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sábado, 16 de septiembre de 2017

Elecciones regionales: ¿ayudan o perjudican a la oposición? Por @benalarcon


Por Benigno Alarcón Deza


El pasado domingo 10 de los corrientes se celebró una elección primaria en la que la oposición escogió a sus candidatos a la elección de gobernadores que, supuestamente, tendrá lugar el próximo 15 de octubre. Como era de esperarse, fue un proceso que la mayoría del país ignoró, al igual que ha sucedido con otros llamados hechos tras la materialización de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el pasado 30 de julio.

Si bien es cierto que la participación en una primaria no es un buen predictor de cuántos votarán en la elección regional, el estado de ánimo generalizado y las razones de una mayoría opositora hoy pasiva, no es algo que pueda cambiarse fácilmente en un mes. Ello tiene potenciales repercusiones en la elección regional que no pueden ignorarse y que el régimen bien conoce y tratará de aprovechar.

Desde la secuencia iniciada por Chávez tras su elección en 1998, seguida del referéndum para nombrar la asamblea constituyente, le elección de los constituyentes y la aprobación de la nueva Constitución en 1999, cerrando con las nuevas elecciones generales del 2000, el acomodo del calendario electoral para generar una cascada electoral favorable ha sido una estrategia exitosa a la que el régimen ha recurrido. Una y otra vez ha aprovechado el efecto desmovilizador que tienen determinadas batallas, que hábilmente, se posicionan desde el Gobierno como  grandes derrotas para la oposición.

Hoy en día, el rechazo al Gobierno de Maduro da a la oposición un margen suficientemente amplio como para ganar cualquier elección –aún con niveles de participación significativamente bajos– pero en la medida en que la participación sea más baja también lo será el margen de votos que el régimen necesitaría para –tomando ventaja del control del Estado– imponerse de manera fraudulenta en una elección.


Es en el ámbito de este razonamiento que es importante responder a la pregunta: ¿Cómo las elecciones regionales ayudan o perjudican a la oposición? Para responder, corresponde primero tener claro cuál es el objetivo de la oposición, si todo el liderazgo de oposición está alineado con tal objetivo, o si, por el contrario, existen objetivos mutuamente excluyentes. Dejando a un lado cualquier cálculo individual, egoísta, de algún actor que pretenda priorizar sus objetivos –personales o de partido– sobre los de la mayoría del país, la realidad es que la gran mayoría del electorado y del liderazgo tienen como propósito lograr un cambio de gobierno. Esa es condición sine qua non para emprender el cambio de rumbo político, social y económico, sin el cual no hay futuro posible.

Si el propósito es el de producir una transición política, la elección regional, para que sea útil, debe estar enmarcada en una estrategia diseñada a tal fin. De no ser así, la elección regional perjudicaría el objetivo de producir el cambio.

Al contrario de lo que algunos creen, los regímenes autoritarios celebran elecciones y, en muchas ocasiones, con más frecuencia que las democracias. En un primer momento, como sucedió cuando Chávez gozaba de sus mayores niveles de apoyo popular, se celebraban elecciones competitivas de manera continua y en todos los niveles para colocar todo el aparato estatal en manos de sus aliados políticos. Posteriormente, al perderse la mayoría del apoyo electoral –como sucede hoy con Maduro– el voto se ejerce con menor frecuencia. Se manipulan tanto los tiempos como sus condiciones, haciendo las elecciones menos frecuentes, menos libres y menos competitivas, sobre todo en el caso de cualquier consulta nacional que ponga en peligro el control del Estado, como sucedió con el revocatorio y la elección de la asamblea constituyente. Es así como los regímenes híbridos, al volverse menos competitivos, van mutando hacia autoritarismos hegemónicos de partido único, o donde los partidos “legales” son solo los cooptados por el régimen para exhibir una decoración “democrática”. Para ellos se mantienen espacios subnacionales de competencia electoral, como en estados y municipios. El régimen busca así alimentar una dinámica clientelar-competitiva en la cual partidos de gobierno y oposición compiten en un microjuego por espacios y recursos, controlados y limitados por el régimen, que no implican una amenaza para el control del gobierno central.

En este sentido, si las elecciones regionales sirven para dividir, alimentado las apetencias individuales al profundizar un dilema de prisionero en el que la no cooperación se convierte en el equilibrio entre partidos y actores de la oposición –que priorizan sus estrategias individuales sobre la búsqueda de un consenso unitario, neutralizándose unas a otras en la fantasía de que quien tenga la minoría mayor podrá ser gobierno– el régimen habrá impuesto su estrategia para escoger a la oposición contra la cual competirá en el futuro, y podría terminar siendo la minoría mayor entre una oposición mayoritaria, pero fragmentada y desmovilizada.

Si, por el contrario, la oposición retoma el camino de la Unidad, haciendo de cada candidato a la regional una candidatura unitaria y no del partido X, Y o Z; si se entiende esta elección regional como una oportunidad para reforzar la maquinaria unitaria de cara a un proceso de transición política bajo una estrategia que sume y multiplique –no una que divida y reste, y que hoy pareciera no existir–, entonces la oposición habrá hecho buen uso de este proceso y comenzaremos, no solo a ver la luz al final del túnel, sino a tener el túnel que nos llevaría a ella.

15-09-17




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