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domingo, 19 de marzo de 2017

Partidos y participación por @ElNacionalWeb


Por Arnaldo Esté


La participación como valor ético, como gran referente de cohesión, de profunda democracia no se ha establecido en Venezuela. La mayoría la percibe como una ocasión que alguien otorga, pero no como un derecho establecido.

En la educación formal no se cultiva la participación; por el contrario, en las aulas el docente, el profesor monopoliza los turnos comunicativos sin dejar acción a sus alumnos y se resume a informar y a preservar una disciplina convergente.

En las organizaciones políticas, en los partidos, ha sido insistente la crítica a los cogollos, a grupos de dirección que, al igual que los maestros, monopolizan los turnos.

En el resto de la sociedad no es mejor el ambiente, si acaso se perciben los procesos electorales como incidentes de participación ocasional que los gobiernos otorgan.

El rentismo petrolero, muy cultivado ya desde la época del dictador Gómez, y que se incrementó en los últimos años, es una forma de no participación. Se establece una relación clientelar con el Estado, del que se esperan suministros, empleos y soluciones a costa de la dignidad de la propia gente, corrupción y congelamiento del aparato productivo.

La participación, que no puede resumirse a la acción electoral, debe darse en todo el juego social: la producción y creación, la educación, la cultura, la salud.
Hubo incluso un hecho insólito, cuando la abstención en el proceso electoral de 2005. Con un engreimiento suicida los partidos de oposición llamaron a la abstención dejándole todos los poderes al gobierno.


La gente del gobierno, que en el momento de redactar la Constitución estableció la participación como condición prioritaria e identificadora, llamándola participación protagónica, con sus acciones siguientes la violaron y se consagraron a cultivar a un jefe absoluto al que se le ha transformado en el muy mencionado y adjetivado santón, indiscutible objeto de culto, fidelidad y veneración religiosa que se mueve entre el folclore y el ridículo.

Ahora se ha estado a punto de repetir esa actitud a propósito de la actualización de la validación, del registro de los partidos ante el CNE con un porcentaje de firmas y compromisos. Después de tantas violaciones y postergaciones de los derechos ciudadanos no era rara la malicia. Por fin se decidió participar y firmar.

Pero creo que la cosa no debe quedarse allí, los partidos deben terminar de constituirse como instrumentos democráticos yendo a la gente a barrios y poblados, promoviendo su organización, llevándolos a participar no solo en la actividad política, sino en la producción y colaboración en todos los campos del juego social. Es una gran oportunidad.


18-03-17