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viernes, 29 de enero de 2016

Diálogo y verdad por @pesclarin


Por Antonio Pérez Esclarín


Cada día es más fuerte en Venezuela el clamor por un diálogo sincero entre gobierno y oposición para enfrentar juntos, los gravísimos problemas que están sembrando miseria, violencia y muerte. Es la hora de los Políticos (con mayúscula), capaces de pensar en Venezuela y en la mayoría de los venezolanos a quienes cada día la vida se nos hace más cuesta arriba. No son tiempos ni para revanchismos, intolerancias, pero tampoco para ocultar o maquillar la terrible enfermedad que estamos padeciendo.
¿Cómo es posible que el Gobierno, ciego a la realidad y sordo a los clamores, siga empeñado en mantener unas políticas económicas que sólo han traído miseria y desesperanza? ¿Acaso no les duele que millones de jóvenes profesionales, por no ver futuro, se han marchado o sólo piensan en marcharse a otro país donde puedan vivir con dignidad y ejercer adecuadamente su profesión?

El diálogo supone búsqueda, disposición a cambiar, a abandonar posturas y prejuicios, a dejarse tocar por las opiniones del adversario. En palabras de Antonio Machado “Tu verdad, no; ¡la verdad! ¡Deja la tuya y ven conmigo a buscarla!”. El diálogo implica voluntad de quererse entender, disposición a buscar y encontrar alternativas positivas para superar los problemas, respeto inquebrantable a la verdad que detesta y huye de la mentira. Desde la mentira y las medias verdades, desde la manipulación interesada de los hechos o el ocultamiento de la realidad no va a ser posible enfrentar y resolver los problemas. Lamentablemente, en política se miente mucho y con el mayor descaro, y hasta algunos políticos (con minúscula) han convertido la mentira en un medio muy eficaz para ascender y enriquecerse. Como ya lo intuyó Quevedo, en un mundo donde impera la mentira, “la verdad sólo perjudica al que la dice”.

Derecho a la verdad

Hoy nadie defiende en Venezuela nuestro derecho a la verdad, y uno se pregunta por qué no se escuchan en nuestra sociedad gritos de protesta contra la mentira, con la misma fuerza con que se grita contra la corrupción o la injusticia. ¿Será que no somos conscientes de la mentira que nos envuelve por todas partes? ¿Será que cuando exigimos justicia nos sentimos solo víctimas y nunca opresores? ¿Será que para gritar contra la mentira, la hipocresía y el engaño, es necesario vivir con un mínimo de sinceridad personal?

¿Mentir?

Lamentablemente, la mentira es hoy uno de los presupuestos más firmes de nuestra convivencia social. El mentir es aceptado como algo necesario tanto en el complejo mundo del quehacer político y la información social como en la pequeña comedia de nuestras relaciones personales de cada día. ¿Cómo saber la «verdad» que se oculta tras las decisiones políticas del gobierno o de la oposición? ¿Cómo descubrir los verdaderos intereses que se encierran en las propuestas que se nos pide defender o rechazar? ¿Cómo actuar con lucidez en medio de la información deformada, parcial e interesada que diariamente nos vemos obligados a consumir? ¿Habrá alguien que pueda garantizar que estamos construyendo un país más humano cuando desde los centros de poder se oculta la verdad, cuando se utiliza la calumnia para destruir al adversario, cuando se obliga al pueblo sencillo a que sea protagonista de su historia desde una situación de engaño y de ignorancia? Si, según Jesús, “la verdad les hará libres”, necesitamos Políticos que no toleren la mentira, digan siempre la verdad y vivan lo que proclaman.

26-01-16




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