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viernes, 3 de marzo de 2017

Las izquierdas y la ética en política, por @lmesculpi



Luis Manuel Esculpí 02 de marzo de 2017
@lmesculpi

Más allá del debate de la pertinencia al emplear los términos izquierda y derecha en la actualidad, lo cierto es que esos vocablos siguen empleándose para definir las visiones políticas en el mundo. En el libro Dos Izquierdas Teodoro Petkoff como lo indica su título, bifurca esa corriente del pensamiento en una que califica como borbónica “esa de la cual la casa real, se puede decir que ni olvida ni aprende” y otra que “marcha por un camino de reformismo avanzado, que compatibiliza la sensibilidad social con la comprensión de que las transformaciones en la sociedad pasan por el desarrollo económico con equidad y por el fortalecimiento y profundización de la democracia “.

Si bien en el citado libro Teodoro señala la existencia de variados matices y se refiere en lo fundamental a la izquierda latinoamericana, en mi opinión hoy resulta más apropiado hablar de las izquierdas en plural, porque en el planeta puede identificarse más de dos vertientes que concuerdan con el pensamiento que en general denominamos de izquierda. Es más, en la izquierda democrática, la que ha asumido como un valor consustancial a la lucha por la justicia y la igualdad de oportunidades, se pueden reconocer diferencias significativas; ellas existen entre la izquierda sueca por ejemplo y la española, francesa o portuguesa.

En nuestro continente la izquierda chilena se distingue de la uruguaya o la ecuatoriana, diferencia más pronunciada aún con la que gobierna en Bolivia, Nicaragua y Venezuela; por estar estas más compenetradas con la izquierda “borbónica”.

En Venezuela cuando quienes hoy gobiernan lo asumieron por primera vez, su dirección era más heterogénea, con el transcurrir se fue afirmando el sector más tradicional y ortodoxo proveniente de la izquierda vieja, otros que no venían de ese mundo se han adaptado, asumiendo una retórica falsamente radical, para preservar su objetivo de mantenerse en el poder.

La cúpula de la “nomenclatura” en casi su totalidad vienen de ese sector más atrasado de Nicolás Maduro, Tareck El Aissami, Jorge Rodríguez, Aristóbulo Istúriz, Elias Jaua y Cilia Flores que ha sido asimilada. Solo falta un integrante de esa cúpula que si bien no proviene de ese mundo es un ejemplo de quienes se han adaptado, es el caso de Diosdado Cabello.

En el continente -salvo notables excepciones- la izquierda gobernante, no se inscribe en la óptica de Giovanni Sartoris, quien define en principio la izquierda como la vertiente ética de la política, como “hacer el bien a otros”…”altruismo”. La corrupción generalizadas en estos gobiernos puede ser ilustrada con la ocurrencia de un amigo, que señala: lo que hoy recorre América latina no es la espada de Bolívar, sino el fantasma de Odebreth.

Venezuela en estos diez y ocho años ha conocido los gobiernos más corruptos de nuestra historia republicana, la magnitud del desfalco en PDVSA, la multimillonaria estafa con los dólares preferenciales, el fraude con la importación de plantas eléctricas y los alimentos no tienen parangón; eso solo para mencionar algunos casos emblemáticos de la corrupción.

Las gravísimas y alarmantes denuncias sobre narcotráfico que abarcan esferas de los poderes públicos y la corrupción generalizada demuestran nuevamente la inmensa distancia entre la prédica que los condujo el poder y su nefasto ejercicio.

Los niveles de pobreza y miseria que desde el punto de vista de los ingresos nos coloca por debajo de Haití, resultado de la a política económica y social, no tiene nada que ver con la solidaridad y el altruismo que se proclamó y se continua proclamando.

La izquierda trasnochada además de su fracaso estruendoso, en todos los lugares donde alcanzó el poder en materia económica y social, impuso regímenes autoritarios y dictatoriales y no asumió la libertad, la pluralidad y la profundización de la democracia que tanto pregonó.

La vieja izquierda no sólo ha desprestigiado el término por sus ejecutorias, sino que su descrédito -para el ciudadano común- abarca toda la izquierda, incluyendo a la democrática y moderna; lamentablemente. Mientras existan voluntades que manifiesten su inconformidad frente a la injusticia y aspiren a un mundo mejor con igualdad de oportunidades, profundizando la democracia y plena vigencia de las libertades y los derechos humanos. No es descartable, es más, es deseable que pueda iniciarse un nuevo ciclo en nuestra historia.

 
Luis Manuel Esculpi
@lmesculpi