Por
Axel Capriles
En la
descripción de su permanencia en Caracas durante el año de 1800, Alejandro de
Humboldt señala que es posible observar los diversos matices de las culturas
nacionales y la dirección del desarrollo intelectual de los pueblos.
Humboldt
consideraba que había una marcada tendencia hacia el estudio de las ciencias en
México, mayor entusiasmo por las letras en Quito y “más luces sobre las
relaciones políticas de las naciones” en Caracas. Le llamaba la atención lo
frecuente y acaloradas que eran las discusiones políticas entre venezolanos de
muy diversa condición. Esta observación no es excepcional ni exclusiva.
Cronistas y viajeros de las más variadas épocas y lugares han mostrado su
asombro por el escaso número de artesanos y labradores encontrados en nuestras
tierras en contraste con la abundancia de funcionarios públicos y políticos. El
historiador español de la guerra emancipadora, Mariano Torrente, consideraba,
en 1829, que la capital de las provincias de Venezuela había “producido los
hombres más políticos y osados”, los seres con mayor afán y ambición de mando
de todo el continente hispanoamericano. Dauxion Lavayse escribió, refiriéndose
a Venezuela, que “en estas colonias abundan los abogados y procuradores. Se
puede decir que estas dos profesiones son casi las únicas permitidas a la
ambición de la juventud criolla, que muestra una aptitud muy grande para las
sutilezas de la discusión”.
La
situación descrita por los viajeros de antaño ha cambiado muy poco. Sus
descripciones tocan una constante del comportamiento social del venezolano.
Numerosos estudios e investigaciones contemporáneos muestran la supremacía de
lo político sobre cualquier tema que pueda captar la atención de los
venezolanos, la dominancia de la audacia verbal sobre la productividad, de la
acción superficial sobre el pensamiento y la reflexión reposada. En
el Informe sobre el perfil motivacional observado en Venezuela, años:
1930, 1950, 1970, David McClelland, indicó que la motivación social dominante en
Venezuela es el poder, seguida a gran distancia por la afiliación, mientras que
la motivación al logro se desvanece en la lejanía. De los 45 países examinados,
Venezuela se encontraba entre los 4 que acusaron el nivel más alto en temas de
poder. Hoy me siento a escribir y difícilmente encuentro otro asunto que pueda
interesar al público lector que no sea la política nacional.
Tenemos 16 años
consumidos por la retórica del poder. Después de las elecciones parlamentarias
pensamos que por fin era posible atisbar luz al final del túnel. Pero psicológicamente
seguimos en el mismo lugar. Los medios de comunicación, nuestra atención,
nuestra preocupación, nuestras más profundas emociones, se encuentran anclados
en la política y el poder.
14-01-16

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