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jueves, 2 de marzo de 2017

Estado despótico por @luispespana


Por Luis Pedro España


La detención del profesor retirado de la Universidad de Carabobo, Santiago Guevara, a quien se le acusa de traición a la patria o cosa parecida, no hace sino abultar el expediente de un Estado que no solo dejó de ser democrático el día que decidió dejar de hacer elecciones, sino que su acción discrecional lo ha convertido en un tipo de Estado que se conoce como despótico.

No se trata de calificativos lanzados a la ligera. Nos referimos a una definición académica, a un tipo de Estado que se caracteriza por la discrecionalidad de sus acciones. Estamos hablando del modo más primitivo de Estado, de su primera forma, del modo originario como el Estado nació al monopolizar para sí el uso de la violencia.

Venezuela es un Estado despótico porque actúan sin atenerse a ninguna norma o, mucho mejor y sofisticado, por procurarse un marco normativo cambiante, movedizo, de libre interpretación por parte de tribunales complacientes, ahora que carecen de los medios para cambiar las leyes desde que perdieron la Asamblea Nacional.

Estamos en presencia de un clásico de las dictaduras. No importa qué tanto quiera disfrazarse, este es un gobierno, un régimen, que desde que la voluntad del pueblo le dio la espalda y desde que se vio obligado a reprimir para contener la protesta, ya no son los tribunales naturales los que procesan a los civiles, ni aplica ningún beneficio procesal para personas cuyo único delito ha sido disentir del gobierno.

Un régimen despótico, en un mundo como este, está condenado a la pobreza, de él y de sus súbditos. Despótico, recientemente, en lo político y, con anterioridad, en lo económico por haber convertido este último en instrumento de “dominación light” cuando lucía su careta democrática, actúa en todos los ámbitos bajo el signo de la improvisación y la discrecionalidad.


Por esa razón, ni uno solo de sus “aliados” parece dispuesto a ayudarlo en sus correrías económicas, nadie invierte o arriesga un solo dólar o yuan en un país sin reglas, sin normas que doten de previsibilidad su futuro, menos aún con un personal gerencial que desde hace rato no es capaz de saber el alcance de sus propias medidas.

Sin saberlo, o incluso sabiendo, pero sin poder hacer nada al respecto, el retroceso político que supone deslizarse por el tobogán del despotismo no solo los hará incurrir en las imprescriptibles violaciones de los derechos humanos, sino profundizarán su inviabilidad económica, la cual desde hace mucho sobrepasó la frontera de la coyuntura de unos malos precios del petróleo para instalarse en la condición estructural de modelo fracasado y fallido.

El Estado despótico será entonces la última fase de este gobierno. Mientras dure, largo será el sufrimiento y oscuras sus consecuencias. Serán muchas las detenciones arbitrarias que veremos, las medidas disparatadas que presenciaremos y las excusas conspirativas que tendremos que escuchar. Vamos camino al aislamiento y eso, para un país que no puede comer sino importado y manufacturado, porque nada produce, lo único que augura es hambre y desolación económica.

Aciagos serán los días que nos esperan. Todos, empobrecidos y sobrevivientes, ahora pasaremos a estar bajo la amenaza del déspota y sus caprichos. Ese es el precio que tendremos que pagar como nación por haber dejado que el talante autoritario de antes se haya convertido en el Estado despótico de hoy.

02-03-17