está el altar,  y me postré de rodillas ante Jesús Sacramentado. Me acordé de todos esos saludos que me piden los lectores. “Cuándo lo visite no olvide enviarle mis saludos”, me dicen a menudo. Bueno, le dejé tus saludos. Le pedí por tus necesidades y el bienestar de tu familia.

Orar por los demás es maravilloso. Sobre todo cuando rezas con fervor por aquellos que te han hecho daño. Es más fácil así perdonarlos del todo… perdonar y olvidar.

Luego fui a ver la imagen peregrina de nuestra Señora de Fátima. Estuve un rato de rodillas rezando ante la imagen bellísima de la Virgen.

¿Recuerdas que te conté una vez que mi sueño era ir a Fátima? De alguna forma Fátima ha venido a Panamá. No me lo podía creer.

¿Qué ves cuando estás de frente a esta imagen que representa a nuestra madre del cielo?

Imaginé que vería una sonrisa. La miré a los ojos y lo que encontré fue dolor, tristeza, la angustia de una madre cuyos hijos se pierden.

Sus palabras han resonado en mi alma muy hondo:

“¡No ofendan más a Dios, Nuestro Señor, pues ya está muy ofendido!”

 La miré de nuevo y seguía con esa mirada de tristeza. Escuché en mi corazón esta palabra:

“PENITENCIA”.

El mensaje de Fátima es contundente y actual.

En su cuarta aparición le dijo a los pastorcitos los que más nos impacta y nos duele. Te recuerda que en cierta forma somos responsables los unos de los otros:

“Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas”.

Recé un Ave María, y me levanté dispuesto a hacer lo que nos pide la Madre: Oración (nos urgió el rezo diario del santo Rosario) y hacer penitencia, por las almas de los grandes pecadores.

Era el momento de la procesión.  Qué alegría tener a María por madre.

Ave María, llena de gracia…