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jueves, 30 de marzo de 2017

Entre el atraso y la modernidad, por @lmesculpi



Luis Manuel Esculpí 29 de marzo de 2017
@lmesculpi

Los autoritarismos que se inspiran en dogmas decimonónicos suelen hacer alardes de la modernidad, mientras sus pueblos están sumidos en el atraso y la indigencia. En el período de la guerra fría, la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas pretendió empatarse en una de carrera espacial -donde inicialmente obtuvieron algunos éxitos- al colocar el primer satélite, el primer ser vivo y el primer hombre en el espacio. Igual la primera mujer y primer civil en órbita.

Sin embargo al iniciarse la década de los noventa con la desintegración de la URSS, se evidenció el atraso y las calamidades que sufrían sus pueblos y la realidad que durante años venían denunciando los intelectuales y disidentes del comunismo.

La mal llamada República Democrática Alemana pretendió igualmente competir con la República Federal, el derrumbe del muro, evidenció la falacia sobre la cual se sostenía ese régimen represivo.

Al aproximarnos a nuestro continente podremos observar que los tan cacareados logros iniciales en materia de salud, educación y en los deportes de la revolución cubana, con el tiempo se han venido estancando y quedando atrás frente al desarrollo y progreso de los países democráticos.

En materia represiva, de inteligencia y espionaje regímenes autoritarios de ese signo concentraron recursos de todo tipo, la KGB soviética (donde se formó Vladimir Putin), la STASI alemana y el G2 cubano, constituyen ejemplos de los sistemas de opresión comunista. En el primer caso la eficacia del aparato represivo se disolvió, tanto como la Unión comenzó a experimentar un proceso de apertura democrática. Y en el segundo se desmoronó al igual que el muro en noviembre del ochenta y nueve.

Se mantiene activo el G2 cubano, no es un secreto que asesora al gobierno venezolano en diversas áreas de carácter estratégico. Seguramente aplicando las técnicas más sofisticadas existentes en materia de tecnología, para la interceptación telefónica, las comunicaciones por internet y los laboratorios que operan desde las redes sociales.

En el país donde ha reaparecido el trueque como mecanismo de intercambio, el mismo de los gallineros verticales, de la ruta de la empanada, de la más alta inflación del planeta, de las colas para conseguir desde el pan, hasta toda clase de alimentos y medicinas.

Si, en nuestro país, donde aumenta las cifraste la pobreza en todas sus acepciones, donde crece el número de personas que hurgan en la basura para proveerse de alimentos y los animales padecen de desnutrición en los zoológicos, el gobierno se jacta de poseer dos satélites en el espacio y de estar al día en toda la materia comunicacional.

Desde el día 30 de diciembre pasado se encuentra desaparecido un helicóptero de la Fuerza Armada nacional, con trece personas a bordo, entre ellos varios civiles. Aparte de la versión inicial del inicio de la búsqueda, las autoridades competentes en especial el Ministro de la Defensa no ha emitido una sola declaración oficial, dando lugar a las más variadas especulaciones acerca del desafortunado accidente.

Más recientemente un pequeño contingente de soldados, ubico un campamento en territorio colombiano (Arauquita) e hizo nuestra bandera, después de la confusión inicial y las primeras declaraciones del gobierno venezolano, la Canciller declaró -después de la retirada de los soldados- que el incidente se debió al cambio constante del curso del río Arauca, que puede ser que la frontera se modifique. De nada sirve entonces no sólo la tecnología satelital, sino el simple empleo del GPS o la técnica más elemental de comunicaciones.

Al igual que los antiguos sistemas del llamado “socialismo real, en el mal llamado “socialismo del siglo XXI” conviven las formas más atrasadas de relaciones en la sociedad, con el empleo de tecnología moderna para espiar y controlar a los ciudadanos y para proyectar ante el mundo una imagen de modernidad. En eso también nos parecemos.

Luis Manuel Esculpi
@lmesculpi