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miércoles, 8 de marzo de 2017

Metrópolis en riesgo por @marconegron


Por Marco Negrón


Con frecuencia en esta columna se ha abordado el tema metropolitano y ello por dos razones fundamentales. La primera es que se trata de una tendencia irreversible que involucra las principales ciudades a lo largo y ancho del mundo; la segunda, que ellas se han revelado como los principales motores del progreso social y económico. Esta, sin embargo, está lejos de ser una consecuencia automática de la primera: el crecimiento metropolitano también implica riesgos que no sólo pueden frustrar los logros de la segunda sino que pueden tener consecuencias catastróficas sobre un ámbito territorial más vasto.

Particularmente en un mundo como el actual, caracterizado por la incertidumbre, el camino para alcanzar el éxito de las metrópolis no es sencillo ni existe manual alguno que lo dibuje: cada una de ellas responde a unas circunstancias específicas a las cuales hay que dar repuestas igualmente específicas aun cuando ciertos riesgos, como son los que derivan del cambio climático, pueden tener una causa común.

En el caso francés, por ejemplo, donde el turismo de playa juega un importante papel en la economía nacional, las costas atlántica y mediterránea ya están seriamente afectadas por la progresiva elevación del nivel del mar a causa del calentamiento global, previéndose incluso que en una década provoque el derrumbe de 300 edificios cercanos a las costas. En respuesta, el Parlamento francés comenzó a discutir desde enero pasado un proyecto de ley para paliar los desastres y pérdidas económicas asociadas al fenómeno.

Pero no son sólo las costas las amenazadas: Ciudad de México, construida sobre el lago Texcoco en un altiplano a más de 2.000 msnm, está viendo cómo se agravan sus problemas de escasez de agua y subsidencia debido al mismo fenómeno que golpea el litoral francés. También Sao Paulo, la otra gran megalópolis latinoamericana, confrontó una gravísima crisis de abastecimiento de agua en 2014. Apenas el mes pasado un imprevisto frente de mal tiempo provocó aluviones que obligaron a cortar el servicio de agua potable a casi 1,5 millones de hogares en Santiago de Chile.


Desde luego, en ciudades tan desiguales como las nuestras estos fenómenos afectan con mayor fuerza a los más pobres, por lo que es previsible que, en la medida en que aumenten su frecuencia e intensidad, abran las puertas a una creciente conflictividad social que pondría en entredicho la de por sí difícil gobernabilidad metropolitana.

Aun contando las llamadas ciudades dormitorio que la rodean, Caracas es una pequeña metrópoli de poco más de 4 millones de habitantes, pero hace apenas 17 años sufrió un deslave de terribles consecuencias humanas y económicas en su frente litoral, está enclavada en una zona de actividad sísmica recurrente y su abastecimiento de agua depende de un complejo y delicado sistema que debe bombear el vital líquido desde una cota 600 metros más baja. Desde el terremoto de 1967 sus barrios informales, que alojan alrededor del 40% de la población, han crecido extraordinariamente en población y densidad elevando exponencialmente el riesgo potencial, pero la mayoría de las autoridades, particularmente las nacionales, prefieren mirar hacia otro lado. Se volverá sobre este tema porque es de la máxima importancia.

07-03-17