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lunes, 27 de marzo de 2017

Lucha por el pan por @goyosalazar


Por Gregorio Salazar


El viernes no resistí la tentación y fui a empaparme, con mis propios ojos, de la marcha del proceso de “ocupación temporal” de la panadería Mansion´s Bakery en plena esquina Cuartel Viejo de la avenida Baralt, a escasas dos cuadras del palacio de Miraflores. Digamos que en escenarios como ese es donde se va amasando, en caliente, la esencia de la revolución.

Habían pasado 72 horas desde que el superintendente William Contreras, quien se esmera en acompañar cada acción de despojo con una vejación al empresario o al encargado de los negocios que asalta, como si eso revistiera de heroicidad el atropello, había ordenado echar a patadas al propietario de la panadería. Un lusitano con 25 años trabajando en el mismo lugar. Al hombre, según contó, no se le permitió ni sacar el efectivo de las ventas del día.

Afuera, uniformados deambulando con caras de fastidio. Adentro, pequeños grupos de gente en rebullicio, ansiosa por conocer cómo sería el nuevo trámite para obtener el pan, porque evidentemente allí no se estaba vendiendo nada. Me acerqué a la barra a pedir un café, pero nadie se dio por aludido. Finalmente, una jovencita me tomó en cuenta: “Disculpe, señor, pero los chicos salieron a comer”. Eran las 5 de la tarde. La caja registradora, sin nadie que la atendiera, había adquirido, en su abandono, un conmovedor aire de obsolescencia. Toda una pieza de museo.

Detrás de uno de los mostradores, arca de cristal inmensamente vacía, estaba quien parecía ser el jefe del operativo: un joven alto con pelambre de rastafari y grandes dientes, como de roedor gigante. Se le acerca una morenita de afro para decirle que “de allá arriba están esperando que mandemos pan”. Responde que ya se verá qué se hace porque “chama, a mí me dejaron todo el día solo”.


El sábado la panadería no abrió sus puertas. Pegado en la entrada, un pliego de papel escrito con marcador informaba que no trabajarían por causa de “limpieza e inventario”. El domingo entraron en acción los graffiteros, verdaderas estrellas del proceso, que dedicaron todo el día a pintar la cara de Chávez, quien sembrado y todo prosigue su labor devastadora. A pesar de que la toma es “temporal”, sobre la entrada principal ya fue pintado un nuevo nombre: “Minka”.

El lunes el cartel de la entrada fue cambiado por otro en el que se les participaba a los consumidores que la panadería ahora sólo produciría panes para los CLAP, con lo cual la posibilidad que tenían los vecinos de adquirir el producto diariamente haciendo cola frente al local, había desaparecido. Ahora sólo tendrán acceso a las canillas reguladas quienes pertenezcan a los comités de Cuartel Miraflores, Jardín Miraflores, Misia Jacinta y Victoria Altagracia. “Primero los CLAP”, ha sido la discriminatoria orden de Maduro. Cachitos, piñitas y panes dulces fueron suplantados con enlatados.

El descontento subió de tenor la noche del martes cuando los vecinos, viéndose sin pan, decidieron protestar y cerraron el paso de vehículos en la avenida Baralt. Muy importante: sin importarle la cercanía de Miraflores. La GNB colocó sus fuerzas antimotines, mientras los ocupantes de la panadería pedían refuerzos a los colectivos para enfrentar las “fuerzas escuálidas”. Claro, escuálidas del hambre.

Finalmente, vino la orden del jefe malandro: que se retire la GNB y que los colectivos se encarguen de los vecinos. Así ocurrió y al final encapuchados, paramilitares del gobierno, penetraron hasta los edificios. Quitan el pan y reparten hambre y amenazas. Pero la lucha sigue.

26-03-17