Jesús González Pirela 12 de enero de 2016
Luego
de una semana de la instalación de la nueva Asamblea Nacional hemos visto
guerra de declaraciones y afiches de lado y lado, todo mezclado con unas
demostraciones de quien orina más lejos. Todo vuelve al terreno inicial, por
más que se grite el PSUV tiene control de un parte importante de la
institucionalidad del país y los problemas económicos, políticos y sociales
siguen en el mismo sitio donde quedaron el 31 de diciembre.
Para
nadie debería ser una sorpresa lo ocurrido y es que los nombramientos a última
hora y las maniobras del TSJ son precisamente para entorpecer el trabajo de la
nueva mayoría en el parlamento.
Da la
impresión de que el juego está a punto de trancarse y nadie sabe quién tiene la
cochina. Ante ese escenario es vital respirar y tomarse un minuto para
encontrar la mejor decisión, no sea que poniendo una piedra que tranque la
victoria sea del rival, todavía queda mucho sobre la mesa y los apuros, en este
caso, no favorecen a la oposición.
La
paciencia
Kant
decía que la paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad
del fuerte. Y es que mientras más tiempo pasa los errores del gobierno siguen
socavando sus pilares de poder, su desempeño en términos de políticas públicas
es el más cuestionado de la historia del país y sus aliados comenzaron a huir
despavoridos ante el panorama catastrófico que se pinta para este 2016, en lo
económico y social.
Me
pregunto: ¿a quién le conviene desviar la atención de los problemas que viven
las inmensas mayorías? Es más que evidente que el gobierno está empeñado
en hacernos creer que no tiene la cochina; el público de galerías brinca
y se contenta cuando se sacan cuadros y se manda a callar a diputados fuera de
tiempo, pero sepan que esa confrontación le hace más daño a la Unidad que a la
cúpula, pues la gente votó porque las elecciones se perfilaban como una
válvula de escape para encontrar soluciones a los grandes problemas del país.
Riesgo
calculado
Sun
Tzu decía que cuando se ataca viene una respuesta. Y es tan necesario avanzar como
retroceder, en política los juegos lineales son generalmente torpes, pues no
todo tiene el desenlace esperado, es decir, ante la posibilidad de perder el
poder el gobierno actuó defensivamente, se refugió en las instituciones y
propició un enredo en un mar jurídico que no tendrá fin, de tal manera
que acertó con un golpe a la soberanía popular desconociendo la voluntad
de un país que habló con la contundencia que refleja una mayoría
calificada: 112 diputados.
Me
hago la segunda pregunta: ¿las condiciones políticas, sociales y económicas que
llevaron al chavismo a la derrota mejoraron? Evidentemente no, por esta razón
antes de tomar acciones con cólera es preciso pensar cuál es la
mejor alternativa, pues juego seguro no se tranca y muchas veces es mejor optar
por el camino largo y amarrar la victoria. En palabras de Clausewitz un
salto corto es más sencillo que uno largo, pero nadie que quisiera cruzar un
foso ancho empezaría por saltar hasta su centro.
Es
importante pensar que esto es una carrera larga y el 6D fue un paso importante
y definitivo para la reconquista de la democracia. Pese a que la oposición
tiene el poder que le otorga la Asamblea debe seguir acumulado fuerzas para dar
el paso definitivo y encontrar una salida.
Sun
Tzu plantea que la oportunidad de asegurarnos contra la derrota está en
nuestras manos, sin embargo la oportunidad de derrotar la provee el enemigo. La
economía y las demandas sociales son el franco débil del régimen y con la
designación del nuevo tren ministerial –con ex convicto incluido- sólo
garantiza una profundización de la crisis y acelera su caída.
Tenemos
que hacer judo, jugar con la fuerza del adversario y utilizarla a nuestro
favor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico